Upír: Sombras sobre Praga INTERLUDIO
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INTERLUDIO

Papel sin membrete. Cajón inferior de la mesa de la sacristía de San Nicolás, Malá Strana. Sin fecha de archivo.

Para Jan Procházka, monaguillo de esta parroquia:

Si lo encuentra otra persona: haga lo mismo.

Lo que sigue es un testimonio, no una confesión. No estoy en condiciones de confesar porque no sé todavía si lo que he hecho es un pecado o una obligación, y la distinción importa. La Iglesia tiene una opinión al respecto. Yo tengo otra. Dejemos que ambas convivan en este papel.

En la mañana del 14 de noviembre de 1880, en el sótano de la residencia del carpintero Jaroslav Kovář, calle Ostruhová, Malá Strana, destruí con mis manos a una persona que ya no era una persona.

Su nombre era Ludmila Kovář. Era feligresa de esta parroquia desde su bautismo.

Era la esposa de Jaroslav desde hacía dieciséis años.

Era, en el momento de su destrucción, un recipiente vacío habitado por algo que el texto conocido como De Daemonibus et Eorum Potentia llama recens infectus : un cuerpo corrompido que todavía conservaba algo de reconocimiento humano y que por eso respondía al agua bendita y al hierro.

Respondió. Actué. Lo que queda de Ludmila Kovář está en cenizas en el solar trasero de la calle Ostruhová.

No pido perdón por esto. Pido que conste.

Lo que ocurre en la Mansión Vránský, distrito de Hradčany, es de otra naturaleza.

Es lo que el texto llama plene conversus : una entidad transformada por completo que ya no puede ser salvada por la oración ajena.

Los ritos no la curan. Pueden, sin embargo, debilitarla, retrasarla y abrir la posibilidad del daño físico que la destruya. Esto último es lo único que la termina.

Sin embargo, hay un procedimiento que el texto menciona y que no es un rito: es una renuncia: la negación litúrgica.

No expulsa al demonio. Cancela el derecho de custodia sagrada sobre el territorio.

He encontrado esta mañana que ese mecanismo está previsto en el documento de 1442 que custodia esta parroquia.

Alguien lo construyó así. No sé quién ni por qué.

El texto advierte que el efecto sobre quien la pronuncia puede ser irreversible.

No especifica en qué sentido exacto. Lo que sí entiendo es que si la pronuncio, no podré volver a consagrar ninguna cosa.

Agua, pan, tierra, aceite. Habré gastado en un acto lo que me quedaba de sacerdote. Quizás eso sea justo.

No he sido un buen sacerdote desde hace veinte años, desde la noche en que mi hermana Eliska desapareció en el jardín de la casa familiar en Olomouc y yo cerré la puerta y me metí en la cama.

Tenía treinta años. Ella veintiocho. La vi de pie junto a la tapia, de espaldas, con el camisón blanco y los pies descalzos sobre la hierba mojada.

Se giró. Me sonrió de una manera que no era suya. Me extendió la mano. Yo no fui.

Por la mañana no estaba.

Nunca supe si ella habría podido salvarse si yo hubiera cruzado el jardín. Esa pregunta es lo que llevo dentro desde entonces, alojada entre las costillas como un trozo de metal que el cirujano decidió no extraer porque hacerlo era más peligroso que dejarlo.

Si hay algo en la mansión Vránský con la misma naturaleza que lo que se llevó a Eliska, lo que haga esta semana es también por ella. Aunque llegue veinte años tarde.

Para Karl Wagner, si lee esto: la servidumbre de sangre de 1442 está en la tercera caja del armario litúrgico de esta sacristía, encima del misal sin cubiertas. La cláusula que necesita está en el tercer párrafo. Usted la leerá mejor que yo.

Para Sophia Vránský, si alguien se lo lee: no le debo nada a su familia. Pero le debo a Praga lo que le debí a Eliska.

Gabriel Novotný

Párroco de San Nicolás, Malá Strana

15 de noviembre de 1880