Capítulo 10
Luke
—¿Qué tal te está tratando Los Ángeles? —le preguntó Divya.
—¿Quieres la verdad? —Luke paseaba en ese momento por Abbot Kinney Boulevard, siguiendo el consejo de Sol, mientras ella comía con su amiga Lola.
Sol le había dado al menos tres recomendaciones distintas por si Luke quería comer algo en la popular calle de Venice Beach.
Estaba sopesando sus opciones mientras caminaba. Echaba de menos caminar.
—Sabes que siempre quiero la verdad —le tomó el pelo Divya. Él tuvo que admitir que oír el acento de Mánchester de su socia le daba más nostalgia, a pesar de ser un londinense de pura cepa.
—No puedo decir que me esté entusiasmando mucho. Es que no lo entiendo —dijo finalmente.
—¿Qué es lo que no entiendes, exactamente?
—Este sitio. El tráfico es horrendo. Si quieres caminar, primero tienes que conducir hasta una zona donde se pueda caminar. Todo el mundo parece salido de una serie de televisión...
—¿Y esto último es un problema porque...?
—Supongo que tienes razón y eso no es necesariamente un problema. Pero te juro que no he visto ni un solo diente torcido desde que aterrizamos.
—De nuevo, ¿de qué te quejas?
—Había olvidado que tienes debilidad por los americanos —dijo Luke, ya que Divya estaba saliendo con una persona empleada en televisión y de origen tejano llamada Moon, a quien conoció durante el mismo caso que unió a Luke y a Sol.
—¿Debo recordarte que Sol tiene pasaporte estadounidense además del español?
—No hace falta —dijo él, derrotado—. Pero tengo un poco de morriña y los americanos han amenazado con darnos trabajo.
—¿Qué? ¿En serio? ¿Qué trabajo?
Luke relató los sucesos de la noche anterior y cómo la publicación para la que trabajaba Travis Wise había expresado su interés en contratar a los detectives privados.
También explicó los hechos que rodeaban la desaparición de Simon Smith y cómo pensaba que ambos sucesos estaban relacionados de alguna manera.
Era demasiada coincidencia y en la Bakshi unos leggings negros que se había acordado de comprar porque había asistido a una clase de pilates esa mañana antes de ir hacia allí y una sudadera azul marino gigante que le había cogido prestada a Luke.
Tenía estampada la palabra ITALIA en letras grandes y, al parecer, había sido un regalo de su hermana Gaia, que era cuatro años mayor que él y la había comprado en los Juegos Olímpicos de Río 2016.
—Vale, entiendo que se haya perdido tu equipaje y hayas tenido que apañártelas con la sudadera de tu pareja, pero ¿él también ha desaparecido con el resto de tu armario? —le preguntó Lola a Sol mientras ambas entraban en el restaurante y hacían cola en uno de los mostradores para pedir la comida.
—¿A qué te refieres?
Lola arqueó una ceja, claramente molesta.
—¿Dónde está Luke? Llevas meses hablándome de él y pensaba que iba a conocerlo.
— Ets una xafardera —dijo Sol, restándole importancia al comentario de su amiga.
—Me muero de curiosidad, sí.
—Prometo presentártelo antes de que nos vayamos, pero quería verte a solas —dijo Sol.
—¿Por qué?
—Porque quiero hablar de él, obviamente.
Lola descruzó los brazos, comprendiéndolo de repente.
—Ah.
—En realidad, iba a proponerle...
—¡Otra boda no! —interrumpió Lola.
—Por supuesto que otra boda no —dijo Sol en un tono casi molesto—.
¡No volveré a casarme nunca! Ya lo sabes.
Pero iba a proponerle a Luke que nos fuéramos a vivir juntos.
Llevamos prácticamente conviviendo desde el verano y él ahorraría dinero.
Su casa está lejísimos, casi en los límites exteriores del norte de Londres y no me viene nada bien.
—¿Así que quieres que se mude contigo? —dijo Lola.
—Sí, claro. Mi casa es mucho más grande que la suya. Ridículamente pequeña para cualquier estándar californiano, pero al parecer bastante grande para ser una casita en Londres.
—Quizá deberías plantearlo de otra forma cuando saques el tema con él —dijo Lola, eligiendo sus palabras con cautela—. No des por sentado que tu casa le vaya a parecer el lugar más deseable del mundo.
—¡Pero si lo es!
Lola respiró hondo, como si se armara de paciencia para tratar con Sol.
—¿No me dijiste que es un londinense del norte de pura cepa? Quizá no le apetezca vivir al sur del Támesis.
