Una espina en cada corazón (Encanto 1) Capítulo 15 #2
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Capítulo 15 #2

La puerta se abre de golpe y doy un salto sobresaltada justo cuando Daemon me suelta sobre la cama.

Parpadeo, confundida, al ver a Kastian en el umbral.

Detrás de él distingo las siluetas de Fox y Jett en el pasillo, y entonces recuerdo de pronto que apenas unos instantes antes estaba aterrada por lo que fuera que estuviera saliendo mal en el castillo.

Kastian me lanza una mirada fugaz antes de centrarse en Daemon. Se pasa una mano por la nuca y suspira, con aspecto resignado.

—Supongo que podría haber sido peor.

Hago una mueca. Ojalá no hubiera dicho eso.

DAEMON

Cuando despierto, sé exactamente dónde estoy.

La maldición no borra la memoria, pero a veces, como ahora, desearía con todas mis fuerzas que lo hiciera.

Gruño y me incorporo sobre el colchón delgado de los barracones; dejo caer las piernas al borde de la cama. Me palpita el cráneo y me froto la parte posterior de la cabeza, donde sospecho que Kastian debió golpearme.

—¡Kas! —grito hacia la habitación tipo dormitorio, vacía.

Tal como esperaba, Kastian asoma la cabeza; claramente había estado esperando justo afuera de la puerta. No sonríe; solo me observa con cautela.

—Ya despertaste.

—Sí —murmuro, sacudiendo la cabeza—. Por desgracia. ¿Qué diablos pasó?

Entra a la habitación y se recarga en el marco de la puerta, cruzándose de brazos.

—Te golpeé.

—Eso ya lo supuse… —Sacudo la cabeza—. No me refería a eso. ¿Qué pasó antes? ¿Qué salió mal?

Él también sacude la cabeza, pero con gesto desconcertado.

—Alguien empezó a tocar todas las campanas de las iglesias y despertó a toda la corte.

—¿Qué? —rezongo, poniéndome de pie de un salto—. ¿Quién sería tan estúpido?

—No sé —responde—. Hubo al menos una docena de bajas y apenas empezaron a buscar gente.

Por los dioses.

—¿Alguien que conozcamos?

Vuelve a negar con la cabeza.

—No, pero fácilmente pudo haberlo sido.

—Rayos, tengo que ir a hablar con Alix. Explicarle… o algo… —mi voz se desvanece—. Pude haberla matado.

Kas se encoge de hombros.

—No lo creo.

Suelto una risa hueca.

—¿Cómo que no? Es humana; claro que pude haberla lastimado.

—No sé, amigo. No parecías muy interesado en matarla. Y antes de que intentes decirme que eso es peor, ella parecía bastante dispuesta.

Le lanzo una mirada furiosa, pero sin mucha convicción. Kas hizo todo lo que pudo en esa situación y tiene razón: recuerdo demasiado bien los sonidos que hizo, lo excitada y preparada que estaba, y solo pensar en eso hace que el calor me queme el pecho.

Pero eso no cambia el hecho de que pude haberla lastimado.

Y no cambia el hecho de que tengo clarísimo lo que realmente pasó aquí.

Alguien hizo esto a propósito, no hay duda.

Todos en Ellender saben que despertar a la corte vernallense durante el día es mortal.

Lo más sospechoso es que casi no estaba aquí cuando ocurrió.

Si me hubiera retrasado en el bosque lidiando con los lobos o, peor aún, si hubiera resultado herido, ¿entonces qué?

Alix habría estado sola. «Aunque tampoco es que estuviera mucho más segura conmigo aquí… ».

No parece que hayan pasado solo unas horas desde que llevé a Alix de regreso a su habitación con sus bolsas de estambre y salí a encargarme de los lobos, pero así fue. Me llevé a Jett y a Fox, dejando a Kas aquí por si algo le pasaba a Alix.

Salvo que, cuando llegamos al bosque, no había lobos.

Otro soldado quizá habría perdido tiempo buscándolos, pero no yo. Volví al palacio justo antes del amanecer, no encontré nada fuera de lugar y lo atribuí a la coincidencia y a la paranoia.

Ahora ya no estoy tan seguro.

—Voy a encontrar a Foulo —digo, más para mí que para Kastian.

—¿Foulo?

—Él me mandó fuera del castillo. Esto tiene que ver con él. El baboso, maldito, pri…

—Lo dudo —me interrumpe Kas—. Foulo está maldito igual que tú. No pudo haber tenido la lucidez para tocar las campanas; tuvo que ser alguien de afuera.

Parpadeo al mirarlo. Tiene razón. «Rayos».

Doy media vuelta y me lanzo hacia la puerta.

Kastian suspira, exasperado.

—Espera, ¿a dónde vas ahora?

—Voy a encontrar a Thorne y obligarlo a hacer algo al respecto.

—No está aquí, ¿recuerdas? Se fue a algún lugar con un puñado de guardias.

—Entonces voy a volar hasta donde esté y arrastrarlo de regreso jalándolo del cabello. Es el maldito rey, debería estar aquí.

Es prueba de lo furioso que estoy —y de lo bien que Kas me conoce— que no se moleste en preguntar cómo voy a volar hasta donde esté Thorne cuando mi vida no corre peligro inmediato.

La adrenalina la tengo tan condenadamente alta que me cuesta mantener las alas ocultas.

Volar a través del continente no sería ningún problema.

Llego a la puerta y avanzo por el pasillo, pero Kastian corre tras de mí.

—¡Daemon! Espera, antes de que te pongas a arrasar con todo el maldito castillo, deberías ir a ver a Alix.

—¿Por qué?

