Vas a flipar (Gimnastas de la SSU 4) CAPÍTULO 52
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CAPÍTULO 52

Valentino

Esperé. Al principio sin darle importancia. Tirado en el sofá, partido en la tele sin sonido y el móvil bocabajo, como si eso fuera a hacer que vibrara antes.

Nada.

Media hora después ya estaba mirando al ascensor, como si tuviera el poder de invocar a Parks en el salón.

Nada.

La conversación con Val Daver seguía dándome vueltas en la cabeza.

Su forma de hablar de «Anakin», de la química, del miedo a cruzar la línea.

Sabía que hablaba conmigo sin saberlo, lo que en fútbol americano sería tachado de juego sucio.

Y sí, quizá la había empujado un poco, usando información privilegiada, para lanzarla al lado opuesto de Grayson Joneson.

No para hacerle daño, sino porque ese hijo de papá no la merecía y terminaría jodiéndola, o eso me decía, que era por su bien.

Aunque una voz más cabrona dentro de mí decía que simplemente no quería compartirla, que era mía y que yo estaba decidiendo por los dos.

El móvil vibró.

Mi corazón golpeó con fuerza y dejó de hacerlo al ver que era un mensaje en el grupo de los chicos.

COWBOYS SIN FRONTERAS

Me pasé una mano por la cara.

No quería salir. Si Naomi decidía venir al ático y yo no estaba… La idea me revolvía, y no solo los bajos.

Esperé otra hora y nadie asomó, salvo mi mal humor.

Suspiré.

Tecleé rápido un mensaje para ella.

Envié el mensaje y me quedé mirando la pantalla unos segundos.

Sin respuesta.

Perfecto.

Cogí las llaves y salí del ático intentando convencerme de que me daba igual, que ella se lo perdía.

Mentira, hubiera preferido mil veces quedarme en casa con Naomi antes que salir.

La Bye Week , o nuestra semana de vacaciones, se me iba a hacer muy larga si el único plan que tenía era estar solo en casa…

🏈📱🏈📱🏈

El Blue Moon rugía como si estuviéramos en semana de playoffs .

Cerveza en mesas pegajosas, luces bajas y demasiadas piernas cruzando entre las mesas. Nuestro puto hábitat natural.

Vi a Rivera primero. Luego a EJ soltando una carcajada, Devin apoyado contra el respaldo y Ty con media sonrisa torcida, con una chica apoyada en sus hombros susurrándole algo desde atrás en el oído. Jace levantó el vaso cuando me vio entrar.

Y, entonces, me di cuenta, al lado de Devin, opacado por una camarera que estaba dejando más bebidas: Whitaker.

Me quedé quieto y fruncí el ceño al llegar a la altura de Ty

—¿Qué coño hace este aquí?

Rivera ni se inmutó.

—No te ofendas, cachorro. Últimamente no sales.

—¿Y era necesario sustituirme también en nuestro bar?

Él soltó una carcajada.

—¿Nuestro? ¿Desde cuándo pagas la hipoteca del Blue Moon?

Rivera señaló la barra con el vaso.

—Dalton, este bar estaba antes de que tú supieras lo que era un snap en la NFL. No seas agonías y bebe.

Whitaker levantó su cerveza.

—Tranquilo, no te estoy quitando el puesto.

Lo miré de arriba abajo.

—El puesto no. El asiento.

Marcus intervino sin levantar la vista.

—Relaja, Dalton. A este paso vas a necesitar terapia si alguien se sienta en tu lado de la mesa. Si quieres, puedo ofrecerte un sitio sobre mi rabo.

—Cállate, Marcus —gruñí—, deberías estar pensando en ella en lugar de en mí.

Cabeceé hacia la chica.

Ty soltó una carcajada.

—¡Hostia! Esa dolió.

—Lanza mejor y hablamos —protestó Knight.

Le lancé una servilleta.

Jace ya iba caliente.

—Venga, dejad de mediros las pollas. Brindemos porque Devin no se ha lesionado esta semana.

