Una madre para mis gemelos Capítulo 55. Conclusiones apresuradas.
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Capítulo 55. Conclusiones apresuradas.

Camila y Julián decidieron desayunar en el restaurante de un hotel antes de acudir a un chequeo médico en una clínica cercana. Hojeaban el menú del día cuando de pronto se encontraron con Becca Donnelly y su madre Frances, que en ese momento entraban al negocio.

—¡Qué alegría verlos! —exclamó Frances con una sonrisa amable mientras se inclinaba hacia Camila para darle un beso.

Julián se puso de pie para saludar a las dos mujeres e invitarlas a sentarse en su mesa.

—Qué agradable sorpresa. De haberlo planificado, tal vez, no habríamos podido coincidir —expuso el hombre.

—Cierto, siempre hay infinidad de asuntos por hacer —respondió Becca—. Aunque yo llevo un par de día pensando en llamarlos.

—Lo hubieses hecho —reprochó Camila—. Nos habríamos reunido al menos unos minutos a charlar en casa.

El mesero se acercó y tomó las órdenes de todos, luego se marchó dejándolos solos.

—¿Cómo van los preparativos para la inauguración de la nueva tienda? —quiso saber Julián.

—Excelente. Ya todo está preparado, estamos ansiosos porque llegue el día del evento —apuntó Frances.

—Será un día lleno de muchas emociones —agregó Becca—.

No solo habrá grandes ofertas, sorteos y promociones especiales, sino que mis tíos han organizado una serie de juegos y actividades para niños y adultos, una presentación musical en vivo para atraer a más público y un brindis especial con invitados exclusivos, entre los que se encuentran ustedes, para celebrar la ocasión.

—Oh, gracias por incluirnos —expresó Camila con falsa modestia.

—Liam irá, ¿cierto? —quiso saber Becca.

Los Holt por momento perdieron la sonrisa, pero rápido la recuperaron.

—Claro que irá, nos encargaremos de eso. No dejaremos que nuestros nietos se pierdan de un día tan fascinante —aseguró Camila.

—Invité a Emma para asegurarme que él asista. Como ahora está tan apegado a ella —habló la mujer, simulando tristeza.

Julián y Camila se incomodaron por la mención de ese nombre, pero por suerte el mesero llegó con el pedido y tuvieron que interrumpir la charla para recibir la comida y comenzar el desayuno.

Minutos después Becca no soportó la ansiedad. Las conversaciones durante la comida se habían centrado en la inauguración de la nueva tienda de su familia, pero ella quería llevarla hacia temas de mayor interés.

—¿Recuerdan que en nuestro último encuentro les prometí que investigaría sobre Marco Smith, quien supuestamente fue pareja de Emma antes de que llegara a San Francisco? —dijo mirándolos a todos, sobre todo, a Julián—. Pues… encontré algunas cosas sobre él.

El hombre dejó la taza a medio camino. Camila giró el rostro de inmediato y Frances, aunque no parecía del todo interesada en esos asuntos, arqueó una ceja con curiosidad.

—¿Qué descubriste? —preguntó Julián con tono firme.

Becca respiró hondo, como si necesitara ordenar las piezas antes de soltarlas y manteniendo una sonrisita en sus labios, de alguien que alcanzó uno de sus objetivos más inmediatos.

—Resulta que Marco no es de Salem, como pensábamos. Nació en Seattle y entró al Ejército siendo muy joven, pero no duró más de dos años. Lo expulsaron por problemas disciplinarios. Hay quienes lo describen como un hombre de mal carácter, prepotente y algo sádico.

Camila frunció el ceño.

—¿Sádico? —repitió, como si la palabra pesara demasiado para un simple desayuno.

—Después de eso empezó a trabajar en empresas de seguridad, pero al igual que en el Ejército, su actitud no fue la mejor. Al parecer estuvo en más de treinta empleos distintos y en todos lo echaron por su personalidad problemática.

Julián se impactó por el dato.

—¿Treinta empleos? Eso no es inestabilidad, es un patrón. El tipo no puede con la autoridad ni con la disciplina.

—Se fue a Salem porque un amigo le ofreció trabajo en su granja —siguió Becca—. Aunque él lo arruinó todo otra vez y terminó en la calle. Al parecer, vivía borracho la mayor parte del tiempo y se ganaba la vida haciendo trabajos menores para sobrevivir.

Camila observó a su esposo con preocupación, luego posó de nuevo su atención en la mujer.

—¿Y se supone que en ese tiempo vivió con Emma? —preguntó en un murmullo.

Becca alzó los hombros con indiferencia.

—Mis contactos se enteraron que Marco Smith vivió en Salem con una novia a la que había embarazado y a quien usaba como excusa para pedir trabajo.

El silencio cayó sobre la mesa como un golpe seco.

—¿Emma era esa novia embarazada? —quiso saber Camila, sin poder salir de su asombro.

Julián cerró los ojos un instante, entendiendo que aquella historia podía ser más perturbadora de lo que creía.

—Es lo más probable —respondió él mismo con un tono grave.

