Una Mujer Inexplicable (La Serie de Misterios Históricos de Tabitha y Wolf 4) Capítulo 18 #2
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Capítulo 18 #2

—En realidad sí, pero solo una vez y de forma muy breve.

Veamos… Era de estatura y complexión medias, con el pelo castaño oscuro, de una longitud poco moderna y que le caía sobre un ojo.

Su rostro parecía fijado en una mueca hosca, como si todo y todos los que veía le desagradaran.

Era joven, probablemente no llegase ni a los veinte años, pero poseía la arrogancia de un hombre de grandes logros que le doblara la edad.

Sé que Danielle había intentado tratarlo con bastante amabilidad.

Además, era demasiado mayor para él, y ella no era una de esas actrices que buscan a un hombre con título para que la mantenga como su amante.

Pero el vizconde Tobias no se daba por vencido.

Mientras Arlene describía al joven, la viuda palideció visiblemente. Se puso en pie y dijo, de forma bastante abrupta:

—Discúlpeme, querida Lady Archibald. Pero de repente me está entrando un dolor de cabeza terrible, y creo que debo volver al hotel y acostarme.

Independientemente de si Arlene había notado el cambio en la viuda mientras hablaba, tuvo la cortesía de no comentar nada.

Antes de que Wolf se diera cuenta, volvían a estar con sus abrigos puestos y en el carruaje.

Wolf consultó su reloj de bolsillo y vio que apenas habían transcurrido quince minutos desde que habían entrado en la casa.

La viuda estuvo inusualmente callada durante todo el trayecto de vuelta.

Normalmente, a Wolf no le habría importado la paz y el silencio, pero estaba genuinamente preocupado de que la viuda pudiera estar enferma.

Finalmente, cuando estaban a punto de detenerse ante el Grand, dijo suavemente:

—Lady Pembroke, debo preguntarle, ¿cómo de fuerte es su dolor de cabeza? ¿Debería llamar a un médico?

Durante todo el trayecto en el carruaje, la normalmente imperturbable condesa viuda había estado mirando por la ventana, perdida en sus pensamientos. Se giró para mirar a Wolf y respondió:

—El vizconde Tobias Williams es mi ahijado. Su abuela, Charlotte, Lady Warwick, es mi única y verdadera amiga en este mundo. Sabía que el chico había desarrollado cierta rebeldía, pero no puedo creer por nada del mundo que sea capaz de un asesinato.

Fuera lo que fuese lo que Wolf creyera que había causado el repentino cambio en la viuda, no esperaba que dijera aquello.

—¿Sabía usted que estaba en Brighton? —preguntó él.

La viuda negó con la cabeza con tristeza:

—En la última carta que recibí de Charlotte, me escribió que su hijo Clarence, el conde, no sabía qué hacer con el muchacho.

Tobias había estado en Cambridge, pero lo habían expulsado por multitud de infracciones.

Usted sabe mejor que yo el mal comportamiento que se suele tolerar en Oxford y Cambridge por parte de los hijos de la nobleza.

Solo puedo imaginar lo espantoso que debió de ser el suyo para cruzar esa línea.

Wolf asintió. Aunque él no había tenido ni el dinero ni la inclinación durante sus días en Cambridge, lo cierto es que había conocido a muchos hijos rebeldes de la aristocracia, que habían hecho todo lo posible por deshonrar sus apellidos y, aun así, se las habían apañado para permanecer en la universidad. La viuda continuó:

—Charlotte escribió que Tobias había ido a verla para pedirle dinero con el que saldar unas deudas de juego. Parecía que tenía miedo de pedírselo a su padre.

—¿Le dio ella el dinero?

—Se lo dio. Pero en contra de su buen juicio.

Sin embargo, es su único nieto y siempre ha adorado al muchacho.

Demasiado, si me pregunta. La última vez que supe de ella fue hace unas ocho semanas.

He estado tan ocupada con el arresto de Manning y con el viaje a Escocia que no he podido responder a su carta.

Ahora, no tengo ni idea de lo que le voy a decir.

—Se volvió hacia Wolf con auténtica desesperación en el rostro—: Wolf, debe abandonar esta investigación de inmediato.

No puedo ser la causa de que el nieto de Charlotte acabe en el patíbulo.

Wolf no sabía qué responderle. Iba en contra de todo aquello en lo que creía pasar por alto intencionalmente un crimen por una conexión personal con su autor. Pero ni siquiera sabían si el vizconde Tobias era la persona que había atacado a Danielle. Así es como le respondió:

—Lady Pembroke, no nos adelantemos. ¿Querría usted que dejara de investigar incluso si resulta que Lord Tobias no tuvo nada que ver con el asesinato?

La viuda negó con la cabeza, pero respondió:

—Le conozco, Jeremy. Si investiga y luego descubre que él mató a esa mujer, se sentirá obligado a actuar. La única forma de salvar a Tobias es dejar de investigar mientras no estemos seguros de nada.

—¿Y dejar que un hombre potencialmente inocente sea ahorcado por el crimen?

—preguntó Wolf. Porque ese era el quid de la cuestión.

Si no hubiera habido ningún sospechoso arrestado, tal vez, y solo tal vez, habría contemplado la petición de la viuda.

Pero no podía ver cómo un hombre inocente subía al patíbulo sabiendo que él podría haber hecho algo para evitarlo. Insistiendo, Wolf continuó:

—Si no hubiéramos intervenido, Manning habría sido ahorcado por un crimen que no cometió. Usted fue la persona que insistió en que hiciera todo lo que estuviera en mi mano para evitar que eso ocurriera. ¿Acaso Robert Charles merece menos?