Una última vez CAPÍTULO 47 LARA
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CAPÍTULO 47 LARA

Aunque intentaba permanecer al margen de todo lo relacionado con Enzo, desde que sacó la canción me es imposible hacerlo.

May no lo sabe, pero, desde que la escuchamos juntas el día que salió, he seguido haciéndolo.

Hasta el punto de aprenderme la letra de memoria.

Un poco masoquista, lo sé. Es como si quisiera hacerme sufrir a mí misma, y claro está que lo estoy consiguiendo.

Porque me he visto cada entrevista que ha hecho, prestando especial atención cada vez que me mencionaba indirectamente.

Aunque, bueno, la audiencia sabe que está hablando de mí.

Fuimos pareja, o al menos eso es lo que cree el público.

Las fechas de las que habla Enzo son las que estábamos juntos, así que no es ningún secreto que la chica soy yo.

La gente me ha escrito preguntándome sobre él, sobre la canción y sobre nosotros.

Por suerte, la mayoría de esos mensajes los han contestado por mí.

Aunque, en alguna ocasión que me ha tocado hacerlo, he dicho lo mismo: «Por mucho que no estemos juntos, siempre le tendré un cariño especial a Enzo y le deseo lo mejor como cantante».

Nada más, ninguna explicación. No he dado motivos de nuestra ruptura, ni él tampoco.

Por lo que la prensa rosa se ha tenido que inventar sus propios motivos.

Vamos, que han sacado sus propias conclusiones.

Al menos, a diferencia de la última ruptura que tuve, no me han dejado como una víbora.

No se han inventado que le he puesto los cuernos.

Menos mal. No me hubiera gustado lo más mínimo que un rumor como ese volviera a circular.

Cada vez que lo escucho hablando de la canción y de mí, se me rompe un poquito más el corazón.

Todo podría ser más fácil, pero me empeño en complicarlo todo.

Las charlas con May me están ayudando mucho.

Está consiguiendo que me abra por completo y diga en voz alta todo lo que siento.

Es en esas conversaciones cuando me doy cuenta de que estoy más pillada por Enzo de lo que pensaba.

Que la distancia, lejos de hacer que esos sentimientos desaparezcan, está consiguiendo intensificarlos.

He adoptado su costumbre de escuchar música.

No la pongo a todo volumen como él, pero la pongo en el altavoz, algo que nunca había hecho.

Siento que, al hacerlo, estoy un poco más unida a él.

Como ahora mismo, que estoy limpiando el piso mientras bailo al ritmo de la música.

Estoy sola porque May se ha ido a una nueva entrevista de trabajo.

¿Aceptará este puesto si se lo ofrecen? La canción Tus muletas de Fondo flamenco suena entonces por el altavoz.

Dudo si pasarla, porque es bastante lenta.

Además, no sé si estoy preparada mentalmente para escucharla.

La letra de esta canción es demasiado bonita.

Perfecta para dedicársela a alguien que quieres.

Confieso que, desde que Enzo me cantó aquel día una canción de este grupo, no he podido escucharlos del mismo modo.

Porque, siempre que suena Fondo flamenco, Enzo se cuela en mi mente.

Al igual que su voz, con la que fantaseo más de una noche.

Lo que daría por volverlo a escuchar cantar.

Termino por dejar la canción y disfrutarla, cantando cada frase como si mi vida dependiera de ello. Porque, por primera vez en años, siento que una canción de amor tiene sentido.

— Tu último pensamiento y también el primero. Quiero ser tu silencio y tu grito a destiempo. —Llega el estribillo y lo grito, desgarrándome por dentro—. Tu futuro y presente. Quiero ser esa sonrisa en tu cara, que parece que está dibujada…

Quiero ser tantas cosas, y todas para Enzo, que me doy cuenta de la gran cagada que estoy cometiendo por no dejar que mis sentimientos salgan a la luz.

«¿Qué estás haciendo, Lara?». El tiempo pasa y lo único que estoy consiguiendo es complicarlo todo, alejar a Enzo de mí, cuando quiero todo lo contrario.

