Una madre para mis gemelos Capítulo 60. Averiguaciones.
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Capítulo 60. Averiguaciones.

Julián se dirigió a un café, en el norte de la ciudad, para reunirse con el detective Rick Barnes, un viejo amigo de sus días en la universidad.

Barnes había servido veinte años en el Departamento de Policía de San Diego antes de trasladarse a San Francisco por asuntos familiares. Era de esos hombres que nunca dejaban de oler a cuero y café fuerte, y miraban con recelo.

—¡Holt! Siempre tan puntual, nunca cambias —comentó Barnes cuando vio a Julián acercarse a la mesa donde se encontraba, al final de recinto.

—Cuando se trata de un asunto como este, no puedo darme el lujo de llegar tarde —respondió Julián sentándose frente a él.

El detective asintió con gravedad.

—No fue difícil conseguir la copia del informe sobre lo sucedido en el bar Seven el fin de semana, pero debo advertirte, Liam movió algunos hilos. Parece estar muy decidido a atrapar al hombre que lo atacó.

Julián apretó los labios.

—Solo quiero saber la versión oficial. Él me contó una que por alguna razón creo que está incompleta.

Ya sabes, los jóvenes piensa que los viejos somos de cristal y buscan no angustiarnos ocultándonos información.

Pero pasa que mis nietos están inmiscuidos y yo no puedo tomar ese asunto a la ligera.

Barnes abrió una carpeta de cartón, de esas que no deberían salir nunca de una oficina de policía, y mostró fotocopias de declaraciones, fotografías, retratos hechos a lápiz y reportes médicos.

—Aquí está todo —dijo, y la empujó hacia él—. Denuncia formal de agresión con lesiones, intento de secuestro y amenaza agravada. El denunciante principal es Liam Hamilton.

Julián abrió la carpeta. Lo primero que descubrió fue el nombre de Marco Smith subrayado varias veces, junto con una descripción física detallada. El retrato a lápiz era el suyo.

—¿Intento de secuestro? —preguntó, con incredulidad.

—Eso es lo que figura en el reporte. Hamilton dijo que el sujeto, identificado como Marco Smith, irrumpió en el bar buscando a Emma Bowen.

Intentó llevársela a la fuerza, pero él lo impidió.

Admite haberle dado el primer golpe porque estaba maltratándola.

Smith le respondió golpeándolo también y hasta sacó un arma, pero al aparecer la seguridad del bar lo amenazó y escapó.

Los testigos confirmaron parte del altercado, aunque nadie pudo corroborar que a la mujer intentara sacarla del lugar porque eso no lo vieron.

Julián frunció el ceño, hojeando las páginas.

—¿Y la declaración de Emma?

Barnes respiró hondo.

—Esa parte es más delicada. Ella declaró que Marco Smith era su expareja, que había vivido con él en Salem, Oregón. Según su testimonio, él la maltrataba física y verbalmente, la controlaba y, en una de las agresiones, provocó que perdiera un embarazo. Por eso huyó y se vino a San Francisco.

Julián levantó la vista, perplejo.

—¿Eso está en un documento oficial?

—Firmado ante la policía. Además, hay constancia de que Hamilton pidió medidas de protección para ella y para sus hijos, porque la amenaza de Smith fue dirigida hacia ellos en especial.

—¡¿A los niños?! —preguntó alarmado.

—Ese tipo de sujetos, si ven que alcanzar su objetivo es imposible, buscan a alguien cercano para manipularlos o negociar. Quiso llevarse a la mujer y Hamilton no se lo permitió, así que es posible que amenace con hacerles daño a los niños si sigue interviniendo.

El silencio se extendió entre ambos. El bullicio del café parecía desvanecerse detrás del golpe de aquellas palabras.

Julián cerró con lentitud la carpeta y la empujó hacia el centro de la mesa.

