Una y Mil Veces Sofía (Mujeres que me habitan 1) Prólogo
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Una y Mil Veces Sofía (Mujeres que me habitan 1)

Una y Mil Veces Sofía (Mujeres que me habitan 1)

Por Thais Lima

© inepub.com

Prólogo

Antes de empezar a hablarles de ella, debo hacer un par de aclaraciones, justas y necesarias: La primera: Sofía no me ha dado permiso para contar su vida a los cuatro vientos. La segunda: tampoco se lo voy a pedir. Conozco muy bien sus irreverencias. Así que tomaré el riesgo.

Si no la conoces, te advierto: ella es de esas mujeres que caminan por la vida con tanta ligereza que desconcierta —incluso, molesta— a mucha gente.

Y, cuando esto se haga público, probablemente hará lo de siempre: seguirá de largo con su sonrisa ingobernable, como si nada tuviera que ver con ella…

aunque, en el fondo, sabrá perfectamente que sí.

Y lo disfrutará. Fingir lo contrario le da aún más poder.

Con eso bastará para que todas estas noches de escritura y desvelo valgan mi tiempo.

Podría parecer hedonismo, pero no. Quien la ha conocido de verdad sabe que es otra cosa.

También conviene decir que cada personaje en esta historia carga con su propia novela a cuestas, y podrá narrarla desde lo más hondo: desde sus heridas, sus risas y sus cicatrices.

Yo los he mirado desde mi lugar, y ellos, desde el suyo, también han observado a Sofía.

Por eso, esta historia puede no ser la misma para todos.

Porque la verdad no nace de los hechos, sino de lo que esos hechos despiertan en cada uno.

¿Que si es esta una historia de amor? No me atrevería a asegurarlo… Quizá sea de eso otro raro y peligroso que intenta parecerse. ¿Que si es real? Pues… lo que los haga más feliz.

Este es un fragmento de la vida de Sofía, narrado desde la corteza cerebral de quien la ha observado, dominada por emociones profundas, de las que se sienten en los huesos y con el corazón latiendo en cada sinapsis, en cada neurona.

Esta es su historia desde una piel testigo…

Aunque, claro, tal vez, Sofía la habría contado diferente.

«Resultó que ella

tampoco era la más fuerte de todas,

era un pedazo de mí,

y un pedazo de otra…

un pedazo de todas

cuando imploramos en silencio una mano que agarrar

—al menos—

de vez en cuando».

Esta historia comienza en Santa María del Puerto del Príncipe, una ciudad de tinajones y adoquines detenida en el tiempo, ubicada en el centro de la isla de Cuba. Transita por muchos lugares y termina en… bueno, eso ya lo decidirán ustedes.