—Además, mis amigos se enteraron que el hombre posee infinidad de denuncias en la policía de Seattle por agresiones, como peleas en bares, discusiones con vecinos y reportes de violencia doméstica.

Nada que lo lleve a una condena fuerte, pero que demuestra su personalidad agresiva. En Salem no pudieron encontrar nada.

Camila sintió un nudo en el estómago. Aunque Emma no le agradara, imaginarla viviendo con un hombre así la estremeció.

—Tal vez, Emma huyó de él por violento —aportó la mujer.

—Es un motivo de fuerza, aunque aún existen muchas interrogantes —reflexionó Julián—. ¿Por qué aguantó tanto con él? ¿De verdad estuvo embarazada? ¿Lo está todavía? —consultó alarmado.

Becca bebió un sorbo de café antes de hablar de nuevo y lanzar su teoría.

—Hay mujeres que aman a los hombres violentos y peligrosos y son capaces de hacer por ellos lo que sea, incluso, estar con otro.

—Su aporte escandalizó a todos—. Quizás está embarazada y Liam no lo sabe.

Ella pudo haberle contado una historia triste y desgarradora que lo conmovió y lo empujó a meterla en su casa, para protegerla, siendo su verdadera intención engañarlo y robarlo para beneficiar a su novio criminal.

—¡Eso es terrible, Julián! —exclamó Camila con los ojos llenos de lágrimas—. Mis nietos podrían estar en peligro.

—Emma ya pudo haber notado que Liam es capaz de hacer cualquier cosa por sus hijos —siguió pinchando Becca—, por eso se los está ganando. Los usará para sacarle dinero y dárselo a Marco.

—No saquemos conclusiones apresuradas —advirtió Julián con tono irritado, viendo que tanto Camila como Frances estaban a punto de un colapso emocional.

—Pero tampoco subestimes a ese tipo de enemigos —propuso Becca con el mentón en alto.

Julián apoyó los codos en la mesa y entrelazó las manos. Estaba procesando la información, aunque su mente ya trabajaba más allá de lo que decían en ese momento.

—Debemos averiguar más, no sacar conclusiones de lo poco que sabemos.

No podemos quedarnos solo con el pasado laboral del tal Marco Smith o las denuncias en Seattle.

Aunque eso nos muestra reflejos de su personalidad, yo quiero nombres, fechas y testimonios, todo lo que sea necesario para armar un expediente completo.

Si Emma realmente estuvo o está embarazada necesitamos pruebas, y es urgente saber dónde se encuentra ese hombre ahora, si cerca de Liam, en Salem o en Seattle.

Una vez que tengamos todos esos datos en las manos, seremos capaces de desarrollar conclusiones y planes de acción.

Antes sería dejarnos llevar por chismes.

Camila lo miró con preocupación.

—¿Y si mientras averiguamos eso le hacen algo a mis nietos?

Julián le sostuvo la mirada, serio.

—Nada le pasará a los niños. Me moveré rápido, sé cómo hacerlo. Ya al menos tengo una idea de dónde buscar y créeme, antes de que termine esta semana sabré con exactitud quién es Emma Bowen y Marco Smith, eso te lo prometo.

Camila se irguió para intentar calmar el ciclón de temores que se agitó en su pecho.

—Tiene que ser rápido, Julián, porque ya Liam le pidió matrimonio a Emma —recordó.

Becca se alarmó por lo que acababa de escuchar y su madre ahogó una exclamación de asombro tapándose la boca con ambas manos.

—¿Matrimonio?

—Sí, ayer descubrimos que Emma lleva un anillo de compromiso y Liam nos confirmó que le propuso matrimonio y ella aceptó. Quiere hacerla su esposa y madre de los gemelos —reveló Camila, preocupada.

Becca se incorporó en la silla, buscando serenar su inquietud. Emma Bower era rápida, no debió tomarla tan a la ligera.

Terminaron el desayuno en gran tensión y los Holt se despidieron de Becca y de Frances para seguir con sus obligaciones de ese día, con los detalles sobre Marco Smith incrustados en sus pensamientos.

Mientras caminaban hacia su vehículo, Camila no pudo evitar soltar una nueva sospecha.

—¿Y si lo que le sucedió a Liam en las afueras de ese bar tiene algo que ver con ese hombre, con Marcos Smith?

—Es posible. Debo averiguar —respondió Julián sin observar a la mujer a la cara.

—¿Y qué hacemos si descubrimos que todo esto es cierto, que Emma de verdad piensa burlarse de Liam para robarlo poniendo en peligro a los niños?

Él se detuvo junto al auto y encaró a la mujer.

—Llegaré a la verdad, Camila. No importa cuánto tenga que escarbar.

Y si todo esto es cierto, contaremos con suficiente material para quitarle los gemelos a Liam.

Él metió a su casa a esa mujer sin investigarla, por tanto, puso en riesgo a sus hijos.

Eso demostrará que no es capaz de cuidar de ellos.

Camila asintió, con un brillo de determinación en los ojos.