10 de agosto
Té con tía Eugenia y Arabella.
Después de un sermón interminable sobre las Conductas que Debo Exhibir en el baile que se celebrará en casa de la duquesa de Bedford, nos ordenaron sentarnos en silencio y reflexionar sobre el pequeño espacio que ocupamos en el universo. Arabella rompió el humilde periodo de reflexión cuando dijo:
—He recibido una carta de Damian. Nos manda todo su cariño.
Antes de que me diera tiempo a responder cualquier cosa, tía Eugenia declaró:
—No menciones su nombre. En estos momentos no reconozco tener un hijo.
—Oh —dije con una mirada de complicidad—. Entiendo entonces que no volverá para asistir al baile de la duquesa de Bedford del 23.
—Por supuesto que no —contestó tía Eugenia, y con un resoplido desdeñoso nos dejó solas.
Miré a Arabella inquisitivamente.
—Ni en broma es verdad eso de que Damian nos manda todo su cariño.
—Tienes razón —reconoció Arabella—. Me lo he inventado. Lo que me pregunta en la carta es si tú o yo tenemos algo que podamos vender, pues se ve que mamá le ha recortado la paga y anda mal de dinero.
Eso sí que suena típico de mi querido primo.
—Pero Damian es ahora lord Spencer. ¿No tendría que disponer de esos fondos?
Arabella me lanzó una mirada elocuente, como preguntándome si acaso no conocía a su madre.
Touché .
Le pregunté a Arabella si sabía por qué Damian había caído en desgracia con tía Eugenia.
—Creo que anda corriendo por las calles de Roma detrás de una chica italiana. Y mamá no aprueba eso.
—Imagino que no —dije—. Aunque, si se casara con una italiana, tendrían hijos preciosos.
Arabella se encogió perezosamente de hombros.
—Mamá no aprueba la belleza si no es totalmente inglesa.
Un té inglés es un asunto muy partidista.