CAPÍTULO 8
Cassian
Cassian detestaba reconocerlo, pero la Corte Otoño era preciosa.
Más que eso. Era como adentrarse en un sueño.
El rojo, el dorado y el naranja lo envolvían todo; los árboles se alzaban como pilares de templos hacia un cielo devastadoramente azul; ese aterciopelado verdín acallaba todos y cada uno de sus pasos, y cada inhalación le llevaba el fresco olor a pinos.
Puede que, de no ser porque se encontraba frente a una de las personas que peor le caían de todo Prythian, lo hubiese disfrutado. Puede que se hubiese tumbado en la hierba para disfrutar de la densa calidez del sol que se colaba a través de los robles y los pinos.
Eris iba más engalanado que de costumbre, que ya era decir mucho.
Unos anillos dorados adornaban sus largos dedos y, a pesar de que solía llevar el pelo suelto, se lo había recogido en una recargada trenza de guerrero.
Y se había puesto una chaqueta plateada de la que no colgaba ni un hilo y cuyos bordados eran tan delicados que centelleaban igual que el arroyo susurrante que atravesaba el prado en el que se encontraban.
—Llegas tarde —le dijo Eris a modo de bienvenida—. Llevo quince minutos esperando.
Cassian pasó el peso de un pie al otro para controlar su mal humor.
—Tenía los vientos de Ilyria en contra.
Eso era quedarse muy corto. Se había topado con unas ráfagas brutales. Había aterrizado con solo quince minutos de retraso porque casi había llegado a su límite, y ahora estaba agotado.
Pero no pensaba dejar que Eris viera cómo le temblaban los brazos y las piernas o cuánto le dolían los abdominales por el esfuerzo que había tenido que hacer para mantener la espalda recta mientras volaba.
Ni que tenía las alas tan cansadas que a duras penas podía aguantarlas en alto y evitar que rozaran ese musgoso prado cubierto de hojas.
Si seguía con las alas desplegadas era por una simple cuestión de orgullo. Por más que ese gesto requiriera casi toda su atención. Aun así, Cassian consiguió preguntar:
—¿Acaso tienes algo más importante que hacer?
—Sí. Ir al salón de mi padre. Ayudarlo a preparar la celebración más sagrada y respetable de todo el año.
—Cierto. El Equinoccio de Otoño —respondió Cassian con un tono que le hacía parecer tan simplista y estúpido como lo consideraba Eris—. ¿Y no estamos invitados a la fiesta?
—Me han comentado que ese día vosotros también tenéis vuestra propia fiesta —contestó Eris con frialdad—. ¿No estamos nosotros invitados? El Día del Nombre del hijo de un alto lord suele ser la clase de acontecimiento al que asistimos todos.
Cassian sonrió con suficiencia. Sabía que un cabrón noble como Eris se sentiría despechado por un don nadie cualquiera como él.
—Sois nuestros enemigos, ¿lo recuerdas? ¿Por qué deberíamos invitaros? —Le guiñó un ojo y señaló la despoblada naturaleza que los rodeaba—. ¿Acaso te sientes solo entre tanto bosque últimamente, Eris?
Este jugueteó con un botón plateado de su chaqueta, delicadamente grabado, y respondió:
—Y yo que pensaba que me veías como un buen macho. —Levantó la vista hacia Cassian—. Creía que hoy se reuniría conmigo la alta lady en persona.
—Cambio de planes.
Cassian no tenía ni idea de por qué. Feyre y Rhys habían decidido reunirse con Lucien y Jurian, cosa que en un principio habían reservado para Az.
Pero, al parecer, lo habían relegado de esa tarea y lo habían sustituido los propios Rhys y Feyre.
De modo que a Cassian le había correspondido ir a ver a ese pedazo de mierda insoportable.
Con un tono aburrido y mosqueado, Eris preguntó:
—¿A qué has venido?
—A informarte de lo que se ha liado en el continente —contestó Cassian sin malgastar más saliva de la necesaria con ese capullo—.
Están movilizando tropas para dirigirse al sur.
Koschei también está medio metido en todo esto y necesitamos encontrar pruebas sólidas para convencer al resto y que presionen a los territorios para que den marcha atrás. ¿Tu padre sabe algo al respecto?
—Si lo sabe, a mí no me ha dicho nada.
Cuando, el día anterior, Feyre le envió la orden a Cassian de que se trasladase hasta allí (lo cual, en caso de que Eris no tuviera nada más que añadir, habría sido en vano), él se encontraba en Ilyria.
Cassian se había planteado regresar a Velaris la noche anterior y volar por la mañana, pero ¿para qué?
Solo habría vuelto a Velaris para ver a Nesta, y últimamente…
Últimamente ni siquiera sabía qué decirle a su pareja.
De modo que había extendido su estadía en el Refugio del Viento.
La casa de la madre de Rhys se le antojó más fría y grande que en el pasado.
Al alba puso rumbo hacia allí y agradeció la compleja ferocidad del viento que soplaba en su contra, porque así tenía con qué ocupar la mente.
Hasta que dejó de volar. Y, ahora, todos los músculos del cuerpo le gritaban que se relajara y no volviera a moverse nunca más.
Eris frunció el ceño.