—Que te den —protestó—. Yo, al menos, no me como sacks por mirar a la grada.

EJ levantó la ceja.

—Eso iba con nombre y apellido.

Miré a Whitaker.

—¿Tú qué? ¿Vienes a estudiar el terreno?

Whitaker se encogió de hombros.

—Solo vine a beber, deberías hacer lo mismo, bebe y calla, cachorro —dijo con retintín.

—Vete a la mierda.

Ty levantó el vaso.

—Por Dalton. Que esta noche no le robe nadie el sitio.

Rieron.

Yo le arrebaté el vaso antes de que se lo llevara a la boca y pedí otra ronda.

Lo único que quería era no pensar, y mucho menos en ella.

Ty estaba a mitad de otra historia absurda cuando algo cambió en el ambiente de golpe.

No fue que cambiaran de canción. Fue… atención, como cuando Harlow entraba en el vestuario y todos levantaban la cabeza a la vez.

Seguí la mirada de Jace hacia la puerta y lo entendí todo.

En cuanto proclamó un: «¡Hostia puta! ¡Que alguien me pellizque!».

Naomi.

Botas altas negras.

Pantalones ajustados que parecían pintados sobre sus malditas piernas.

Crop top de Star Wars , enseñando más piel que en aquel festival intergaláctico +18.

No había en ella un ápice de sonrisa seria o ropa corporativa.

Era otra.

La versión de las fiestas posvictoria de la SSU y que me dejó sin aire medio segundo.

—¡Joder! —Devin escupió parte de su bebida.

Ty parpadeó varias veces.

—Pero ¿desde cuándo la chica de la app se viste como si buscara enfundarse una espada láser?

No aparté la vista.

Jace silbó largo.

—Esto sí que no me lo esperaba, por mí que venga todos los días a currar con esa ropa.

Marcus apoyó los codos en la mesa, observándola sin disimulo.

—Ahora entiendo muchas cosas…

—Ni lo intentes —le advertí.

—Relájate, Dalton. —Rio—. Si temes por tu apuesta, es a Grayson a quien tienes que placar, no a mí.

Naomi avanzó entre las mesas como si el bar entero no estuviera girándose a mirarla. Segura, natural.

Whitaker se puso en pie antes que nadie.

—¡Eh, Park! ¡Puedes sentarte aquí!

«¡Me cago en tus muertos!».

Ella lo miró, luego a toda la mesa y sonrió.

—Así que esto es lo que hacéis en vuestro tiempo libre, sentaros en una mesa y beber. ¡Qué productivos!

La mayoría la miraban embobados.

—¿Podéis hacerle un hueco? —insistió Whitaker.

—No te preocupes, si he venido a un sitio como este no es para sentarme con una panda de Cowboys ebrios, sino a divertirme…

Ty soltó una carcajada.

—Me gusta esta nueva versión tuya.

—Quiero beber —añadió— y bailar. ¿Voluntarios?

Y, sin más, se giró hacia la pista.

La mandíbula de medio bar cayó al suelo, la mía incluida, porque tal vez Naomi no tuviera el espíritu latino de Camila Ortiz, pero de moverse sabía un rato.

—Creo que me acabo de empalmar… —murmuró EJ.

Marcus se rio bajo.

—Dalton está a un segundo de infartar.

No respondí.

Solo la contemplé contonearse al ritmo de Lady Gaga pensando en una sola cosa.

La muy cabrona había aceptado el reto y ni siquiera me había dedicado una mirada.

Las luces bajas le marcaban la cintura, el top subía y bajaba con cada movimiento y el aire de mis pulmones cambió de temperatura.

No hacía falta una coreografía perfecta, solo actitud, y la tenía de sobra.

Ty soltó una carcajada incrédula.

—Pero ¿desde cuándo se mueve así la chica de la app ?

—Desde siempre —respondí sin apartar la vista—. Solo que no la habías visto hasta ahora, fliparías con las cosas que es capaz de hacer sobre el tapiz.

