Una señorita muy poco victoriana (Los diarios de Emma M. Lion 4) 4 de octubre
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4 de octubre

Esta mañana ha llovido.

Dentro y fuera.

Al parecer, hay una gotera nueva en el tejado de la buhardilla oeste.

Tras encontrar un viejo cubo de metal para recoger el agua, le pregunté a Teobaldo si podría repararla mientras yo estaba en el Reed and Rite. No me hizo ni caso y fue a echarse una siesta sobre el viejo cojín que hay junto a la ventana.

Dieciocho cartas para Pierce.

¿Quién es toda esa gente?

Más tarde

La tarea de arreglar el tejado ha recaído sobre Parian.

—¡Pero si no sé hacerlo! —protestó.

—Se las ingenió para construir un destilador en Lapis Lazuli Minor antes de que el señor Pierce se mudara, ¿no?

Se le sonrojaron las mejillas, pero no admitió verbalmente el delito.

—Espero que ponga ese ingenio en práctica. Usted solo piense que el primo Archibald no puede seguirle hasta el tejado. Será un respiro bien merecido. O al menos merecido. O al menos un respiro. Merecido o no.