—He oído historias de ese tal Marco, que dicen que no es ningún santo, pero tampoco el monstruo que pintan en este informe. Como policía, crees que sea posible que Emma esté mintiendo y en realidad esté trabajando con él buscando manipular a Liam.

El detective lo observó con cierta compasión.

—Como policía, yo saco conclusiones en base a pruebas. Para nosotros lo que cuenta es lo que queda en el papel.

—¿Y qué clase de pruebas te hacen pensar lo contrario?

Rick abrió de nuevo la carpeta.

—Fotografías de las lesiones de Hamilton y de la señorita Bowen, así como sus informes médicos —dijo, mostrándole las imágenes a las que hacía referencia.

Allí Julián pudo ver cómo el brazo de Emma había quedado amoratado por la forma en que Marco la había tratado—.

También hay redacciones de las declaraciones de los testigos, no solo amigos de ellos sino de personas del bar.

Y Hamilton entregó una copia de los informes de la ginecóloga de la señorita Bowen, que certifica que ella tuvo un aborto por culpa de una agresión.

Todo eso me hace pensar que lo que declaran Hamilton y Bowen es cierto.

—Maldición —exclamó Julián y revisó con mayor atención el parte policial.

Al notar que además había una declaración de Darryl Tucson, el amigo de Liam, se extrañó.

—¿Marco también atacó a Darryl?

—No ese día. Eso sucedió unas semanas antes, en el estacionamiento de la constructora.

Un encapuchado con la misma descripción física de Smith atacó a Darryl confundiéndolo con Hamilton y lo amenazó con matarlo si no se apartaba de la señorita Bowen.

Hay video de seguridad y un informe hospitalario en esa denuncia.

Como ves, el tipo está obsesionado con esa mujer.

No piensa dejarla en paz y hasta sería capaz de matarla si la alcanza.

Julián apretó el puño.

—Esto se ve como una historia perfectamente tejida.

—Y lo es —confirmó el detective—. Hamilton también entregó el móvil de la señorita Bowen para que le hicieran una copia de seguridad al chat donde Smith le escribió en varias ocasiones, la amenazó por haber huido de él luego del aborto. Para serte sincero, el tipo es bastante aterrador.

Julián se recostó en la silla, exhalando con frustración.

El asunto con Marco Smith parecía muy delicado. El sujeto en verdad representaba un serio peligro. Y por lo que leía, Emma no resultaba una cómplice, sino una víctima de aquel hombre.

Liam lo que hacía era protegerla, pero, ¿por qué motivo? ¿Estaría enamorado de esa mujer?

Por lo que recordaba, se conocieron en la universidad. ¿Habría ocurrido algo entre ellos en el pasado?

Eso era lo único que podía justificar el hecho de que se empeñara en proteger a Emma de ese tipo violento, sin importarle si ponía en riesgo la vida de sus hijos.

—Tendré que averiguar más sobre Marco Smith. Necesito saber todo de él —dijo Julián, con firmeza—. ¿Conoces a alguien en la policía de Seattle y en Salem que pueda ayudarme?

—Tengo algunos conocidos, podría ponerte en contacto con ellos —aseguró Rick, y tomó una servilleta antes de comenzar a buscar en su móvil los números de teléfono que su amigo necesitaba.

—Gracias, necesito saber por qué, si este hombre es tan violento, no lo han arrestado antes.

Barnes lo observó en silencio, hasta que asintió despacio.

—O es muy astuto, alguien podría estar protegiéndolo. Si es así, ten cuidado Julián. No vayas a terminar atrayendo a ese hombre hacia ti.

Julián tomó la servilleta donde estaban apuntados los números de teléfonos de las personas con las que podía comunicarse en Seattle y Salem. Iba a ocuparse de ese asunto cuanto antes, no podía darle largas por la seguridad de sus nietos.

Pagó la cuenta y salió del café sintiendo el aire fresco golpearle la cara y sin dejar de pensar en Marco Smith y su historial de problemas.

Si ese hombre de verdad era un gran peligro, había que detenerlo cuanto antes.