30. CONVERSACIÓN ENTRE CAPOS
ALESSANDRO:
Lo miré fijamente unos segundos en silencio, evaluándolo.
Lo conocía demasiado bien para saber que estaba completamente seguro y dispuesto a proteger lo suyo, del mismo modo que yo protegía a Lilian.
Finalmente, asentí, dándole un leve golpecito en el hombro, mostrando mi aprobación sin demasiados rodeos.
—Me alegra saberlo, Rufo, por los dos. Según lo que cuenta Lili, él ha sufrido mucho y es muy bueno —le confesé lo que sabía de Miguel—. Cuídalo mucho y hazlo feliz, y de paso sé feliz tú, que también te lo mereces, mi hermano.
Salimos poco a poco de la habitación, después de dejar a Lilian al cuidado de su madre.
Estaba feliz de que al fin Rufo viviera conmigo.
Miguel y él se habían instalado aquí en mi casa, y para ser honesto, me gustaba sentir que la casa estaba ocupada.
Siempre quise que viviera conmigo, pero se negaba empecinadamente.
—Oye, Ale, pude averiguar algo sobre Adelina —cambió de tema Rufo.
—¿Adelina? —Lo miré sin entender de quién hablaba.
—Adelina Conti, tu ex, ¡con la que te ibas a casar! ¡Será posible que no supieras que se llama así! —mencionó mirándome con incredulidad.
No pude dejar de reírme a carcajadas ante la expresión de incredulidad reflejada en su rostro. Rufo seguía mirándome con una sonrisa, observando cómo no podía contener la risa mientras negaba con la cabeza.
—No me mires así, no sabía quién era esa mujer. ¿Qué averiguaste? —inquirí sin poder dejar de reír ante su cara de desconcierto.
Era cierto que no tenía ni idea de cuál era su nombre ni su imagen, nunca me interesó. Es más, creo que si la cruzo en la calle no la voy a reconocer; jamás me fijé en ella en las dos ocasiones que la vi.
—Deja de mirarme así, sabes que no me interesaba para nada —dije, tratando de dejar de reír ante su expresión—. Ahora dime qué descubriste.
—Después de que se fue de la iglesia, ella desapareció hasta hace dos meses. Alguien me dijo que estaba embarazada cuando trató de casarse contigo. No lo he podido verificar —se apresuró a aclarar.
—¿Se iba a casar conmigo embarazada? —Tremendo atrevimiento de los Conti. Qué encerrona más traicionera.
Me llevé la mano a la barbilla tratando de digerir toda esa información. Adelina Conti, una mujer que apenas cruzó una vez por mi vida, y aun así, la sola mención de su nombre me llenaba de una irritación instantánea.
—¿Tienes algo más? ¿O solo fueron rumores? —cuestioné cortante, mientras mi mente ya trabajaba en las implicaciones de todo lo que decía Rufo.
—Al parecer, pretendía estar contigo esa noche y hacerte creer que era tuya —respondió, entrecerrando los ojos—. Aunque si eso es verdad, me parece que no se hubiera ido de la boda tan rápido como lo hizo cuando apareció Lili. ¿No lo crees?
Lo conocía lo suficiente como para saber que había analizado e investigado las cosas.
Cuando las trae a mí es porque está seguro de las informaciones.
Me quedé en silencio. La idea de que los Conti hubieran intentado engañarme de una manera tan descarada me hacía hervir la sangre.
No era la primera vez que familias mafiosas trataban de manipularme, pero esto ya era demasiado.
Creían que podían usarme como si fuese un peón en sus juegos de poder.
Los Conti, siempre tan ambiciosos y traicioneros.
—Sí es verdad lo de su embarazo, también lo creo —respondí pensativo—. ¿Cómo descubriste eso?
—Una sirvienta de ella fue a mi consulta con su madre.
Necesita una operación de un tumor que tiene su mamá en la cabeza y me dijo que podía darme mucha información de los Conti a cambio de la operación —explicó de inmediato—.
Le dije que iba a operar a su mamá gratis si juraba trabajar para nosotros de ahora en adelante.
—¿Estás seguro de que no es un engaño? —pregunté preocupado.
Asintió, las mandó a seguir. Según el guardia, se habían disfrazado para salir del hospital; luego, fueron a otro en taxi donde las recogieron. Pero eso no lo convencía, iba a seguir atendiéndolas a ver qué se traían entre manos.
—Además, me dijo que Conti había contactado con una fracción de los dragones, que están tramando algo en contra de Lilian —mencionó con seriedad.
—¡¿Qué?! —Eso era preocupante.
—Tenemos que confirmarlo —opinó mientras se enderezaba—. Pero Ale, urge que hagamos una reunión en pleno. No puedes seguir negándote a hacer la ceremonia oficial con todos.
—Rufo, ¿cómo voy a hacer esa ceremonia si Lili está dormida? —pregunté mirando hacia el interior de la habitación.
Rufo me miró con el ceño fruncido y soltó un suspiro pesado. Finalmente se cruzó de brazos con paciencia infinita conmigo. Siguió mi mirada, acostumbrado a lidiar con mis negativas.
—Lilian siempre será tu debilidad, Ale, lo sé —guardó silencio unos momentos mientras me observaba—. Creo tener la solución: Lucila.
—¿Te volviste loco? —me opuse de inmediato—. ¿Sabes lo que pasaría si se dan cuenta de que los he engañado?
—Alessandro, escucha lo que tengo que decir —me detuvo—. Lucila lleva meses haciéndose pasar por Lilian en la empresa y nadie la ha descubierto. Incluso, ya viste que la llevé a realizar el examen de tu esposa al hospital y lo hizo casi tan bien como su hermana.
Lo miré con incredulidad. Me había percatado de que mi cuñada era una joven muy inteligente, rayando en genio. Su parecido con Lilian era mucho y, si se maquillaba bien, eran iguales.
—¿Hiciste eso? —indagué tratando de buscar esa memoria.
—¿Dónde tienes la cabeza cuando te hablo? —preguntó a su vez Rufo—. Te pedí tu opinión en Francia y me dijiste que lo hiciera, para que Lilian no perdiera su graduación.
No recordaba nada de eso; estaba tan aterrado por perder a Lilian en esos días que mi mente no recuerda muchas cosas. Confío en Rufo como si fuera yo, así que cada vez que me sugiere algo digo que sí sin pensarlo.
—¿Te dije eso? —pregunté de nuevo.
Rufo arqueó una ceja, como era su costumbre cada vez que olvidaba las cosas que analizaba conmigo. Me reía, tratando de relajar la situación, levantando los hombros. Me pasé una mano por el cabello, desesperado.
—Sí te lo dije, por eso lo hice. ¿No quieres saber los apuros que pasé para que no se le acercaran los que sí la conocen?
—Se rió por un momento—. Menos mal que Migue y Gina obraron milagros, la convirtieron en Lilian, nadie se dio cuenta de nada.
Luci sabe imitar a Lilian a la perfección, hasta yo me asombré de lo buena actriz que es.
—¿De veras? ¿Lo hizo bien? —inquirí intrigado.