Jace se inclinó hacia delante.

—Hostia puta…, creo que esta noche me voy a pajear con ella.

Giré la cabeza despacio.

—Ni lo sueñes.

—¿Qué? —Se encogió de hombros—. Es adulta.

—Es amiga de mi hermana.

—¿Y? —Rio—. Esas no están prohibidas.

Marcus dio un trago largo y me miró con media sonrisa.

—Te estás poniendo rojo, Dalton, no jodas que tú también te tocas pensando en la futura señora Joneson.

—Cállate.

—No me extraña —continuó él—. Con esa pinta cualquiera pierde la concentración, aunque siga cayéndome como el culo, podría hacerla cambiar de opinión si la dejo jugar unas yardas sobre mi campo…

Le lancé una mirada que habría parado un blitz .

—Bloquea mejor y se lo propones, a ver qué te responde.

Los demás rieron.

La música subió.

Naomi giró sobre sí misma, el pelo cayéndole por los hombros, la tripa tensa con esos abdominales sombreados bajo el neón azul.

Jace empezó a levantarse.

—Vale, soy el capi, yo me sacrifico por el grupo.

Antes de que diera dos pasos, Whitaker ya estaba cruzando el bar.

Mi estómago se apretó.

—Pero ¿qué se cree ese mamonazo? —proclamé, alzándome.

Marcus rio.

—Yo creo que alguien que la quiere de rodillas y no tiene en cuenta tu opinión.

Lo fulminé.

—Y una mierda.

Whitaker llegó hasta ella y empezó a bailar sin tocarla, pero demasiado cerca.

Demasiado cómodo. Demasiado seguro. La sangre me empezó a hervir, por no contar que tenía la entrepierna al rojo vivo.

Ty murmuró:

—Uy, Dalton va a explotar.

No pensé y atravesé el bar.

Cuando llegué, Grant estaba inclinándose hacia su oído.

Le apoyé la mano en el hombro.

—Te buscan en la mesa.

Whitaker giró la cabeza, lento.

—Lo dudo mucho, estamos bailando.

Como si no los estuviera viendo.

—Ya… Pues ahora no.

Naomi se interpuso, mano en mi pecho.

—Dalton, déjalo.

Me miró desafiante, luego a él.

—Si te molesta, puedo sacarlo del bar… —masculló para que yo lo oyera.

—Si te molesta, puedo mandarlo al dentista —proferí, apretando los puños, y Whitaker me premió con una curva ascendente en la comisura izquierda.

—Tranquilo, quarterback . No es de tu propiedad.

—Nadie ha dicho que lo sea, pero sí la conozco mejor que cualquiera de los tíos que están aquí.

Naomi ladeó la cabeza.

—Menos mal.

Bufó y volvió a mirarme como si estuviera disfrutando cada segundo de mi combustión interna.

La música vibraba, el bar miraba, yo respiraba demasiado fuerte… y ella lo sabía.

Whitaker no llegó a dar un segundo paso cuando Naomi levantó la mano.

—¿Puedo pedirte un favor? ¿Nos dejas a solas, Grant? —dijo con calma, sin dejar de mirarme—. Necesito aclarar ciertas cosas con Dalton para que entienda que fuera de The Star somos dos adultos independientes que toman sus propias decisiones, por muy amiga de su hermana que sea…

Whitaker arqueó una ceja, divertido.

—Será un placer, Naomi. Hazme una señal si se pone pesado, mi oferta de lanzamiento de cachorro sigue en pie.

Me sostuvo la mirada medio segundo más y se apartó con una sonrisa lenta, siendo consciente exactamente de lo que acababa de hacer.

Cuando se fue, me giré hacia ella.

—¡¿A qué ha venido eso?!

—¿El qué?

La música seguía retumbando, pero el ruido se había ido a kilómetros de distancia mientras ella seguía moviéndose.

—Lo de adultos independientes.