—Vale, vale. Capto la idea. Por eso quería hablar de esto con alguien con capacidad de empatía, porque sé que a veces no me entero de nada. Pero el caso es que ya no estoy segura de si irnos a vivir juntos es una buena idea —admitió Sol.
No añadió nada más porque finalmente era su turno de pedir la comida y ni siquiera había tenido tiempo de mirar el menú. Copió a Lola en su elección del quiche del día y ensalada.
—¿Qué ha pasado? ¿Por qué ya no quieres proponérselo? —le preguntó Lola a Sol mientras ambas se sentaban en una de las mesas de fuera, esperando a que les trajeran la comida.
—Nada, en realidad. A ver, estos últimos días no han sido perfectos. Pero una relación no puede ser perfecta todo el tiempo, lo sé. Pero luego vinimos aquí y me trajo recuerdos de tantas cosas, de todo lo que puede salir mal.
—Los Ángeles te está recordando a tu exmarido David y ahora no sabes si quieres comprometerte en otra relación porque tienes miedo de que sea igual que la última —dijo Lola.
—Eso, básicamente. —Sol no se había dado cuenta de la magnitud de sus dudas hasta que oyó las palabras de su amiga—.
Y quiero que sepas que la única razón por la que no tengo a una terapeuta profesional analizando cada aspecto de mi desastrosa vida es porque te tengo a ti haciendo un trabajo increíble gratis.
Lola la juzgó con la mirada.
—No tienes una vida desastrosa. Todo lo contrario, diría yo. He visto fotos de Luke, ¿recuerdas?
—Es terriblemente guapo —admitió Sol.
—También parece saber cómo hacerte feliz, que es algo que David sin duda olvidó cómo lograr al final de vuestro matrimonio.
—Y en medio también. ¿Entonces sigues pensando que debería proponérselo?
Lola se encogió de hombros, como si sopesara las opciones.
—Piénsalo. No hay prisa.
—No es que no haya contraído ya compromisos con él. Me puse un dichoso DIU —dijo Sol.
—¡Eso puede doler!
—Pero ¿y si él no quiere el nuevo compromiso que implica vivir juntos? Ya no estoy segura de que queramos las mismas cosas...
—Entonces probablemente te lo hará saber —argumentó Lola y sonaba razonable—. ¿Por qué no ves cómo van las cosas y le dices algo al final de este viaje? Viajar con alguien es una oportunidad estupenda para aprender cosas nuevas sobre esa persona.
—Creo que Luke está odiando este viaje —dijo Sol.
Lola arqueó las cejas con una mirada casi ofendida.
—¿No le gusta LA?
—Creo que no —se dio cuenta Sol—. En su defensa, no he hecho un esfuerzo real por enseñarle la ciudad. Y las dos sabemos que Los Ángeles puede ser difícil de conocer para un europeo. Luke es de esas personas a las que les gusta caminar a todas partes, así que...
—No llegará a ningún sitio así.
—Además, la entrega de premios de ayer no fue precisamente una actividad divertida con el envenenamiento de Travis.
—Pobre Travis. Me cae bien. Cuando se estrenó mi última serie, la suya fue la crítica más amable. Entendió perfectamente lo que pretendíamos. Cosa que no se puede decir del resto de tu profesión —criticó Lola, señalando hacia Sol.
—Ay. —Sol fingió ofenderse con una mano sobre el esternón.
—Por eso no entiendo por qué lo despiden.
—¿Qué?
—¿No te has enterado? —dijo Lola—. Performance Weekly lo ha despedido. Esta es su última semana en el trabajo.
—¿Quieres decir que hubo recortes y prescindieron de él? —dijo Sol—. Llevaba allí toda la vida, así que probablemente ganaba más que la mayoría de la plantilla.
—No, no. Por lo que me han contado, no ha sido un recorte, sino que lo han echado —dijo Lola, encantada de compartir un cotilleo con Sol.
—¡Pero Claudia me dijo que se jubilaba!
—¿Quién es Claudia?
—Mi antigua editora en Performance Weekly y jefa de Travis —explicó Sol.
—¿O sea, otra periodista?
—Sí.
—Sol, guapa, eres mi periodista favorita. Pero eres consciente de que tu sector tiene una forma de decir cosas que no son del todo exactas cuando le conviene, ¿verdad?
—¿A qué te refieres?
—A que quizá Claudia te dijo que Travis se jubilaba porque no quería decirte por qué lo habían echado.
—Creo que debería llamar a Claudia y preguntarle.
—¡No tan rápido! —objetó Lola—. ¿Cuándo dices que voy a conocer a Luke?