Capítulo 52. Batallas por enfrentar.
En el patio, los gemelos seguían correteando con su pelota inflable ajenos a la tensión que se gestaba entre los adultos.
Camila se había acercado hasta sus nietos para abrazarlos y besarlos, luego se reunió con su esposo en la terraza saludando a Lidia y a Carla con cortesía, aunque las evaluó de pies a cabeza con recelo.
Emma, luego de enviarle un mensaje de urgencia a Liam, fue con ellos.
—Camila, Julián —dijo con amabilidad forzada—, agradezco mucho que quieran llevar a los niños de paseo, pero no puedo permitir que lo hagan hasta que Liam regrese. Él seguramente querrá decidir qué hacer con ellos.
El rostro de Camila se puso rígido, pero intentó sonreír.
—Querida, somos sus abuelos. Solo pensamos en darles un domingo distinto porque Liam siempre los tiene solos en casa. No hay nada de malo en eso.
Julián asintió, con las manos cruzadas detrás de la espalda.
—Han estado mucho tiempo encerrados. Un paseo les hará bien.
Emma apretó los labios. Sintió la mirada expectante de Carla y Lidia desde la mesa.
—Lo entiendo —respondió con calma—, pero los niños ya tienen planes con Liam. Además, ellos toda esta semana han estado saliendo al parque conmigo y el fin pasado fuimos a un parque acuático. No han estado del todo encerrados.
El aire se cargó de tensión. Julián frunció apenas el ceño, aunque enseguida recobró su gesto sereno.
—Veo que desde que tú llegaste han estado muy activos, pero, ¿acaso piensas que Camila y yo no podemos velar por la seguridad de nuestros nietos?
—No es eso. Sé que ustedes los aman y serán capaces de cuidar de ellos, pero Liam tiene la última palabra. Él es su padre.
Camila soltó una risita seca.
—Qué formalidades tan innecesarias, ¿no? En nuestra época los niños disfrutaban con los abuelos sin tanto protocolo.
Emma sostuvo la mirada, aunque por dentro temblaba.
—Son otros tiempos, Camila, y yo ahora soy la responsable de los niños. No puedo arriesgarme.
El ambiente se volvió espeso, como si incluso el aire del jardín hubiese perdido frescura.
Carla, incómoda, removió el vaso de limonada entre sus dedos, mientras Lidia desviaba la vista hacia los gemelos intentando darles normalidad a las risas infantiles que llenaban el patio.
Julián, aún con su compostura, se acercó un poco a Emma.
—Escucha, no dudes que nuestro único interés es el bienestar de los niños. Liam lo sabe —expresó, y quiso repasarla de pies a cabeza con una expresión de reproche, aunque su mirada se quedó clavada en el anillo de compromiso que ella llevaba en su mano izquierda.
La imagen lo impactó.
—¿Qué sucedió aquí que no nos hemos enterado?
Emma asumió una expresión confusa, pero al notar lo que él observaba se inquietó y por instinto escondió su mano tras su espalda.
La conversación quedó interrumpida cuando se escuchó la llegada de un auto en la entrada de la casa. La mujer enseguida los dejó para ir a la puerta. Recibió a Liam y a Darryl mientras ellos bajaban del auto.
A Liam se le notaba en el rostro un hematoma en el pómulo y un pequeño corte en la ceja.
—¿Todo salió bien? —quiso saber ella.
—Sí. La policía recibió las denuncias de los dueños del bar, aunque no pudieron hallar nada en las cámaras de seguridad. Marco sabe muy bien cómo pasar desapercibido y no dejar huellas.
—Es como si hubiese ido antes a ese bar para estudiarlo y saber por dónde caminar y dónde estacionarse para no dejar registros de su visita —opinó Darryl.
—Sin embargo —siguió Liam—, tienen su descripción física y los datos de su auto, así que emitieron una orden de captura. Esperemos que logren algo positivo con eso.
Emma no pudo evitar inquietarse por esa noticia. Eso iba a poner a Marco más furioso de lo que ya estaba.
