Una tumba en Al Ándalus (Gonzalo de Berceo 3)
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Pórtico. La muerte de Lope
PÓRTICO
La muerte de Lope
La muerte de Lope sucede en Córdoba, en la calle y a plena luz del día.
De fondo, el terrible calor de la ciudad en verano.
Primero se oye un griterío, hasta que aparece el grupo por el final de la calle.
Son muchos, los ve venir y echa a correr.
Entiende que van a matarlo y trata de zafarse de ellos metiéndose en uno de esos zocos laberínticos de las medinas árabes.
Hay corredores bajo las casas con puestos que exhiben telas y viandas, y regatones que salen a gritar su mercancía al paseante.
Un comerciante en sedas lo ve cruzar ante su tienda por segunda vez, sin resuello y atemorizado, como dudando si esconderse en el interior de algún comercio. Le hace una seña y le ofrece cobijo. Lope entra. Ha bebido más de la cuenta y no entiende nada de lo que le está ocurriendo.
Pero alguno de los perseguidores lo ha visto guarecerse allí y ya no hay modo de librarlo.
Irrumpen en la tienda, la revuelven de arriba abajo y lo encuentran escondido en un barril de morera.
Lo sacan a la calle y lo acusan a gritos de renegado y de traidor: culpable de haber ayudado a los cristianos a tomar por sorpresa un barrio de la ciudad, culpable de que hayan pasado a cuchillo a los habitantes de aquellos arrabales, culpable de dejar Córdoba entera a punto de caer en manos de los enemigos...
Y tras los gritos, los zarandeos y los insultos lo cosen a puñaladas allí mismo, al sol.
Treinta cuchilladas sucesivas, de frente, por los costados y por la espalda, impiden que caiga al suelo incluso cuando las recibe ya muerto, hasta que la última lo arroja contra el banco que exhibe conos coloridos de especias en una tienda que hay junto a la sedería.
Se levanta una nube irisada de polvo de canela, cardamomo, comino, cilantro, clavo...
, que luego se posa, poco a poco, sobre su cadáver.
Todo vuelve a ocurrir en mis pesadillas, cada cierto tiempo.