Una madre para mis gemelos Capítulo 56. Ser sincera.
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Capítulo 56. Ser sincera.

Emma agradeció el silencio y la calma de la casa para pensar en su situación mientras doblaba mantas limpias y las colocaba dentro de un armario en el área de lavandería.

Solo ella, la cocinera y los vigilantes se encontraban dentro de la propiedad, lo que le concedía un ambiente ideal para mantenerse serena y así tomar decisiones determinantes.

Llamó a sus padres dispuesta a aclarar con ellos los temas que tenían pendientes. Por seguridad, y para mantener la paz mental de ellos, decidió ocultarles muchas verdades, como la difícil relación que tenía con Marco y el sitio donde había huido escapando de él.

Era hora de sincerarse con sus padres y hacerlos partícipes de los cambios que su vida tendría en el futuro.

—¿Emma? —respondió la voz de su madre, cargada de reproche y alivio a la vez—. ¡Por fin decides llamarnos! ¿Por qué nos castigas con tanto silencio?

—Hola, mamá, disculpa —contestó en voz baja, sintiendo cómo su garganta se cerraba—. ¿Cómo están? Yo he tenido que ocuparme de varios asuntos, por eso he estado desconectada.

Ella escuchó que su madre murmuraba con su padre para informarle de su llamada y ponerla en alta voz para que ambos la escucharan.

—Estamos preocupados, hija —dijo la mujer—. Te has alejado de nosotros. Apenas sabemos de ti.

Emma apretó el teléfono contra su oído y cerró los ojos.

—Lo sé, perdón por no llamar antes. Es que he estado ordenando mi vida.

—¿Ordenando? —repitió su madre con incredulidad—. ¿Y por qué no aquí, en casa? Aquí tienes tu cuarto y todo lo que necesitas.

Emma salió de la zona de lavandería y fue a la terraza dejándose caer sobre un sillón.

—Mamá, papá, es que no estoy en Seattle.

Hubo un silencio al otro lado de la línea, seguido de un murmullo apagado entre sus padres.

—¿Dónde estás entonces? —preguntó su padre.

Emma respiró hondo.

—En San Francisco. Vivo con mis amigas, Lidia y Carla. ¿Las recuerdan? Ellas me han apoyado mucho.

La madre soltó una exclamación ahogada.

—¡¿En San Francisco?! ¡¿Desde cuándo?! ¡¿Por qué nos ocultaste algo así?!

—Porque no quería que se preocuparan —dijo Emma, con un hilo de voz—. Tenía miedo de que no me entendieran.

—¿Y qué deberíamos entender? —insistió su padre, ahora con tono más duro.

Emma se mordió el labio y decidió ser honesta con ellos.

—He vuelto a ver a Liam Hamilton. ¿Se acuerdan de él? Mi antiguo novio de la universidad.

Su madre guardó silencio, su padre emitió un resoplido incrédulo.

—Claro que lo recordamos, pero, ¿qué tiene que ver él con lo que te pasa?

—Es que nos reencontramos y… vamos a casarnos.

La noticia cayó como una piedra en el agua. Hubo segundos eternos de silencio antes de que la voz de su madre resonara.

—Emma, cariño, no puedes hablar en serio.

—Sí lo hago, mamá. Sé que para ustedes es sorpresivo, porque no les había dicho nada, pero desde que llegué a San Francisco he estado en contacto con él, compartimos tiempo juntos.

Nos reencontramos con esa relación que tuvimos en el pasado y luego de mucho pensarlo, tomamos la decisión de casarnos.

—Emma, pero, ¿qué pasará con Marco, hija?

—consultó su padre—. Tú saliste de esta casa con él, muy ilusionada por crear a su lado una familia.

Sé que tuvieron un inconveniente y entiendo que la pérdida del niño te afectó mucho, por eso te dimos tiempo a que superaras esa situación.

Pero ahora nos sales con que vas a casarte con un antiguo novio del pasado. ¿No entiendo lo que te está sucediendo?

Emma se inquietó por sus palabras. Era la única culpable de su gran confusión.

—Papá, no entiendes porque yo te oculte muchas cosas que viví con Marco en Salem. Él no es el hombre que ustedes creen. Cuando estuvimos en esa ciudad cambió por completo, se volvió agresivo y violento, viví momentos de pánico a su lado.

—Él insiste en que solo perdió el control cuando tuvieron esa última discusión y se arrepiente de lo que hizo, pero tú no has querido escucharlo —replicó su padre—.

Nos contó que cometió errores, que estaba desesperado por no encontrar trabajo.

Se equivocó, aunque tú lo dejaste cuando más te necesitaba.