¿Tanto he tardado en verlo? «No, lo sabes desde hace tiempo, pero no has tenido el valor de decirlo en voz alta».

Me gusta Enzo. Quiero a Enzo. Estoy enamorada del chico de los tatuajes. Y ya he perdido demasiado el tiempo.

***

Estoy a la espera de que May llegue a casa.

Preparada para revelarle lo que siento por Enzo y la decisión que he tomado.

Ya le había dicho más o menos lo que sentía, pero nunca he sido tan directa ni le he confesado que estoy enamorada de él.

Más que nada porque acabo de confesármelo a mí misma.

Era importante hacer ese paso previo antes de decírselo a ella.

He abierto una botella de vino y me he servido una copa. En cuanto entre, no tendrá dudas de que se viene una conversación.

Escucho el sonido de las llaves introduciéndose en la cerradura, e inevitablemente me entran los nervios. Menuda tontería.

Cuando tengo a May en mi campo de visión, me mira de arriba abajo y esboza una amplia sonrisa.

—Desde luego, este es el recibimiento que me merezco —comenta ella, viniendo hacia donde estoy para sentarse en el sofá.

Mientras tanto, le he servido una copa de vino. No duda en aceptarla y darle el primer trago.

—Necesitaba esto después de la entrevista que he tenido.

—¿Cómo ha ido? —Deja escapar todo el aire de los pulmones antes de contestar.

—Si omitimos que al salir de la entrevista me he topado con un tío de lo más estúpido, todo genial. La entrevista en sí ha ido muy bien, como todas. Lo más seguro es que me llamen esta semana para ofrecerme el puesto de trabajo —comenta, segura de sí misma.

Lo cierto es que la han llamado para ofrecerle la mayoría de los trabajos para los que ha ido a hacer entrevistas, pero siempre los ha terminado rechazando.

—¿Lo aceptarás?

—Puede que esta vez diga que sí.

Mueve de un lado a otro su copa de vino antes de volverle a dar un trago, como si estuviera pensativa, como si le estuviera dando vueltas a algo. Imagino que es a lo del trabajo.

—Eso es un gran avance, viniendo de ti.

—Sabes que no me conformo con cualquier cosa. Esto pinta bien, y el sueldo me permitirá ahorrar lo suficiente como para poder montar mi negocio aquí.

Esa confesión me pilla por sorpresa. Es la primera vez que dice que quiere montar otro negocio aquí. Tiene el suyo en Canarias, que le va muy bien. No sabía que esa idea se estaba formando en su mente.

—Eso son palabras mayores, amiga.

—Lo sé, pero, conforme pasa el tiempo, las ganas de volver a Canarias desaparecen y las de quedarme aquí aumentan. No sé qué tiene Nueva York, que atrapa.

La entiendo. En cuanto puse un pie por primera vez en la Gran Manzana, tuve esa sensación. Sin embargo, ahora, hay muchas cosas que me tiran de España. Concretamente de Canarias.

—Me tiene a mí, sin ir más lejos. —Mi comentario provoca que ambas riamos—. Al menos por ahora.

Son esas palabras las que consiguen que capte toda su atención. Yo tampoco le había mencionado que tuviera intención de irme de aquí. Por eso mismo, me mira como si los ojos se le fueran a salir de las órbitas.

—¿Qué acabas de decir?

—He tenido mucho tiempo para pensar, para aclarar mis sentimientos, y he llegado a una conclusión. No he sido sincera conmigo misma en lo que al amor se refiere. Y no ha sido hasta hoy mismo cuando me he parado a escuchar a mi corazón. May, estoy enamorada de Enzo.

Lo que hace a continuación me deja a cuadros. Empieza a aplaudir como si su vida dependiera de ello. Se pone de pie, silba un par de veces, e incluso hace una reverencia antes de hablar.

—Pensé que nunca lo admitirías, amiga. Te ha llevado más tiempo de lo que imaginaba, e incluso has tenido que poner kilómetros de distancia para darte cuenta de lo que sientes por él. Pero me hace muy feliz que te hayas dado cuenta. ¿Ahora qué?

