Vas a flipar (Gimnastas de la SSU 4) CAPÍTULO 50
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CAPÍTULO 50

Naomi

Las puertas del ascensor se cerraron y me quedé mirando el número tres parpadear como si tuviera algo que añadir.

Tres semanas desde que perdimos contra los Bengals.

Tres semanas desde que entendí que en esa franquicia no solo se jugaba al fútbol.

Tres semanas desde que comencé a verlo de otra manera y ya no sabía cuál era la correcta.

Apoyé la cabeza un segundo contra el panel metálico, no por agotamiento, sino por cálculo.

Aquel miércoles 1 de octubre Vivian no me había dicho que me apartara de Valentino, ella me preguntó, a su manera, si entendía cómo funcionaba la imagen en Dallas.

Y lo entendía, por supuesto que lo entendía, porque yo misma había analizado cientos de noticias y sabía lo dañina que podía ser la prensa.

Si mis imágenes con Valentino salían, lo descuartizarían por muy inocentes que pareciesen, le buscarían los tres pies al gato para acusarme de ser su distracción e incluso tacharme de ser el motivo por el empujón del partido.

Así era la prensa sensacionalista, sobre todo con los Cowboys y sus QB.

«No puedo ser la distracción», me dije, subiendo a la sala de reuniones.

El problema era que Valentino me descolocó, y cuando algo así sucedía, no podía dejarlo aparcado y olvidarlo.

Necesitaba que los dos estuviéramos centrados, y para eso nuestra relación debía ser discreta y solo basarse en la amistad.

«¿De verdad piensas que puedes ser amiga del tío que te comió la boca, te metió los dedos y se vio contigo una maratón de pelis de Star Wars ?».

«A-mis-tad. Somos adultos, podemos lograrlo».

«¡Ja!».

Como si lo que ocurrió hubiera sido una escena poscréditos sin consecuencias.

No lo fue, ni de broma.

Las puertas se abrieron. Me detuve frente a la cristalera que daba al campo de entrenamiento. No había nadie, ni los jugadores ni las DCC ensayando, sincronizadas, perfectas.

Todo ahí parecía perfectamente coreografiado, todo menos las personas.

Y pensé en la reunión, la que tuve con los Joneson hacía tres semanas.

No empezó con reproches, comenzó con silencio.

Elliot estaba de pie frente a la pantalla. Traje gris, mandíbula apretada, brazos cruzados, como si la tecnología le debiera explicaciones personales.

Su padre en la cabecera. Vivian a la derecha; Stephen con esa expresión neutra que no era neutral en absoluto. Grayson a mi izquierda y Charlotte al fondo, observando.

—Buenos días —dije.

—Ahórreselos, señorita Park —respondió Elliot sin mirarme—. No lo son.

Me sorprendió el tono.

—Relájate —intervino Grayson—. No estamos aquí para…

—Tú ya te relajaste por los dos yéndote a restaurantes —lo cortó Elliot, girando el portátil.

La imagen de la comida previa al partido apareció en pantalla. Yo riendo, Grayson inclinándose hacia mí con complicidad.

«Fantástico, estos días me han hecho un documental completo».

—No está mal que Grayson viajara —comentó su padre.

—Lo que lo está es que la distrajera.

Mi jefe bufó.

—¿Por ir a comer? Ah, es que tú te alimentas por esporas…

—No me refiero a eso y lo sabes. La señorita Park está aquí para trabajar, no para ser una de tus… conquistas fotografiables.

—No lo es. Ya sabes cómo funcionan los paparazzi .

—Lo que sé es que el domingo perdimos, justo el día que tú fuiste de restaurantes antes del partido, ¿coincidencia o distracción?

No levanté la voz.

—El modelo no está diseñado para escenarios atípicos con presión acumulada en cadena —intervine, siendo profesional—. Y eso no tiene que ver con la alimentación de su hermano y la mía.

Eso hizo reír a Grayson por lo bajo y enfureció a Elliot.

—Entonces, ¿para qué sirve?

Ahí sí lo miré de frente.

—El modelo no falla, señor. Refleja decisiones humanas bajo presión, y las decisiones humanas no son lineales, por lo tanto, puede haber un pequeño margen de error.

Jerry no intervino. Observaba.

Elliot dio un paso hacia la mesa.

—Un 99% de fiabilidad no sirve si el 1% te cuesta un partido en prime time .

