EPÍLOGO II #2
Gime suavemente contra mi boca, y ese sonido basta para quebrar lo poco que queda de mi control. Con un movimiento rápido, le paso un brazo por debajo de los muslos y la levanto en el aire; se ríe sorprendida y la dejo caer con suavidad sobre la cama.
Elowen aterriza entre las sábanas con un brillo travieso en los ojos; el albornoz se le abre un poco y deja al descubierto más piel de la que mi cordura puede soportar.
Me inclino sobre ella y le sujeto las muñecas por encima de la cabeza con una mano, mientras con la otra le recorro la cintura despacio.
—Eres mía —murmuro contra su piel, con la voz ronca de deseo contenido.
—Siempre lo he sido —susurra ella, y se arquea contra mí en busca de más contacto, más calor.
Todo mi cuerpo reacciona al suyo, pero me obligo a detenerme, a saborear cada segundo. Cada beso que le dejo en la clavícula, cada suspiro que le arranco de los labios.
Todavía no la poseo del todo. En lugar de eso, alargamos el momento y nos perdemos en el tacto, en el sabor, en la promesa de todo lo que aún está por llegar. Como si el mundo entero pudiera esperar y ahora solo importáramos nosotros dos.
Sonrío contra su piel y la siento estremecerse bajo mis labios.
—No tienes ni idea de lo que acabas de empezar, mi bailarina —murmuro mientras le deslizo los dedos despacio por el muslo desnudo.
Elowen se muerde el labio, con los ojos brillantes de provocación y deseo.
—Entonces demuéstramelo, señor Thalassinos —me desafía con voz ronca, y alza las caderas pidiendo más.
Suelto una risa grave que vibra entre los dos.
—Te vas a arrepentir de haberlo pedido —prometo con la boca rozándole la oreja, y le arranco un gemido involuntario—. Voy a tenerte despierta toda la noche... celebrándolo como solo sabemos nosotros dos.
Deja escapar un suspiro tembloroso y me atrae hacia ella mientras me rodea la cintura con las piernas.
—Bien —susurra contra mi boca—. Mañana quiero sentirte en cada parte de mí.
Mi respiración se vuelve pesada y mi autocontrol pende de un hilo.
—Lo recordarás, Elowen —prometo, con la voz tan cargada de deseo como el aire entre los dos—. Voy a tatuarte cada instante de esta noche.
Ella sonríe con picardía y me atrae la cara hacia la suya para otro beso profundo y húmedo, lleno de promesas calladas.
Y mientras nuestros cuerpos se funden entre el calor de las sábanas, sé que esta celebración no es más que el principio.
❤
—Camile —empieza Elowen—, tenemos una noticia que darte.
Nuestra hija deja de hablar de inmediato, con los ojos muy abiertos por la curiosidad.
—¿Me vais a regalar un poni? —pregunta esperanzada.
Me río al recordar sus recientes campañas para conseguir una mascota más grande que Chalk.
—No exactamente —digo—. Pero es algo aún mejor.
—¿Qué puede haber mejor que un poni? —pregunta escéptica.
Elowen le coge la mano con delicadeza.
—¿Qué te parecería tener un hermanito o una hermanita?
El silencio que sigue resulta casi cómico. Camile nos mira mientras asimila la información.
—¿Un bebé? —pregunta por fin—. ¿En la barriga de mamá?
—Sí, mi amor —confirma Elowen.
El grito de alegría que sigue probablemente despierta a todo el vecindario. Camile salta de la silla y baila por toda la cocina con su peculiar versión de una celebración.
—¡Voy a ser hermana mayor! ¡Voy a enseñarle a bailar al bebé! ¡Y a leer! ¡Y a molestar a Chalk!
Como si lo hubieran invocado, Chalk aparece en la puerta de la cocina y observa el alboroto con su habitual desdén felino.
—¡Chalk! —Camile corre hacia él—. ¡Vamos a tener un bebé!
El gato la ignora olímpicamente, más interesado en su cuenco de comida. Pero eso no impide que Camile lo coja en brazos, lo siente en su regazo y celebre con él a su manera.
❤
Los meses siguientes pasan en un torbellino de preparativos, citas médicas y el entusiasmo creciente de Camile. El embarazo de Elowen avanza sin complicaciones, para nuestro inmenso alivio.
El estudio comunitario abre sus puertas con gran éxito y hace realidad el sueño de Elowen de que la danza esté al alcance de todos. Ella sigue dirigiendo sus programas en la Academia Swan mientras supervisa el nuevo centro, y encuentra el equilibrio perfecto entre sus pasiones.
Yo también he encontrado mi equilibrio. Thalassinos Holdings sigue prosperando, pero ya no es el centro de mi existencia. La familia es lo primero. Siempre.
Una noche, mientras Elowen duerme plácidamente a mi lado, con la mano apoyada de forma protectora sobre su vientre, ya muy abultado, me levanto para ver cómo está Camile.
La encuentro dormida, abrazada a un osito de peluche, con Chalk acurrucado a los pies de la cama en una inusual muestra de afecto. La escena me inunda de una paz que nunca creí posible.
De vuelta en nuestro dormitorio, mi mirada se posa en la mesilla. Allí está la nota enmarcada, esas tres palabras que lo cambiaron todo: «Me despertaste».
Junto a la primera nota hay otro pequeño marco, colocado con cuidado:
«Y tú me enseñaste a vivir».
Me quedo ahí de pie, en silencio, absorbiendo el peso, sencillo e inmenso, de aquella frase. Dos pequeños marcos, uno junto al otro, que cuentan nuestra historia mejor que cualquier fotografía.
Me tumbo junto a Elowen y cierro los ojos. La última imagen que ocupa mi mente es la de Elowen bailando esta tarde en el estudio, rodeada de sus alumnos, embarazada de nuestro segundo hijo, radiante de alegría y determinación.
Por fin comprendo lo que significa estar completo. No a través del control, sino de la entrega. No a través de la perfección, sino de la aceptación de las hermosas imperfecciones de la vida.
De pronto me invade la absoluta certeza de que cada instante de dolor, cada pérdida y cada miedo me han traído hasta aquí. Y aquí, con mi familia, con mi amor, con mi vida, es exactamente donde debo estar.
Y por eso, por ella, por nuestra familia y por mi absoluta y completa falta de control sobre todo lo que tiene que ver con ellas, estoy profundamente agradecido.
FIN.