Vas a cruzar (Chicos de Uniforme 7) Epílogo
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Epílogo

Josh

Mi rutina de los últimos meses se ha convertido en una constante: llegar a casa tras mi vuelo de ida y vuelta a Sacramento, preparar la cena y esperar a que Alice aterrice de su ruta desde Las Vegas.

Ambos volamos desde Los Ángeles y, aunque las complicaciones de nuestra profesión son muchas, hemos logrado perfeccionar la logística para coincidir siempre al caer la noche.

Los primeros meses, desde que la aerolínea le otorgó el rango de comandante a Alice, fueron un tira y afloja constante intentando encajar nuestros horarios.

Ahora, un año después, nuestras rotaciones están perfectamente sincronizadas.

Hace meses que le pedí matrimonio y, por fin, tenemos fecha para la boda.

Joder, soy feliz. Tan feliz que nunca habría imaginado que mi corazón pudiera latir con esta fuerza por alguien. Por alguien que no fuera mi hija. Pero Sofía es otra historia… y una que ahora mismo me quema en las manos.

La puerta se abre y Alice entra, dejando atrás el ruido de la calle. Me besa con esa familiaridad que me sigue erizando la piel antes de aparcar su maleta en la entrada y tirarse en el sofá con un suspiro exagerado.

—¿Vuelo pesado? —le pregunto, acercándome a ella.

—El vuelo en sí ha sido perfecto, pero el pasaje… —Suelta una risa cansada mientras se quita los zapatos—. Venían de una despedida de soltero en Las Vegas y algunos todavía seguían de fiesta. Un grupo de tipos borrachos que han conseguido sacarme de mis casillas antes de despegar.

—Entiendo. La cena está lista y mañana no tenemos vuelo. ¿Te sirvo una copa de vino?

—Sí, por favor. Lo necesito.

Mientras cenamos, la escucho hablar. Yo, que siempre fui un hombre de poner las noticias de fondo solo para llenar el vacío de mi apartamento, ahora me paso la vida pendiente de cada palabra de Alice.

La forma en que sus ojos brillan al contarme algo trivial, su manera de gesticular y cómo, sin darse cuenta, su mano busca la mía sobre la mesa, es algo que ni en mis mejores sueños pude imaginar.

Después, mientras limpiamos la cocina, el ritmo es pausado, casi hipnótico.

Un beso aquí, un roce allá. Nos movemos por la cocina con la facilidad de quien ya ha encontrado su hogar en el otro.

Pero cuando volvemos al salón para poner una película, el ambiente, antes ligero, parece cargarse de repente.

—Entonces —dice ella, acomodándose en el sofá mientras me mira con curiosidad—, ¿qué destino escogieron al final Lauren y su chico?

—Cancún —respondo.

Forzar la sonrisa me cuesta un mundo, y sé que el gesto no resulta muy convincente.

Alice se queda en silencio un segundo, observándome. Joder, esta mujer… No sé cómo lo hace, pero me lee mejor de lo que yo mismo puedo entenderme. Da igual cuánto intente disimular; ella siempre llega al fondo.

—A ver, Josh. ¿Qué te preocupa? —pregunta, dejando el mando sobre la mesa.

—¿Por qué lo dices?

Sé que es una pregunta estúpida, y ella me mira con esa expresión que no deja lugar a dudas; tengo que confesarlo todo.

—Suéltalo —insiste ella—. Estás más callado de lo normal. ¿Qué pasa?

Me quedo en silencio unos segundos que parecen eternos. Me cuesta horrores, pero necesito soltarlo. Así que, ahí va.

—Es Sofía.

Alice se tensa al instante, sus ojos fijos en los míos.

—¿Qué pasa con ella? —pregunta, con un hilo de preocupación en la voz.

—Sale con un tío mayor.

Alice mantiene la calma, aunque veo asomar una tímida sonrisa en su rostro, como si esperara algo mucho peor.

—¿Cuántos años mayor?

—Más de veinte —respondo, cerrando los ojos y tomando aire profundamente.

—¡La hostia! ¿Más de veinte? —se sorprende, aunque rápidamente recupera la compostura—. ¿Cómo lo sabes? ¿Te lo ha contado ella?

—Me preguntó si podía traer a alguien a la boda. Le dije que claro que sí. Cuando quise saber quién era, me lo contó todo.

—Vaya, eso es… admirable por su parte. Tuvo la confianza para decírtelo. Deberías sentirte orgulloso y…

—Me dijo que me lo contaba porque sabía que yo podría entenderlo, Alice —le corto, sin poder ocultar mi frustración—. Dijo que, como nosotros nos llevamos trece años, sentía que tendría mi apoyo.

—¿Y qué le dijiste?

—¡Nada! Me quedé de piedra, joder. Solo asentí como un idiota.

—Entiendo —responde ella, en tono conciliador.

—Mira, Alice, antes de que digas nada. Sé que me vas a dar un sermón, pero esto no es lo mismo que lo nuestro. Ella solo tiene diecinueve años.

—Va a cumplir veinte —me corrige con calma.

—¿Puedes dejarme terminar? —le pregunto, cruzándome de brazos mientras intento controlar la rabia que me sube por la garganta—. Está en su segundo año de universidad y ese tío es… ¡Es su profesor!

—A ver, Josh. Muchas nos hemos colgado de un profesor alguna vez. Es algo pasajero, yo no me preocuparía demasiado.

—Alice, me ha dicho que está enamorada. ¡Quiere traerlo a nuestra boda! Ese tío tiene cuarenta y cuatro años.

—Sí, ya me lo has dicho —suspira ella, dejando la copa vacía sobre la mesa. Yo, sin embargo, voy por la tercera y todavía me cuesta creerlo.

—Y ese tipo es profesor… ¿De qué?

—¿Qué más da? Biología molecular o la madre que lo parió, no tengo ni idea.

—Bueno, cariño —dice, rodeándome con los brazos para intentar calmarme—.

Vamos a ver cómo se desarrolla todo esto.

Quizás solo está experimentando. La universidad es un terreno muy propicio para que sucedan estas cosas.

Pero, si quieres, el fin de semana, cuando venga a casa, puedo hablar con ella para tantear el terreno. ¿Te parece?

—Gracias —respondo, con un nudo en la garganta—. No sé si voy a poder con esto.

—Claro que podrás. Lo haremos juntos, como siempre.

Alice me besa, tratando de transmitirme una calma que yo soy incapaz de sentir.

Escucharla restarle importancia me oprime el pecho; para ella es solo un episodio universitario, pero yo no puedo evitar pensar en cómo terminan estas cosas.

Sé que los experimentos, cuando se hacen con las personas equivocadas, rara vez salen bien y siempre terminan afectando a los más débiles.

Sofía es valiente, inteligente y capaz, pero eso no evita que quiera protegerla de la caída.

Y me aterra pensar que, por mucho que ella crea que tiene el control, esto va a terminar haciéndole daño.

FIN