Una señorita muy poco victoriana (Los diarios de Emma M. Lion 4) 6 de octubre
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6 de octubre

Islington, el duque de, salía del Reed and Rite justo cuando Emma M. Lion entraba.

La escena fue como sigue:

—Disculpe —murmuré en tono cortés.

—Disculpe.

Y entonces llegó el momento del reconocimiento mutuo.

—Hola, Su Excelencia.

—¿Su Excelencia, señorita Lion? ¿En serio?

—¿Puede negar que ese es el saludo apropiado para el título que ostenta?

—Como quiera. Espero que me llame Su Excelencia en todo momento. La pondrá en su sitio.

—Islington, no sea tan formal.

Una levísima oscilación en su expresión seria.

—¿Desean tenerla como clienta aquí, en el Reed and Rite? —dijo para provocarme.

—Mi humilde óbolo vale tanto como el de un duque.

—Qué bíblica, señorita Lion. ¿Irá a la iglesia mañana?

—Sí, muy piadosamente, Islington. ¿Y usted?

—Aún está por decidir. Sin embargo, tengo la tarde libre.

Y así lo invité a tomar el té.