Una esposa para el conde malvado 15
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EL MARQUÉS TOMÓ SU mano y la llevó a sus aposentos para que pudieran estar a solas antes de la pequeña fiesta. No pensaba suspender los festejos y dio órdenes a los sirvientes de que se sirviera el banquete en dos horas para los invitados, luego ellos irían al salón principal.

Angelyn lo miró con los ojos húmedos, angustiada. Pensaba en las amenazas del padre, en las duras palabras de Etienne sobre anular su boda y pensó que todo era tan siniestro e irreal... no podía estar ocurriendo, no el día de su tan anhelada boda.

Maurice se acercó y la abrazó. Estaban a solas en su habitación nupcial y necesitaban ese momento para estar a solas y conversar.

—Lo siento mi amor, perdóname... todo esto es mi culpa. Debí decírtelo, pero temí que si lo hacía tú me vieras con otros ojos y no quería que eso pasara. Etienne no quería casarse contigo, decía que era muy joven y pensé que si lo desanimaba... finalmente desistiría—le confesó.

—Entonces vuestro hermano... nunca estuvo casado y tú...

—Mi hermano no quería casarse, en eso no mentí.

No deseaba esta boda y cuando supo que vendríais se marchó unos días antes dejando una carta diciendo que asuntos urgentes requerían su presencia en París.

Y no regresó, sabía que vendrías y envió una carta excusándose.

Y yo tuve que disimular por supuesto, tratar de fingir que nada pasaba.

—¿Entonces huyó?

—Sí, lo hizo y yo no podía deciros eso. Romperos la ilusión de esa forma.

Creo que me enamoré de ti cuando os entrasteis en ese salón, cuando os vi por primera vez.

No imaginé que la hija del barón de Poitiers fuera tan dulce y hermosa y a pesar de que sabía que debíais casaros con mi hermano jamás perdí las esperanzas porque sabía que un día seríais mi esposa.

—Pero le dijisteis que era fea y luego... que había muerto durante la epidemia de gripe. Os habéis enemistado por mi culpa y no era necesario... No debéis pelearos por mí, tenéis que disculparos con vuestro hermano, Maurice, debéis hacerlo, explicarle vuestras razones.

La mirada de su esposo cambió.

—No, no lo haré... Luché mucho por este momento, porque fuerais mía, mentí, engañé, pero jamás os mentí mi ángel, jamás lo hice.

—Pero es vuestro único hermano... Reconoced vuestro error y tratad de solucionar esto. No quiero ser la causa de vuestra disputa.

—Etienne no me perdonará, pero no me importa, sabía que esto pasaría, pero no me importó, estoy loco por ti Angelyn, ¿es que no lo veis?

Además, él necesitará tiempo para superar esto, ángel, no será sencillo para él perdonarme, pero ahora no quiero pensar en eso.

Sólo quiero vuestro perdón ahora. No quise engañaros ni hacer lo que hice, pero no había otra forma de que fuerais mi esposa.

Y en cuanto a la otra acusación quiero deciros que es una injuria, jamás hice daño a Delphine, era mi esposa y la cuidé hasta el fin, pero nunca tuvo salud y esa epidemia fue devastadora.

—Lo sé... sé que estuvisteis a su lado y quiero deciros que jamás creí lo que dijo, fue muy cruel pero tal vez lo hizo porque estaba furioso. Perdónale.

—Bueno, fue muy injusto porque tal vez hice todo esto por amor, os robé de mi hermano, mentí, lo hice, pero jamás le habría hecho daño a Delphine para que fuerais mi esposa.

—Está bien, os creo y a pesar de todo me alegra que fuera así. Porque ahora sé que estaba destinada a ti, Maurice... te amo y creo que lo más doloroso fue pensar que nuestra boda sería anulada.

Él la rodeó con sus brazos y la estrechó con fuerza.

—Eso no pasará, no lo permitiré... Ven aquí, eres mía, ángel, y ahora eres mi esposa, lo eres y siempre lo serás. Sólo la muerte podrá alejarme de ti un día, pero ni siquiera eso porque vaya a donde vaya siempre estarás en mi corazón como la única mujer que amé en mi vida.

Ella lloró al oír esas palabras.

—Oh Maurice...os amo tanto.

Él la llevó lentamente hasta su lecho, se moría por hacerle el amor y ella tembló de deseo al adivinar sus intenciones.

Se moría por estar con él y cuando comenzó a desvestirla no pudo resistirse.

Quería ser suya y olvidar esa horrible angustia que sentía.

Y él sentía lo mismo porque no pudo esperar a quitarle el vestido por completo para hacerle el amor con desesperación, para introducir su miembro en su vagina haciéndole sentir toda su fuerza y vigor.

Angelyn gimió de placer al sentir que la llenaba y la abrazaba con fuerza. Era su esposo, suyo, y nadie podría apartarla de él jamás, nada ni nadie...

PERO EL RECUERDO DE lo ocurrido el día de su boda perduró en su corazón.

Angelyn no dejaba de pensar en lo ocurrido y en preguntarse qué haría ahora Etienne quien había sido expulsado por su hermano del castillo el mismo día de la boda.

No le agradaba pensar que pudiera hacer algo para vengarse, algo que en el futuro todos podrían lamentar.

El padre Anselmo no había anulado la boda y la misma había sido anotada en los libros de la iglesia y sintió alivio al ver el certificado con los sellos que le había entregado el capellán al marqués.

Eso le decía que estaban legalmente casados, pero le costó un poco superar el terror que había sentido ese día cuando llegó el hermano de su esposo para contar lo que había hecho Maurice.

Necesitaba tiempo para olvidar lo ocurrido y también para adaptarse a su nuevo rol como la marquesa del castillo de Saint Auxerre.

Ahora los criados le hacían reverencias y la llamaban madame marquesa, pero eso no la hacía sentir soberbia, en realidad no deseaba ser como madame Delphine y tener que organizar todas las semanas una fiesta, o un té.

Cuando le habló a su esposo de ello él dijo que no era necesario dar fiestas si no deseaba hacerlo.

Su boda había salido en todos los periódicos con la fotografía de ambos y eso le provocó una emoción especial. Y lentamente comenzaron a llegar visitas a Saint Auxerre, amigos y parientes de su esposo.

Los días de sol estaban en su esplendor y Angelyn descubrió cómo las praderas se llenaron de flores y todo reverdecía a su alrededor. El verano había llegado al castillo.

Acababa de cumplir tres meses de casada cuando supo que estaba esperando un hijo y fue una emoción tan grande que lloró.

Estaba allí, en su vientre que comenzaba a endurecerse lentamente y a crecer.

Debió quedarse embarazada en las primeras noches de amor, tenía tres meses de preñez, Melissa se lo había dicho. El bebé nacería a comienzos de invierno pues había sido engendrado a comienzos de primavera.

No podía seguir guardando ese secreto, sabía cuánto deseaba su esposo un heredero y esa noche, luego de hacer el amor le dio la feliz noticia.

Él se puso muy serio y besó sus labios y tocó su vientre emocionado y feliz.

—Preciosa me has hecho tan feliz... el hombre más feliz ángel. Un hijo, nuestro hijo, el fruto de nuestro amor...–le dijo.

Angelyn lloró emocionada. Ahora su dicha era completa y mientras celebraban dando un paseo por los jardines pensó cuánto había cambiado su vida en esos últimos meses.

Pero ahora su felicidad era mayor porque tenía un hijo en su vientre, el fruto del amor y sabía que les esperaban muchos días de amor y felicidad y niños, soñaba con llenar esos jardines de niños...