—Tus suegros están adentro y se molestaron porque no los dejé llevarse a los niños —dijo cambiando el tema. Era necesario atender aquella situación.
—Se pondrán peor cuando les diga que no podrán hacerlo hasta que Marco no esté tras las rejas. Viendo lo hábil que es ese hombre, no voy a poner en riesgo a mis hijos.
Él entró en la casa para enfrentarlos. Darryl se acercó a ella.
—¿Tus amigas están adentro?
Ella le sonrió.
—Sí, aunque algo inquietas por la presencia de Julián y Camila.
—Pero ya llegué yo —dijo alzando las manos por sobre su cabeza, como si fuese una celebración.
Su gesto arrancó otra sonrisa en la mujer, ayudándola a relajar sus nervios.
Adentro, Camila ahogó un grito al ver el rostro golpeado de su yerno.
—¡Dios mío, Liam! —exclamó, llevándose la mano al pecho—. ¿Qué te ha pasado?
Julián se irguió, con el gesto endurecido.
—¿Quién se atrevió a ponerte las manos encima?
Él levantó una mano pidiendo calma.
—Estoy bien, no se preocupen. Vengan conmigo al despacho, por favor. Necesitamos conversar en privado.
El tono de su voz no admitía réplica. Julián y Camila se miraron, sorprendidos por la firmeza con la que él los conducía y lo siguieron sin añadir más.
La puerta del despacho se cerró detrás de ellos con un sonido seco, como si fuese un disparo que sellaba la tensión.
En la terraza, el silencio se apoderó del grupo. Emma se dejó caer en la silla, intentando recuperar el aire que parecía faltarle.
Carla fue la primera en hablar rompiendo el incómodo mutismo.
—Vaya, creo que esto va a estar intenso.
—Se ve que ese par no es fácil de convencer —agregó Lidia, aunque disimulando su nerviosismo al tener a Darryl cerca.
—Pues, tendrán que amoldarse a los cambios que se vienen —opinó el hombre sentándose en una silla—. Porque la situación con el tal Marco no es fácil y Liam no va a permitir que sus hijos corran peligro.
Emma suspiró hondo.
—No sé qué tenga pensado decirles Liam, pero estoy segura que ellos van a sentir que todo esto es mi culpa y con más razón me querrán lejos de los gemelos.
—A eso también tendrán que acostumbrarse. Tú ya eres parte de la vida de los gemelos —aseguró Darryl.
—No dejes que te intimiden, amiga —aconsejó Carla—. Liam y los niños te eligieron a ti mucho antes de que esto pasara. Ni Marco ni esa pareja podrá evitarlo.
Emma trató de mantener la calma, aunque para ella la situación era sofocante. El aire parecía más denso en la terraza, cargado de preguntas sin respuesta.
¿Qué les estaría diciendo Liam a sus suegros? ¿Qué postura iban a tomar ellos después de enterarse de lo sucedido la noche anterior y de confirmar que él le había propuesto matrimonio?
Darryl, para cambiar un poco el ambiente, se puso de pie.
—Lo mejor que podemos hacer es no añadir más tensión. Los niños no deben sentir nada extraño.
Se acercó a ellos para retarlos a un juego de fútbol con la pelota inflable, de él contra los dos chicos. Los gemelos se emocionaron por la novedad y comenzaron a establecer un montón de reglas de dónde se harían los goles y cuáles serían los límites de la cancha.
Lidia sonrió emocionada. Le encantó la actitud divertida del hombre.
—Me uniré al juego, así ayudo a los niños a ganarle a Darryl.
Carla y Emma la observaron con las cejas arqueadas mientras veían a su amiga quitarse las sandalias para ir a jugar con ellos.
—Me parece que, entre tantos inconvenientes y preocupaciones, al menos, algo bueno parece estar naciendo —opinó Carla.
Emma sonrió con amplitud, también aliviada por lo que veía entre Lidia y Darryl. Su amiga había quedado muy abatida por la misteriosa desaparición de Jason Graham, al menos, la presencia de Darryl la mantenía llena de esperanzas. Esperaba que eso fuese positivo.