—Ahora viene la parte difícil.

—No, amiga. Ahora viene la mejor parte de todas. Confesar tus sentimientos y que sean correspondidos.

Ojalá todo fuera tan sencillo como cree May que es. Pero los miedos e inseguridades están ahí.

—Ha pasado mucho tiempo, y puede que él ya no…

—Ha escrito una canción contando vuestra historia —me corta antes de que pueda terminar. Sé que sabe exactamente lo que iba a decir—. Si eso no es amor del bueno, que me lo expliquen. Además, solo hay una manera de averiguarlo.

—Lo sé, y voy a llevarla a cabo.

—Di que sí, esa es mi amiga.

Brindamos en cuanto dice eso. Y me desahogo como nunca había hecho.

Por primera vez en mucho tiempo, no tengo miedo de decir lo que siento por otra persona.

Confesarle a mi mejor amiga que estoy enamorada es mucho más liberador de lo que había imaginado.

Ella me pincha un poco, diciéndome que hace tiempo que lo sabe, pero que debía ser yo la que se diera cuenta.

Según ella, solo hacía falta ver cómo lo miraba cada vez que estábamos juntos. Tenía razón.

No es que tenga un plan muy elaborado. Tengo que hacerle saber a Enzo lo que siento por él.

Todavía tengo que darle muchas vueltas a cómo voy a hacerlo y prepararme para lo que viene después.

En el mejor de los casos, él seguirá sintiendo algo por mí.

Pero, aun así, la distancia seguirá estando, porque no he terminado de rodar la película y él está despegando como cantante en España.

No debería comerme la cabeza ahora con eso. Todo son suposiciones.

—Podríamos hacer un intercambio de pisos. Tú te quedas con el mío de Canarias y yo con este de Nueva York —comenta en broma mi amiga. Vamos, creo que lo ha dicho de coña.

—¿De verdad no te ves volviendo a Canarias?

—Ahora mismo no. Sigue siendo muy reciente todo lo que pasó con Bruno. Y no olvidemos el tema de su hermano, Unai. Estar allí solo complicaría mi vida.

—¿No te ha escrito? —me aventuro a preguntar.

Hace tiempo que no me pone al día. Supongo que en parte es culpa mía, porque he estado centrada en mis propios problemas. Además, May acude a una psicóloga aquí en Nueva York, y no sé si lo que más le apetece es contar por partida doble su vida.

—De Bruno no he vuelto a saber nada ni quiero hacerlo. Lo he bloqueado de todas partes, no tiene cómo dar conmigo. Lo único que me interesa que sepa de mí es que lo denuncié después de lo que hizo. Nada más.

Fue muy valiente. No me canso de decírselo y ella lo sabe.

—En cambio, Unai no ha dejado de escribirme ni un solo día.

A veces le contesto, y otras decido ignorarlo.

No me serviría de nada estar aquí y seguir hablando cada día.

De esa forma no desaparecerán los sentimientos que empezaban a aflorar por él.

Y ambas sabemos que lo mejor es que queden encerrados.

Nueva York es una gran oportunidad para mí.

Una nueva vida. May renaciendo de sus cenizas. —Intenta ponerle humor a sus palabras.

Se ha dado cuenta de que la amistad con Unai podía ir un paso más allá y ha decidido cortarla de raíz. Que sea el hermano de su ex le pesa mucho. Estoy convencida de que, si Unai no tuviera relación alguna con Bruno, las cosas serían muy diferentes.

—Tu situación no es mucho mejor que la mía —digo en broma, siguiéndole la corriente. No quiere que sea una conversación seria; lo he notado desde que ha empezado a hablar.

—Gracias por los ánimos, amiga.

—Para eso estamos. Pero una cosa te voy a decir: aunque estemos jodidas, saldremos de esta.

No sé cómo, pero llegará el día en que nuestras vidas, en cuanto a temas de amor se refiere, darán un vuelco. Eso sí, todo depende de nosotras.

—Juntas —afirma.

—Siempre.