Una última vez Capítulo 1 Lara #2
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Capítulo 1 Lara #2

—No, déjame terminar —la corto al momento.

Necesito decirle lo que siento, porque el rumbo que ha tomado la conversación es el idóneo para hacerlo—.

Cuando te llamé para explicarte toda la movida que estaba pasando, ni se me pasó por la cabeza que fueras a proponerme venir aquí.

Tomar distancia del foco del problema es lo mejor que he podido hacer.

Saber que hay esa distancia ahora mismo consigue relajarme, es como que puedo volver a respirar con tranquilidad, y eso es justo lo que necesitaba.

Gracias por estar a mi lado siempre, en especial cuando más lo he necesitado, justo como ahora.

Ahora soy yo la que, sin previo aviso, se abalanza sobre ella para abrazarla. Ella me devuelve el abrazo sin dudarlo. Sin embargo, no noto el mismo entusiasmo que antes cuando nos hemos visto. Y eso me hace ponerme en alerta al momento. Algo va mal, lo sé antes de que abra la boca para hablar.

—Joder, después de escucharte decir eso, va a ser todavía más difícil darte la noticia.

—¿Qué noticia? —pregunto con algo de miedo. Empiezo a temer la respuesta que vaya a darme, y mucho más después del tono de voz que ha utilizado.

—No sé por dónde empezar, porque sé que lo que tengo que decirte no va a gustarte. Pero las cosas han sucedido así y no hay más.

—May, ve al grano y no me hagas sufrir innecesariamente.

Ella siempre se las ingenia para alargar el momento, da muchos rodeos hasta llegar a soltarlo. La obligo a mirarme, porque hasta ahora ha estado mirando a la nada para evitar mirarme a los ojos. Esto no es buena señal.

Cuando su mirada conecta con la mía, siento el miedo reflejado en ella, e incluso se le empiezan a humedecer los ojos.

—Esto no estaba planeado, de verdad que no.

Tal y como te dije, este iba a ser nuestro verano; tú y yo de nuevo juntas.

De verdad que creía firmemente en ello, pero Bruno ha vuelto a hacer de las suyas.

—La sonrisita que le sale cuando pronuncia su nombre no me gusta nada, porque es la que esboza alguien que está enamorado.

Y ella no debería estarlo, pero ese es un tema aparte del que no vamos a hablar ahora. Demasiado extenso para hacerlo.

—Pensaba que lo habíais dejado. —Las palabras se escapan de mi boca. Ella pone cara de circunstancias, sonríe a medias y no sabe dónde meterse.

Cuando toda mi vida dio un giro radical, es decir: hace poco más de una semana, ella me comunicó que Bruno y ella lo habían dejado definitivamente.

Eso de que es la definitiva suele decirlo a la ligera, porque no es la primera vez que rompen y al tiempo vuelven a salir juntos.

Pero había algo en su voz, en ella, que me hizo pensar que esta vez sí que había abierto los ojos de una vez por todas y le había dado una patada a ese chico.

En parte, por eso también me propuso sin dudarlo que viniera aquí a vivir con ella y pasar el verano juntas.

Así que esta información me pilla totalmente desprevenida, y no me gusta lo más mínimo.

Bruno no le hace bien, pero por mucho que alguna vez se lo haya dicho, tiene que ser ella misma la que se dé cuenta.

No puedes abrirle los ojos a alguien que se empeña en tenerlos cerrados.

Todo el mundo necesita darse cuenta por sí solo de las cosas.

Yo la acompañaré en el proceso y le ofreceré un hombro en el que llorar cuando lo necesite.

Que, conociendo su historia, no tardará mucho en necesitarlo.

—A ver, esa es la última información que tienes en tu poder —me informa, y yo asiento.

Porque lo último que sabía era eso, que Bruno y ella habían roto «definitivamente»—.

No me ha dado tiempo a actualizarla, porque todo ha sido muy precipitado.

De un momento a otro, se presentó en casa con un ramo de margaritas, muy arrepentido.

—La sonrisa vuelve a aparecer justo en este momento, y yo me contengo para no poner los ojos en blanco ante esta información.

¿De verdad May ha caído con eso? ¿Con el viejo truco de las flores?

—. Es más mono. Además, con una propuesta que me ha sido imposible rechazar.

—En estos momentos, ya me mira sin miedo y con mucha ilusión en su mirada.

Ahora mismo rebosa felicidad al explicarme esto.

Juro que me encantaría ilusionarme con ella, pero me es imposible.

Cuando conozcáis toda la historia, me entenderéis—.

Me quiere demostrar que apuesta por nosotros y que nuestra relación va en serio.

Algo de lo que siempre sabes que he dudado, porque a veces no lo veía tan implicado como yo.

Pero ahora lo veo, Lara, ahora sí que miramos en la misma dirección para un futuro juntos.

Se ha entusiasmado tanto al decirme esto último que incluso me ha cogido de las manos.

Toda ella desprende felicidad. ¿Quién soy yo para quitársela?