—A mi padre le beneficia más que el continente salga victorioso de este conflicto que unirse a vosotros, con o sin Koschei. Eso no hace falta que me lo diga. A estas alturas ya ha establecido un patrón lo suficientemente claro como para que puedas intuir de parte de quién se pondrá.
—Y supongo que tú no vas a molestarte en mover ni un dedo para intentar convencerlo de lo contrario.
—Cassian se cruzó de brazos y los músculos le aullaron en señal de protesta—.
Tal vez podrías decirle que intente persuadir a los territorios del continente para que no avancen hacia el sur. Y que aliarse con Koschei es peligroso.
—Ni que esto fuera una opción…
Cassian se puso a la defensiva.
—Vale. No sé ni por qué nos hemos molestado en pedírtelo. Mor va a ir una última vez a Vallahan para intentar conseguir que cambien de opinión.
Eso, entre otras cosas. Pero no hacía falta que Eris supiera que también entraba un objeto Hecho en la ecuación.
A Eris se le tensó un músculo en la mejilla.
—No lo conseguirá.
Puede que Cassian opinara lo mismo, pero el otro lo había expresado con un tono tan petulante y burlón… que escupió:
—Cuando Mor se propone algo, lo consigue.
—A los otros les pasa igual.
Cassian esbozó una sonrisa que era todo dientes y preguntó:
—¿Cuándo harás tú algo para destituir a tu queridísimo papi?
—¿Y a ti qué más te da?
—Un Prythian unido es muchísimo más formidable frente al continente que un montón de cortes desperdigadas. Si piensas asesinar a tu padre a sangre fría, ahora es cuando más nos beneficiaría al resto.
Eris no mordió el anzuelo. En lugar de eso, se estudió las uñas, perfectamente cortadas, y al hacerlo le centellearon los anillos de los dedos.
—¿Y supongo que en Primavera están demasiado ocupados meando en árboles y arbustos como para ayudar a unificar Prythian?
—Algo así —respondió Cassian.
A Eris se le incendiaron sus ojos color ámbar. Eran puro fuego.
—¿Y quieres decirme que Thesan ha accedido a ponerse de vuestro lado? Amanecer es incluso más precavida que nosotros con este tipo de conflictos.
—Thesan no ha descartado la idea —mintió Cassian.
Todavía no se lo habían comentado al alto lord de Amanecer.
Pero lo necesitarían. Y a su legión de peregryns también.
Thesan se había unido al conflicto contra Hybern de forma voluntaria, pero eso supuso una amenaza que los ponía a todos en peligro con consecuencias inmediatas.
Esto era distinto. Tendrían que andarse con pies de plomo cuando se lo expusieran a Thesan.
—Pero está preocupado por la implicación de Koschei, como tiene que ser. De ahí que necesitemos pruebas que demuestren su alianza. Así conseguiríamos convencerlo para que se pusiera de nuestra parte.
Eris sonrió, como si oliese las mentiras de Cassian con la misma facilidad que uno de sus famosos sabuesos de humo.
—Te voy a ahorrar el discursito ese de que «Juntos ganamos, separados nos hundimos», y te diré la verdad —contestó el otro macho fríamente—.
Por más que todas las legiones de las cortes de Prythian se unieran para hacerle frente a la amenaza de Koschei, nunca podríamos enfrentarnos al poder combinado de Rask, Vallahan, Montesere y los fae libres que decidan unírseles.
Esté usándolos el lord de la muerte como marionetas o no.
—Precisamente por eso tenemos que demostrarles a los otros territorios que Koschei está metido en todo esto. Y conseguir que presionen a Rask, Vallahan y Montesere para que se echen atrás.
—Puede —dijo Eris con tanta templanza que Cassian apretó los dientes—.
Pero ¿cabe la posibilidad de que los mismos territorios con los que contáis para frenar la invasión hagan justo lo contrario?
¿Que, cuando tuvieran la oportunidad, se arriesgaran a enfrentarse a la amenaza que supone Koschei y decidieran avanzar también hacia el sur para conquistar territorio humano antes de que alguien se lo apropie del todo?
Muchos son lo bastante arrogantes como para pensar que podrían hacer frente solos a Koschei…
Después de recuperar las viejas tierras.
Cassian negó con la cabeza; el asco que sentía le revolvió el estómago.
—Es una posibilidad, por supuesto.
¿No era eso lo que había oído Az hacía unos días en las montañas de Montesere? ¿Que sus enemigos estaban buscando la caja que contenía el hilo de vida de Koschei para poder controlarlo? Eran todos unos insensatos por jugar a dos bandas con un dios de la muerte.
Cassian suspiró.
—Pero echarnos a un lado y dejar que esto ocurra…
—Sería lo más inteligente. Aunque ya sé que la inteligencia y tú no vais de la mano —lo cortó Eris, aguantándole la mirada con una intensidad que dejaba entrever el alto lord en el que tal vez se convertiría algún día, si Cassian no lo mataba primero—.
Sois unos estúpidos por permitir que Morrigan regrese a Vallahan cuando está a punto de estallar la guerra.
Y sois unos estúpidos por meteros en un conflicto que no tiene nada que ver con vuestras tierras.