Sin embargo, al mirar hacia el pasillo que llevaba al despacho recuperó la seriedad. De la conversación que se producía allí dentro dependía lo que pudiese suceder luego en su vida.
Su mayor batalla no estaba solo contra Marco, sino también, en la forma en que la familia de Liam la aceptara o no.
Capítulo 53. Por el bien de todos.
Liam hizo pasar a sus suegros al despacho y luego cerró la puerta con firmeza, quedándose unos segundos de espaldas. Respiró hondo, sabía que aquella conversación no iba a resultar sencilla. Julián y Camila no eran fáciles de manejar, pero no dejaría de intentarlo.
Al girarse, notó que Julián lo observaba con los brazos cruzados, el ceño fruncido y una rigidez en la mandíbula que revelaba más de lo que su voz le diría.
Camila, en cambio, mantenía una mezcla de preocupación y ofensa.
Sus ojos estaban puestos en los moretones que Liam tenía en el rostro, incapaces de apartarse de ellos.
—Quiero saber qué ha pasado —exigió Julián, cortando el silencio con una voz seca.
Liam caminó a su escritorio, pero no se sentó. Solo apoyó las manos en el respaldo del sillón.
—Anoche salí con Emma, Darryl y unos amigos a tomarnos una copa en un bar. Intentaron robarme cuando ya estábamos de salida. Pude defenderme, pero ya ven el resultado.
Camila se llevó una mano a la boca, incrédula.
—¿Un robo? ¿Acaso no había seguridad en ese lugar? ¿Por qué te golpearon solo a ti?
Sus palabras salieron atropelladas, llenas de miedo disfrazado de incredulidad.
—Emma se retrasó por ir al baño con sus amigas y Darryl se dirigió a su auto mientras que yo iba al mío, por eso nos separamos —respondió con serenidad—. Hoy estuve en la comisaría haciendo la denuncia.
Julián, sin embargo, no parecía convencido.
—¿Atraparon al agresor? ¿O logró escapar como siempre sucede?
—Escapó, pero la policía ya maneja los datos del hombre y lo están buscando.
—Aunque lamento lo que te sucedió, al menos me alegra que no haya ocurrido una tragedia. Sin embargo, ¿eso tiene algo que ver con el hecho de que Emma no nos haya permitido salir con nuestros nietos hoy? —reprochó el hombre.
Liam respiró hondo. De camino al despacho había ideado una mentira para convencerlos, sin confesarles nada sobre Marco y su relación con Emma, así ellos no desconfiaban de ella.
—Pienso que el sujeto que me atacó pudo haber sido un antiguo empleado de la constructora que no aceptó bien su despido. No tengo pruebas aún, pero sí muchas sospechas. La policía está investigando.
Julián apretó los labios.
—Dime quién es. Yo también tengo contactos, puedo averiguar por mi cuenta.
La negativa fue inmediata.
—No. No necesito que intervengas. Yo puedo resolverlo.
Un silencio incómodo se apoderó del lugar mientras ellos compartían miradas que parecían desafíos.
Camila rompió la quietud con una voz temblorosa.
—Liam, piensa en los niños. Si hay alguien siguiéndote buscando venganza y existe un riesgo real, ¿no sería mejor que ellos se quedaran con nosotros un tiempo para estar seguros?
Tenemos una casa de verano en San Diego.
Julián y yo podríamos pasar un par de semanas con ellos en ese lugar, tranquilos, hasta que todo esto se aclare.
Él negó de inmediato.
—No voy a arrancarlos de su hogar ni de su rutina. Los niños necesitan estabilidad, no cambios drásticos y menos por un asunto que no ha sido confirmado. Aquí están seguros, he reforzado la seguridad de la casa.
Camila frunció el ceño, su tono subió apenas un poco.
—¿Seguros? ¿Después de que casi te matan en la calle? ¡No puedes pedirnos que nos quedemos tranquilos!