—Ese 1% no es azar —respondí—. Es comportamiento bajo estrés y se puede mapear mejor.

Encendí el portátil y les mostré las diapositivas que había preparado:

Nuevo panel de riesgo situacional.

Integración de variabilidad emocional.

Ajustes en lectura de toma de decisiones tras error previo.

—Cuando me contrataron no prometí que desaparecerían las derrotas, prometí reducir la probabilidad de repetir el mismo patrón.

Grayson habló entonces.

—Le estamos pidiendo a Naomi certeza absoluta en un entorno probabilístico, y eso no existe en ningún deporte.

—¿Ha dicho «probabilístico»? —se mofó Elliot, mirando a su padre—. Yo alucino, si ni siquiera sabes lo que significa.

—Reducir la probabilidad no siempre es suficiente cuando hay intereses grandes detrás —intervino Stephen—. Solo hay que mirar las hostias que se dieron algunos con las apuestas. —Los Joneson al completo clavaron sus ojos en él—. ¿Qué? Ha salido en las noticias…

—Espero que así sea. —Carraspeó el patriarca—. Lo que menos le interesa a esta familia son las apuestas.

Él enrojeció y sacó un pastillero del interior de la chaqueta para extraer una y tomársela.

Jerry apoyó los dedos sobre la mesa.

—Tres partidos —dijo con voz profunda—. Quiero ver la evolución que promete.

—La tendrá, señor Joneson.

No necesitaba aplausos. Necesitaba margen.

En el pasillo, Grayson caminó a mi lado.

—Has estado impecable.

—He sobrevivido.

—Te invito a comer.

—Tengo código que rehacer y ya has visto que a algunos no les gusta que comamos juntos.

—Si lo dices por Elliot pasa de él, cualquier día lo vemos conectado a una vía. Nació aburrido y morirá aburrido.

—Es que comprendo que tu familia esté angustiada, hay mucho en juego y se me contrató para que el equipo llegara a la Super Bowl.

—Digo yo que eso también dependerá un poco de los jugadores y los entrenadores, ¿no? —Me miró con esa media sonrisa conciliadora—. No acepto un no.

—¿Y los paparazzi ?

—Siempre los he tenido detrás, que no te importen lo más mínimo, Vivian se ocupará.

Fue como si la hubiera invocado, porque apareció doblando la esquina.

—¿Planes?

—Estoy intentando convencerla de que coma algo que no sea la comida ultraproteínica del equipo. Elliot ha hecho que se plantee si aceptar o no.

Ella me observó por encima de sus gafas.

—Yo de ti iría, siempre es positivo que la chica de oro de la franquicia tenga buena relación con la directiva. Mucho mejor eso a que se la asocie a un jugador de la plantilla.

No lo dijo por casualidad, no hacía falta ser muy avispada para comprender lo que insinuaba.

Si me fotografiaban con Grayson, dejaba de ser «la chica que había sido vista con el quarterback» a «la analista protegida por la cúpula».

—¿Sigues pensándotelo? —insistió Grayson.

«Si estás aquí es por tu trabajo, y así debe ser».

—De acuerdo, vamos.

Él sonrió satisfecho y Vivian también.

Las semanas siguientes fueron menos titulares y más líneas de código.

Dormí poco. Pensé mucho, le di duro al teclado.

Valentino entrenaba como si cada snap fuera un examen, y en cierta medida lo era.

Tuvo que hacer el comunicado que le pidió la franquicia, y el día que Whitaker jugó de titular contra Steelers, él estuvo en la banda animando como uno más, sin rastro de amargura. O fingiendo muy bien que no le afectaba. Imagen pura.

Cuando nuestras miradas se cruzaron, no hubo gesto evidente. Solo un leve asentimiento.

«Estoy aquí».

El panel de riesgo y las aguas se calmaron un poco.

Contra Ravens volvió como si no hubiera suspensión. Ejecutó rápido. Seguro. El estadio era hostil, pero él no titubeó.

Cuando anotó y levantó el puño, buscó la grada.

No sé si me buscó a mí, pero yo lo sentí así.

Con Cardinals perdimos, y no fue culpa de los quarterbacks .

Penalizaciones absurdas.

Una cobertura que se abrió en el peor momento y dejó al receptor solo en la zona profunda.

Dos flags innecesarios en tercera oportunidad y bastantes errores de defensa que Harlow no pudo solventar.