—¡Eso es mentira! —estalló Emma con lágrimas en los ojos—.

Ustedes no saben lo que viví con él, de las constantes humillaciones y golpizas que me dio a pesar de estar embarazada.

No pasé un solo día en paz en ese lugar y no les dije nada para no angustiarlos, porque mamá recién se había recuperado de su enfermedad y ustedes intentaban reiniciar sus vidas.

Al otro lado, su madre habló con voz apagada, casi suplicante.

—Hija, Marco vino hasta aquí a hablar con nosotros, lo vimos llorar, muy arrepentido. Tú, en cambio, ya ni nos atiendes el teléfono, nos ocultas cosas y ahora nos sales con que vas a casarte con otro. No nos culpes por no entenderte.

Emma respiró hondo para represar su dolor y así hablar con calma.

—Lo siento, mamá. Comprende que para mí no ha sido fácil.

Quizás actué mal, pero siempre quise evitarles una pena.

Luego me sentí demasiado rota y asustada, necesitaba distancia para recuperar la confianza en mí misma y en las personas que me rodeaban.

Me han pasado cosas increíbles estos días, la mayoría han sido buenas gracias a Liam, solo quiero…

ser feliz —dijo eso último con un nudo atado en su pecho, que amenazaba con hacerle perder el control de sus emociones.

—Emma… —la voz de su madre sonó ahogada, entre lágrimas—.

Hija, solo queremos lo mejor para ti, pero estas cosas no pueden hablarse por teléfono.

Prométenos que vendrás a Seattle, debemos hablar en persona y resolver esto antes de que suceda una tragedia.

Marco está muy dolido y arrepentido, sigue dispuesto a recuperarte porque hace unos días nos llamó para saber si te habías comunicado con nosotros.

No sé cómo reaccionará cuando se entere que vas a casarte con otro.

Y aunque recuerdo a Liam como un chico bueno y amable, han pasado seis años, la gente cambia y no sabemos qué tanto ha cambiado él.

—Lo entiendo, mamá, sé que están confundidos y preocupados. Te prometo que iré pronto, pero entiendan que mi vida ya no está con Marco. Quiero construir algo nuevo con Liam.

Su padre soltó un gruñido frustrado.

—Emma, piénsalo bien. Si las cosas resultaron tan mal con Marco y buscas casarte con Liam solo para huir de él, no lo hagas, hija. El matrimonio no es un mecanismo de escape, es un compromiso que debería ser para toda la vida.

—Eso es lo que quiero, papá. Busco ser feliz, comprendida y respetada para toda la vida.

Eso nunca lo encontré con Marco. Liam, en cambio, me ha dado más de lo que le he pedido.

Prometo ir a Seattle para contarles todo con lujo de detalle, no solo lo que Marco me hizo mientras estuvimos en Salem, sino lo que sigue haciéndome aquí.

—¿Allá? ¿En San Francisco? —preguntó el hombre.

—Sí, Marco está aquí. Me persigue y me acosa, no solo a mí, sino también a Liam. Hace un par de días nos atacó en un bar donde quisimos pasar un rato en calma con mis amigas, golpeó a Liam y ahora la policía lo busca.

Nadie respondió de inmediato. Solo se escuchó el suspiro preocupado de su madre.

—¿Eso quiere decir, que ya Marco sabe que vas a casarte con ese muchacho? —quiso saber su padre.

—No. No lo sabe, y no quiero que se entere aún. Así que les pido que si él vuelve a llamarlos no le digan nada de mí. Marco está mal de la cabeza y es capaz de cualquier cosa.

No respondieron al instante, ella los imaginó compartiendo miradas alarmadas.

—Está bien, hija, no le diremos nada —aseguró el hombre—. Seguiremos con la excusa de que no nos atiendes ni las llamadas ni los mensajes, pero, por favor, ven pronto. Necesitamos hablar con urgencia.

Emma asintió aunque ellos no podían verla.

—Lo haré. Los quiero.

—¡Y por favor, cuídate, hija! —completó la mujer con una voz cargada de angustia.

—Eso haré, mamá. Confía en mí.

Luego de unas sentidas despedidas, Emma cortó la llamada.

El silencio de la casa regresó, tan denso como antes. Emma dejó el teléfono sobre una mesa y se cubrió el rostro con las manos.

Sentía alivio por haberse sincerado con sus padres, pero también, un temor punzante. Ellos habían estado mucho tiempo manipulados por Marco, así que les costaría asimilar toda la historia de horror que ella debía contarles.

Pero ya no podía dar marcha atrás. Si quería ser feliz, debía enfrentar cada uno de sus obstáculos.