Como amiga suya, solo puedo apoyarla en todas las decisiones que tome, por mucho que no esté de acuerdo con ella, por mucho que no crea que son las correctas.

—Deduzco que volvéis a estar juntos.

—No solo eso, Lara. —Se lleva ambas manos a la boca sin dejar de sonreír—. Sino que también vamos a vivir juntos.

—Espera… ¿Qué? —No miento si digo que me he quedado en shock. Intento asimilar lo que acaba de decirme. Esto sí que no me lo esperaba. Menudo giro dramático de los acontecimientos.

Una cosa es que vuelva a salir con Bruno, y otra muy distinta que se vayan a vivir juntos. Vuelvo a repetirme eso de no entrometerme en la vida de nadie, porque juro que estoy tentada de hacerlo, por mucho que no debo.

—Fue él quien tuvo la idea y a mí me pareció maravillosa. Vivir juntos son palabras mayores, y que quiera dar ese paso significa mucho para mí. Apuesta por nosotros, me demuestra que nuestra relación va en serio y tiene futuro.

Ilusión. Sonrisas. Felicidad. May solo desprende eso en esos momentos.

Le falta poco para ponerse a dar saltos de alegría.

Para ella esta es una noticia maravillosa.

Para mí, bueno, dejémoslo en que es una noticia que no me hace especial ilusión.

Sé que se supone que debería alegrarme por ella, pero temo que su relación se vuelva todavía más tóxica si comparten piso.

—¿Cuándo empezáis a vivir juntos? ¿Habéis estado mirando pisos o…? —Dejo la pregunta en el aire, porque es justo cuando la pronuncio en voz alta que me doy cuenta de todo. Ahora entiendo por qué no iba a gustarme. Todo ha cobrado sentido en apenas un segundo—. Se viene a vivir aquí, ¿verdad?

La miro esperando que me dé una respuesta, aunque sé de antemano cuál va a ser.

Ella termina asintiendo, y a mí se me cae un poquito más el mundo encima.

Si mi vida era un caos, después de esta noticia todavía está más patas arriba.

¿Qué se supone que voy a hacer ahora? Porque me niego rotundamente a compartir piso con la parejita.

—Puedo imaginarme todo lo que se te está pasando por la cabeza en estos momentos.

—Créeme que no.

—Esta noticia te ha sorprendido tanto o más que a mí, estoy segura.

Y entiendo que en estos instantes tu mayor duda es «¿dónde voy a quedarme?

». —Asiento, porque esa pregunta me ronda la cabeza.

Como para no hacerlo—. Aunque tengo muy claro lo que vas a querer hacer y la opción que vas a elegir de las que te voy a proponer, yo debo proponerlas igualmente para no sentirme tan mal amiga.

—May, no eres una mala amiga —digo, muy segura de mis palabras—. Es tu vida, y siempre tienes que pensar en ti, en lo que quieres y en lo que crees que será mejor para ti. En nadie más. Así que me alegro de que te priorizaras por encima de todo.

—Gracias. Sabía que, aunque no fuera a gustarte, me apoyarías.

—Eso siempre. Para eso están las amigas, ¿no? —Asiente de inmediato y yo le sonrío para hacerle ver que todo está bien, que entiendo la decisión que ha tomado, aunque no pienso que sea la más acertada.

Como ya he dicho antes, es ella misma la que se tiene que dar cuenta de las cosas.

No puedo, ni quiero, interponerme en su relación con Bruno.

Es algo que nunca haría, porque la que tiene que darse cuenta de las cosas es ella, no yo.

Así que lo único que puedo hacer es apoyar todas y cada una de sus decisiones, porque es lo que quiere en estos momentos.

Además, está tan feliz que inevitablemente yo me siento contenta de que ella se sienta así.

—Estos últimos días he estado barajando opciones de dónde podrías quedarte mientras estés aquí, ya que no quería dejarte tirada y lo mínimo que podía hacer es darte alternativas.

Agradezco que se haya esforzado en buscar opciones, porque, si no, ahora mismo estaría perdida. Vale que ya lo estoy, pero lo estaría todavía más.

—¿Y cuáles son esas alternativas?

—Puedes quedarte a vivir con nosotros. Tenemos tres habitaciones y…

Ni siquiera la dejo terminar de decir la frase cuando ya la estoy cortando: —Ni de coña, amiga.

Ella suelta una sonora carcajada, y yo no dejo de negar con la cabeza y con mis manos. Lo último que haría sería compartir piso con ella y con Bruno. Lo siento, pero no entra en mis planes hacer algo así.

Cuando mi amiga está con Bruno, tiende a ser demasiado cariñosa; nivel «ser una lapa con su novio e ignorar todo lo que sucede a su alrededor».

Esto es algo que alguna vez he hablado con ella, pero, evidentemente, lo niega.

Creo que no es consciente de cómo se comporta cuando Bruno está cerca.

Desaparece todo y solo existe él. Algo que consigue alejarla de los demás inconscientemente.

—Sabía que no elegirías esta.