Pero la conversación pública parecía girar siempre hacia el mismo lugar.

Whitaker y Valentino se repartieron los snaps . Ninguno tuvo números escandalosos y, sin lugar a duda, no fueron el problema.

Aun así, el debate empezó.

¿Continuidad?

¿Rotación?

¿Confianza?

Yo, mientras, miraba los datos. El modelo no marcaba fallo estructural, el riesgo situacional había bajado. La lectura pre-snap estaba mejorando.

«El sistema funciona».

Ayer por la tarde no debería haberlo encontrado en el campo, sin embargo, ahí estaba. Solo, concentrado con el balón.

Fui directa, porque cuando Valentino estaba, una energía magnética me empujaba hacia él.

—No ha sido cosa vuestra. —Necesitaba que lo supiera más allá de la reunión de Harlow—. El breakdown fue en cobertura y las penalizaciones inflaron el momentum .

Él asintió despacio.

—Ya, el problema viene en que, cuando el partido se atasca, siempre miran al que tiene el balón en la mano.

No lo dijo con rabia, más bien como quien aceptaba una ley física.

Me apoyé en la valla.

—Estas semanas has estado… intenso.

—He estado centrado —me corrigió—, lo necesitaba.

—Yo también —admití—. He tenido que remodelar partes del sistema. Ajustar el panel emocional y… Bueno, no hemos tenido mucho tiempo para hablar, casi siempre había prensa.

Comencé a notar cómo la garganta se me secaba.

Su expresión cambió apenas.

—Me preocupa más fallar que lo que digan de nosotros. —Se pasó una mano por el cuello y me miró—. Me apetece volver a ver una peli contigo, si quieres, claro.

Sus ojos me atravesaron, directos, sin rodeos.

Me costó tragar la bola que se me hizo en la garganta y volver a hablar.

—A mí también, aunque no sé cómo, ya sabes lo que pasó la última vez, y aunque Vivian no dijese nada…, no pareció que le gustara nuestra confraternización.

Una esquina de su boca se movió.

—No estamos haciendo nada malo.

Respiré hondo.

—Ambos sabemos que ese no es el problema. Necesitamos que esto nos salga bien.

En cuanto lo pronuncié, los dos supimos que no hablaba solo del equipo.

Se acercó un paso, mi pulso cambió de ritmo.

—Podrías venir al ático.

Lo miré, descolocada.

—¿Perdón?

—Hay acceso directo desde el parking al ascensor y del ascensor al piso. Nadie te vería. Si lo que te preocupa es la privacidad, estaremos solos. Es solo una idea. —Su voz era ronca, tenía las pupilas dilatadas y cada vez estaba más cerca.

Era una idea demasiado tentadora con la Bye Week arrancando al día siguiente.

Más tiempo libre, más posibilidades de vernos a solas… Sin testigos indiscretos, únicamente los dos.

Mi corazón decidió hacer un simulacro de incendio sin avisar.

—Sería… una buena opción.

Intenté que sonara razonable. Otro paso más y ya casi podía sentir su aliento.

—No tiene por qué ser hoy, aunque si quieres venir esta noche, podría darte el código de acceso; tengo muchas habitaciones y cepillos de dientes de sobra.

«¡Ay, mi madre! Eso suena a fiesta de pijamas y mi mente acaba de hacerla sin ellos».

Me pilló fuera de juego, me vio dudar.

—Sin compromiso, puedes venir cuando quieras, te mandaré el código y así tendrás las puertas abiertas cuando lo desees o me necesites.

Eso fue peor, porque la tentación era más grande cuando no había presión.

Nos quedamos ahí un segundo más de lo prudente. No nos besamos. Ni siquiera nos rozamos y, aun así, la tensión se quedó flotando entre los dos, densa, incómodamente agradable.

—Te dejo entrenar —murmuré al final, aclarando la voz—. Tengo que terminar algo que me pidió Grayson antes de mis vacaciones oficiales.

Él asintió despacio.

—No trabajes demasiado —dijo—. Y piensa en lo que te he propuesto, Parks. Tú, yo, Star Wars y la ciudad a nuestros pies.

Me di la vuelta antes de que mi cerebro empezara a negociar con cosas peligrosas.

Volví al hotel con la sensación extraña de estar caminando unos centímetros por encima del suelo, preguntándome si estaba tomando decisiones inteligentes… o si iba directa hacia mi propio lado oscuro.