Una señorita muy poco victoriana (Los diarios de Emma M. Lion 3) 26 de julio
37%

26 de julio

Arabella me ha invitado a acompañarla hoy a tomar el té.

Sabía por qué y casi me echo a llorar.

¿Acaso no acababa de disfrutar ya de un lujoso aguachirle?

Arabella pidió un té dilatado y dispendioso —«Engordemos, Emma.

Nos lo merecemos»— y, mientras esperábamos a que llegara, Arabella hizo algo que rara vez le había visto hacer.

Dejó que la preocupación se mostrara de tal manera en su rostro que acabaron formándosele tres arrugas: una entre las cejas y dos en la frente.

Me preparé para lo peor.

—¿Estarás bien mañana?

No quería ser frívola, y menos después de ver que Arabella acababa de ofrecer su rostro sin par a la causa, pero tenía muy poco que decir sobre el tema.

—Supongo que estaré bien.

—Humm…

Llegó el té y, desaparecidas las arrugas, empezamos a enfrentarnos con la montaña que nos habían puesto enfrente. Si quisiera tentar a la suerte, invitaría a Arabella y a Jack a tomar el té. El resultado sería una maravilla.

—El año pasado no estuve contigo, ya sabes —dijo Arabella al cabo de un rato—. Ni el año anterior.

Por suerte, tenía la boca tan llena que no me vi obligada a responder.

Arabella me miró a los ojos.

—Este año no tendrás que estar sola.

Tragué por fin.

—Estaré bien, Arabella. Solo quiero dar un paseo agradable, una larga tarde de lectura y quizá un baño. Y, teniendo en cuenta que tu madre no me ha dado órdenes concretas, espero pasar un día tranquilo y encantador a mi aire.

Arabella me sorprendió de nuevo mostrándose pensativa.

—No estoy convencida de que lo que necesites sea precisamente un día tranquilo.

—¿Pues qué sugieres entonces? ¿Que asaltemos el Parlamento?

Arabella sonrió.

—Mis preocupaciones nunca van en sentido político, Emma.

—Pues las mías no discriminan.

—Desde luego que no —repuso Arabella con una sonrisa irónica.

Bebió un sorbito de té y el tema desagradable cayó en el olvido.

Mañana será como cualquier otro día.

Estoy casi segura de ello.