—Camila tiene razón —agregó Julián—. Es irresponsable tenerlos aquí en casa, solos, mientras tú trabajas. Si tú estás en peligro, ellos también lo están.
Liam enderezó la espalda, firme.
—No están en casa solos. Emma los acompaña y los cuida.
El intercambio dejó un eco amargo en el aire. Camila suspiró, ofendida, y Julián lo miró como si lo estuviera midiendo, aunque decidió cambiar el rumbo de la conversación.
—Entonces, explícame algo, muchacho. ¿Por qué Emma lleva un anillo de compromiso en la mano?
El corazón de Liam dio un vuelco, pero no apartó la mirada.
—Porque le pedí matrimonio y ella aceptó. Vamos a casarnos.
El silencio fue aún más brutal que antes. Camila abrió los ojos de par en par, llevándose una mano al pecho.
—¿Cómo pudiste no decirnos nada? ¿Debiste hablarlo primero con nosotros?
Liam frunció el ceño.
—No es un asunto de ustedes. Es mi vida personal. Mi decisión.
—¡Los gemelos están involucrados! —soltó Camila—. Todo lo que hagas con Emma afectará a esos niños y nosotros tenemos derecho a opinar.
—No, Camila, lo que haga con Emma solo nos concierne a nosotros dos. A los niños ya les contamos sobre la boda y están felices con la idea. Eso es lo que importa.
Julián apretó los puños, conteniendo su enojo.
—Los gemelos son pequeños, no entienden las consecuencias. ¿Crees que su alegría basta para justificar una decisión tan precipitada?
—No es precipitada. Conozco a Emma desde hace años y este tiempo en que hemos convivido juntos descubrimos que somos compatibles en infinidad de sentidos.
Ella ama a los niños, y ellos a ella, por eso le propuse matrimonio.
Quiero formar con Emma una familia estable.
Ustedes deberían alegrarse, no cuestionarlo.
Desde hace mucho me han pedido que busque una madre para mis gemelos.
El aire en el despacho era sofocante. Camila desvió la vista, luchando contra las lágrimas, mientras Julián lo veía con una mezcla de furia y decepción.
—Queríamos a una madre adecuada, Liam, no a la primera que entrara por tu puerta —dijo Julián, con un tono bajo aunque cortante.
—¿Y qué es adecuado para ustedes? ¿Una mujer con dinero, estatus y poder?
Yo solo busco a alguien que sea capaz de amar a mis hijos, que los haga sentir cómodos, seguros y felices, y que tenga buena conexión conmigo.
Una mujer con quien pueda estar todo el día sin aburrirme, que sea confiable y amorosa, y esa es Emma.
A los Holt no les gustó la noticia de la boda. Lo demostraron con sus caras irritadas y empañadas por la preocupación.
—Recuerda esto, muchacho: no puedes apartarnos de la vida de esos niños. Somos sus abuelos —advirtió Julián, muy serio.
Liam mantuvo la compostura.
—Eso jamás lo olvidaría y tampoco pienso borrarlos de la vida de mis hijos por el hecho de casarme, pero tampoco permitiré que interfieran en decisiones que no les corresponden.
Hubo un largo silencio, hasta que Camila se alisó la falda de su vestido con manos temblorosas como si se levantara de una caída aparatosa.
—Creo que ya hemos escuchado suficiente. Será mejor que volvamos a casa, no me siento muy bien.
Julián asintió, aunque no se movió cuando vio a su esposa dirigirse a la puerta para salir del despacho. Afincó su atención en Liam, como si tratara de descifrar en qué momento había dejado de tener control sobre él.
—Espero que sepas lo que haces, muchacho —dijo con un filo de advertencia en la voz—. Por el bien de todos.
Y sin esperar respuesta, salió tras Camila.
Liam cerró los ojos un instante. La conversación lo había dejado exhausto, pero sabía que aquella era solo la primera batalla. Lo único que esperaba, era que la tensión que existía entre ellos no se transformara en un conflicto aún mayor.
Por el bien de todos.