Se cruzó de brazos, el top subiendo apenas un centímetro más, mis neuronas cortocircuitando y mi polla entonando un «hola, qué tal, ¿me invitas?».

—¿Te molesta?

—Me deja en evidencia —farfullé.

—No, te pone en tu sitio —respondió coqueta.

«Lo que me pones es cachondo».

Hervía de ganas de tocar esa piel.

«¡Joder!».

Se acercó un paso. No retrocedí.

—¿Bailas o te largas?

Acepté el reto. Mi mano abarcó su cintura y la atraje más de lo correcto.

Se escucharon silbidos y jaleos de dudosa procedencia.

Sus manos se apoyaron en mi pectoral. Podía sentir lo rápido que me latía el corazón y lo dura que se me estaba poniendo.

—Fuera del estadio no soy tu proyecto, ni tu responsabilidad ni tu territorio, Valentino.

—Nunca he dicho que lo fueras —gruñí.

—Lo has insinuado.

Apreté la mandíbula.

—Estaba evitando un error.

—¿Que bailara con Grant?

Me incliné lo justo para que me oyera.

—Que no lo hicieras conmigo. —Noté cómo contenía el aliento. La deseaba tanto—. ¿Por qué no viniste al ático?

Sus ojos bajaron un segundo a mi boca y volvieron a subir.

—Porque tú dijiste que si me aburría podía venir aquí, y aquí estoy.

—Era una provocación. Quería algo muy distinto, no esperaba que la aceptaras.

—Ni yo que te pusieras territorial.

Respiré hondo.

—No lo soy.

Ambos sabíamos que era mentira. Rio bajo.

—Claro que no, Anakin. —La forma en la que pronunció el nombre me hizo sudar.

Su mano reptó por mi torso hasta el cuello. No para apartarme, sino para marcar el ritmo, enredándose en mi pelo.

—Parks…

Trazó círculos con las caderas. Se apretó contra lo que no debía. El deseo crecía sin que pudiera mantenerlo a raya.

—Vas a conseguir que te quiera follar.

—Eso hace tiempo que lo quieres. Sabes que no puede ser.

—¿Estás segura?

—Mucho, demasiado complicado.

—Entonces, ¿qué cojones haces aquí? —Las pelotas no podían dolerme más y cada vez estaba más alterado.

—Tú me retaste. Acepté. Ahora no actúes como si no supieras con quién estás tratando ni cuál es mi intención. Si hubiera querido acostarme contigo, estaría en el ático cabalgándote.

La imagen fue un puto KO.

—Sé perfectamente con quién estoy tratando, la que no te haces una idea eres tú.

—Ah, ¿sí?

—Por supuesto. Eres alguien que disfruta teniendo el control y haciendo que yo lo pierda delante de todo el equipo.

Su sonrisa se ensanchó.

—Eso no es tan difícil.

«No tienes ni idea de lo que te haría ahora mismo».

El silencio entre nosotros fue más eléctrico que la pista.

Podría haberla besado. Podría haberla arrastrado hasta uno de los baños O podría haberla llevado fuera para encajarla contra el callejón. No lo hice.

—Si querías que fuera al ático —dijo bajando la voz—, no era con un «cobarde» como ibas a convencerme.

—¿Y cómo entonces?

Se acercó demasiado a mi boca y, en el último segundo, se desvió hacia mi oído.

—Cuando lo sepa, te lo diré. Por ahora, solo he venido a bailar y pasarlo bien. Tu turno ha concluido.

Se dio la vuelta y fue directa a la mesa, robándole la cerveza a Jace y vaciando medio botellín.

—¿Siguiente?

Estaba sin aliento y con ganas de llevármela a rastras.

—Yo soy tu hombre, nena —proclamó el capitán, regresando a la pista con ella para poner los ojos en mí—. Mira y aprende lo que es un hombre de verdad, cachorro.

Naomi me dejó ahí, con mis compañeros partiéndose, la bragueta empujando, el orgullo ardiendo y la certeza de que, cuando terminara la semana, la iba a tener gritando en mi cama.