—Sé que probablemente no quieres oír esto, pero si tu instinto no fue matar a Alix sino reclamarla…

—Tienes razón —murmuro—. No quiero oír eso porque es una estupidez. No significa nada. Estaba completamente fuera de mí.

Los ojos de Kastian se entrecierran.

—Tal vez, pero por lo que he visto a lo largo de los años, la maldición no te hace hacer nada que no harías de todos modos. No te convierte en otra persona; intensifica lo que ya eres.

—Díselo a toda la gente que he matado.

—Sí… pero ese es mi punto. Si tu instinto hubiera sido matar a Alix, lo habrías hecho. Has matado guardias e idiotas que buscaban armar problemas. Gente que todos queríamos matar en secreto de todos modos. Nunca has intentado lastimarme a mí, ni a Fox ni a Jett.

—Todavía no he intentado lastimarte —murmuro, con oscuridad—. Una sola vez bastaría.

Y, precisamente por eso, una pequeña parte de mí está agradecida de que todo esto termine en cuestión de semanas. Cuando la maldición tome el control por completo, estoy seguro de que los otros tres reinos de Ellender se unirán para borrar a Vernallis del mapa.

Al menos así no tendré que preocuparme nunca más por lastimar a alguien que me importa.

Avanzo a paso firme por el castillo, en dirección a la torre de Thorne. A mi alrededor reina el caos.

Hay muebles y ventanas destrozados, el suelo está manchado de sangre y varias personas lloran en los pasillos. Por los dioses, esto me devuelve recuerdos oscuros.

En los primeros días después de que lanzaron la maldición, siempre era así: cada día traía una nueva oportunidad de destrucción; durante cada hora de luz, cualquiera podía ser el siguiente en ser atacado… o en convertirse en el atacante.

Subo furioso la gran escalinata, esquivando lo que parecen ser restos calcinados de libros y quizá la chamarra de alguien.

—¡Ashwater!

Volteo al oír mi nombre. Thorne avanza hacia mí sin prestar la menor atención a la destrucción que lo rodea.

No me molesto en saludarlo.

—Justo iba a buscarte. ¿Cuándo regresaste?

Hace una mueca.

—Hace una hora. ¿Qué carajos pasó?

—¿No deberías estar respondiendo tú esa pregunta?

—le reprocho—. Eres el rey, después de todo.

Tienes que averiguar quién inició esto. Tendría que haber sido alguien de otro reino para poder tocar las campanas cuando ya había luz afuera.

O quizá alguien con suficiente magia para hacer que sonaran por sí solas…

Su labio se curva.

—Interesante teoría.

—¿Por qué no pareces enojado? —exijo—. Este es tu maldito reino. Un ataque contra Vernallis es un ataque contra ti y…

Me interrumpe.

—¿Isabelle está viva?

—¿Viva? —suelto, parpadeando con desconcierto. Sacudo la cabeza para despejarme—. Sí, está bien.

—¿Estás seguro? Estabas fuera de su habitación cuando esto empezó, ¿no?

—Yo… sí. Estaba dormido en el pasillo cuando las campanas debieron despertarme junto con el resto de la corte.

—¿Nadie entró a su habitación? —pregunta Thorne—. ¿No salió a ver qué estaba pasando?

Niego con la cabeza.

—Está bien.

Suspira.

—Bien. Me siento terrible de que haya tenido otra experiencia cercana a la muerte tan poco tiempo después de regresar a Vernallis.

—Sí, se te oye realmente devastado.

Me mira con los ojos entrecerrados.

—Asegúrate de permanecer con ella en todo momento. Si a Isabelle le pasa algo antes de la luna rosa, sabré exactamente a quién culpar.

Abro la boca para contarle sobre los supuestos lobos y cómo casi no estuve aquí durante el ataque, pero me detengo. No sé qué está pasando, pero ser honesto con Thorne nunca me ha salido bien.

—No voy a permitir que le pase nada —rezongo.

Thorne me mira por encima de la nariz, con una comisura del labio levantada en un gesto de desdén.

—Entonces será mejor que vayas a buscarla antes de que algo más salga mal. Los humanos son tan frágiles que basta un parpadeo para acabar con ellos.

A pesar de saber que está bien, sigo sintiendo alivio cuando encuentro a Alix a salvo en su habitación.

Fox está sentado afuera y apenas levanta la vista cuando me acerco.

—¿Está ahí dentro?

Asiente y se pone de pie, alejándose por el pasillo sin decir ninguna palabra. Nunca he estado tan agradecido de que no hable.

Respiro hondo y toco la puerta.

—¿Sí? —responde Alix.

Tomo eso como su versión de «adelante» y abro.

Alix está recostada en la cama, mirando al techo. Hoy lleva un vestido morado de cuello alto, con el cabello recogido y despejado de la cara.

Intento decir «hola», pero en lugar de eso sale:

—¿Qué estás haciendo?

—Lo mismo que hago todas las noches —refunfuña, sin mirarme—. Aquí no hay nada que hacer.

—¿Dónde está tu estambre? —exijo, completamente distraído del motivo por el que entré en primer lugar.

En respuesta, Alix levanta una mano y señala la esquina de la habitación.

Su enorme gato gris asoma medio cuerpo de una bolsa de compras y puedo ver hebras de estambre enredadas pegadas en su pelaje. Niego con la cabeza y vuelvo a mirarla.

—Escucha…

Ella se incorpora y me mira directamente. Sus ojos azul pálido son tan firmes que siento el impulso de apartarme de su mirada.

—Así que la maldición los hace actuar como animales, ¿eh? ¿No podrías haber sido un poco más claro sobre cómo funciona eso?