Una madre para mis gemelos Capítulo 59. Posible estafa.
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Capítulo 59. Posible estafa.

Liam se encontraba en su oficina concentrado en la revisión de los nuevos proyectos que habían llegado a su mesa cuando Darryl entró con un fajo de carpetas en la mano y el ceño fruncido.

—¿Muy ocupado, amigo?

—Más o menos —respondió Liam, sin apartar sus ojos de los planos que revisaba.

—Lamento molestarte, pero quería traerte esta información antes de que cometieras el error de interesarte en ella —dijo sin preámbulos, atrapando así la atención de su socio.

—¿De qué se trata? —consultó recostándose en su silla.

Darryl dejó caer los documentos sobre el escritorio con un golpe seco.

—Es sobre el proyecto urbanístico que organiza GreenLake Urban, que te ofreció Julián Holt a cambio de la custodia de tus hijos.

—¿Qué pasa con él? —quiso saber Liam endureciendo las facciones del rostro. Eso le recordó la pelea que tenía con sus suegros por la custodia de sus hijos.

—Que este negocio huele mal. Muy mal, amigo. Creo que el dinero que Julián invirtió en él está en riesgo.

El silencio se expandió en la oficina. Liam entrelazó los dedos sobre el escritorio y miró las carpetas con recelo.

—¿A qué te refieres con «huele mal»?

—A que no hay manera de que esto sea legítimo —respondió Darryl y abrió la primera carpeta—. Las supuestas firmas asociadas, no están asociadas en realidad a ese proyecto. Algunos ni siquiera han recibido noticias de este trabajo. Las firmas menores no existen y algunas fueron cerradas años atrás.

Liam, que en aquella ocasión solo le había echado una mirada a aquella información, tomó la carpeta para revisarla con mayor atención.

—El diagrama de los terrenos está muy bien presentado, pero verifiqué la ubicación y la dirección no es clara. Hay una serie de lotes desocupados en esa zona, pero ninguno ha sido vendido a esa compañía GreenLake Urban.

—¿Los terrenos no existen?

—Sí existen, pero no están comprometidos a ellos.

Además, averigüé sobre GreenLake Urban y no encontré registros comerciales, ni siquiera en la base de datos de la cámara empresarial, o en las redes profesionales.

También investigué a los directores y uno de ellos pertenece a una empresa fantasma registrada hace un año con dirección en un local vacío de Tacoma. Del otro no hallé datos.

Liam apretó la mandíbula.

—Julián me dijo que iba a invertir en esto porque unos buenos amigos de él están involucrados.

—¿Qué buenos amigos? Lo que investigué me da a entender que el asunto es una estafa.

Esa empresa no ha llevado a cabo ningún proyecto de esas dimensiones en la ciudad hasta ahora, solo actividades menores de contratistas.

Los supuestos directores no son gente reconocida y no hay información de ningún consejo directivo o de equipos de trabajo.

Liam se apretó el puente de la nariz.

—Julián lo presenta como una oportunidad única.

—Y en teoría lo es. Tiene posibilidad de expansión. Formar parte de un proyecto de ese calibre te asegura años de buenos ingresos, las promesas de retorno son altísimas y supuestamente, los inversores están respaldados por capital extranjero, pero no especifica la procedencia exacta de ese capital.

—¿Es posible que estén estafando a Julián? —se preguntó confundido.

Darryl suspiró.

—Hice algunas preguntas discretas, así me enteré que sí hubo una presentación de ese proyecto en un evento privado hace casi un año y con gente influyente. No dieron acceso a cualquiera, pero cuando quise pedir informes de inversión o balances de aportes me encontré con una pared de concreto.

Liam hojeó el informe que tenía en sus manos, en silencio. Los números lucían coherentes, aunque había algo artificial en su precisión. Se notaban demasiado limpios, demasiado perfectos.

—¿Y los reportes de movimientos?

—No existen —contestó Darryl—. No hay trazabilidad de capital. Se supone que el dinero está en un fideicomiso internacional, pero no hay constancia de transferencias.

