12 de octubre
Siendo la rapidez un elemento importante para el éxito de mi engaño, me ha parecido que hoy debía redactar una carta de respuesta a tía Eugenia con la voz de una tal Agnes Dowd.
El estilo de la señorita Dowd es breve y autodenigrante.
Querida lady Spencer Señora Mi estimada lady Spencer:
A Emma le resultan insoportables.
La señorita Lion tiene suerte de contar con una pariente así.
Su deseo de mantener a la señorita Lion en el recto y estrecho camino social es el objetivo de todo lo que hago. No se puede confiar en que una joven comprenda los mecanismos entresijos de lo que más le conviene.
Pese a que aún no está preparada para un matrimonio respetable, estoy ansiosa por ayudarla cuando llegue el momento .
En cuanto a las verrugas, confirmo su existencia, aunque parecen más bien lunares.
Tengo tres: dos en la barbilla y una a un lado de la nariz .*
Enviaré esta carta hoy mismo, ya que Emma y yo tenemos una clase esta tarde: El Hermoso Silencio, el Empeño de Toda Doncella.
Atentamente,
Agnes Dowd
* Es mejor no especificar demasiado.
Más tarde
Me he pasado por casa de Saffronia March sin avisar para pedirle que me transcribiera la carta. Estaba en su estudio, cubierta de pintura y medio distraída.
—¿Qué tontería es esta, Emma?
—Un hábil manejo de una situación engañosa —respondí.
—¿Y quieres que la reescriba?
—Sí. No puede estar escrita de mi puño y letra, y la otra persona a la que se me ocurre pedirle que lo haga es un hombre con una caligrafía bastante rotunda. Haría que tía Eugenia volviera corriendo a Londres.
—Entiendo. ¿Estás segura de que no quieres que incluya las líneas tachadas?
—Totalmente.
—Qué pena.
—¿A que sí?
Utilizó el papel que le proporcioné, un papel fino de un blanco anodino que denotaba una personalidad tacaña, una economía forzada y un alma artística mermada: tres cosas que tía Eugenia valora.
—Podrías meterte en un lío, Emma —me advirtió la señorita March mientras volvía a centrarse en el cuadro que tenía en el caballete.
—No sería la primera vez.
—Ajá.
Pero el trabajo me la había arrebatado. Tras despedirme (sin que se diera cuenta), volví a casa y envié la carta con la confianza de que sería capaz de manejar la situación.
Porque soy capaz.
¿No?