Liam se recostó en el respaldo de la silla recordando la conversación que había tenido con Julián sobre el tema. Él le había hablado de ese proyecto como si fuese el futuro de la constructora, el gran salto de la compañía hacia el mercado de desarrollo urbano sostenible.

Resultaba tan bueno que supuso que él sería incapaz de rechazarlo, por tanto, podía intercambiarlo por la custodia de sus gemelos sin ningún problema.

—¿Cómo es posible que ese hombre, que es tan meticuloso con sus cosas, esté siendo estafado de una forma tan descarada? —murmuró Liam.

—Tal vez está confiando ciegamente en sus amigos. Si tú me pasas un proyecto para inversión y me dices que es genial, yo confío en tu criterio y lo firmo.

—¿No averiguarías más del asunto?

—No, porque supongo que ya tú lo hiciste.

—¿Y si yo no he hecho nada? —preguntó molesto—. Aquí eres tú el encargado de los chismes.

Darryl lo observó con una ceja arqueada.

—Estoy seguro que nunca me empujarías a un proyecto del que no tengas el mínimo de información. Te conozco. Eres desconfiado y receloso, ni siquiera en tu suegro confías.

—¡Eso mismo pensaba de Julián! —exclamó Liam, fastidiado.

—Pero no sabemos qué motivos tiene él para confiar en ese asunto con tanta firmeza. Tal vez, perdió su toque y está en esa edad en que nada le importa.

Liam respiró hondo y estuvo pensativo un instante antes de hablar.

—No quiero pensar que me lanzó esta propuesta como una trampa para hacerme caer. De esa forma no solo me quitaría a mis hijos, sino también, me empujaría al fracaso.

Darryl resopló.

—Yo tampoco quiero creerlo. Firmar un memorando de entendimiento con GreenLake nos implicaría en una operación fraudulenta. Eso mancharía el nombre de la constructora, destruyéndonos casi por completo.

—Julián sabe lo importante que es para mí mantener esta empresa a flote. Es el legado de mi padre, que yo le prometí cuidar cuando aún estaba convaleciente.

Darryl estuvo callado un instante, luego abrió una de las carpetas. Dentro se hallaba un informe delgado, con una hoja de notas escritas a mano.

—Uno de mis contactos en la división de licencias municipales me dijo que GreenLake presentó hace tres meses los permisos preliminares para esa supuesta urbanización, pero nunca se completó el proceso.

Los planos están registrados, aunque sin firmas técnicas.

Lo curioso es que en la carpeta digital figuran sellos de ingenieros que trabajan con constructoras de renombre fuera del país.

Liam alzó la vista.

—¿Están falsificando firmas?

—No lo puedo aseverar, pero hay algo manipulado. De ser así, no es un simple error administrativo.

Liam se levantó y caminó hacia el ventanal. Desde allí podía ver el horizonte de Seattle entre la bruma.

—Tendré que hablar con Julián de esto. Si no sabe nada, debo advertirle, pero si sabe algo y me trajo ese proyecto con mala intención, tendré que encararlo. Esta empresa es todo lo que tengo, lo que voy a dejarle a mis hijos, no puedo creer que él haya pensado, siquiera, en destruirla.

—Quizás, si quedas arruinado, él tendría más oportunidad de quedarse con los gemelos.

Liam traspasó a su amigo con una mirada letal.

—En ocasiones no me gusta tu humor.

Darryl escondió la sonrisa para no pincharlo más con ese asunto y caminó hacia la puerta.

—Allí te dejo toda la información para que se le muestres a Julián, así él no podrá decir que nosotros queremos arrancarle la oportunidad de su vida de las manos por envidia.

Al quedar solo, Liam respiró hondo y fijó su mirada de nuevo en la ciudad. Rogaba porque el motivo por el que Julián le había llevado ese proyecto haya sido por confiar mucho en sus amigos y no con mala intención. Eso podría terminar de romper el delgado hilo que aún los unía.