Un vaquero Timido Epílogo
100%

Epílogo

Meses después, el rancho Bulls Cowboys se había transformado en un escenario de fiesta espectacular.

Cientos de luces cálidas iluminaban el granero principal, el cual había sido acondicionado como salón de eventos.

Al centro, un pasillo largo enmarcado por una alfombra blanca guiaba hacia un improvisado altar decorado con flores silvestres, donde el sacerdote del pueblo, vistiendo sus ornamentos litúrgicos, esperaba pacientemente la llegada de los novios.

Faltaban solo unos minutos para iniciar la ceremonia y Ray no podía ocultar sus nervios al final del altar. A su lado, luciendo un impecable traje gris y perfectamente peinado, estaba John como su padrino, y junto a él, Christian.

John lo miró de reojo y le dio un codazo suave.

—Todavía tienes un par de minutos para salir huyendo a caballo, hermano...

Ray soltó una risa baja y negó .

—De ninguna manera. Ni volviendo a nacer.

Cristian se acercó para ajustarle con cuidado el nudo de la corbata.

—Hermano, sinceramente nunca esperé verte en el altar. Creí que tú no eras de los que se casaban... pero mírate ahora, vas a tener una familia completa de la noche a la mañana. Tengo que admitir que me das un poco de envidia.

John intervino con su habitual picardía y una gran sonrisa.

—Ay, por favor, ni empieces con eso Christian... porque si lo haces, no sé qué voy a hacer cuando vaya al pueblo sin ti, porque todas las mujeres se me acercan solo para preguntarme por el "doctor guapo". Y tú ni cuenta te das de tu pegue.

Christian soltó una risa apenada mientras John recuperaba la seriedad en el rostro y miraba a Ray con profundo orgullo fraternal.

—Ya en serio, Ray... es un honor acompañarte hoy. Por fin una buena chica te conquistó como te lo mereces.

—Gracias, hermano —respondió Ray con emoción. Luego los miró a los dos con malicia—. ¿Y ahora quién de ustedes dos va a caer primero?

Luke, que estaba sentado justo detrás de ellos en la primera banca, se inclinó hacia adelante.

—Apostemos. Yo digo que el siguiente en caer en las redes del matrimonio será John.

—¡Nooo! —protestó Ray entre risas—. Yo apuesto cien dólares a que el siguiente en dar el sí es Christian.

El lo miró con los ojos abiertos.

—¿Estás loco? Yo también apuesto por John. Y, por cierto, aquí tienes los cien dólares que te debía —dijo sacando un billete del bolsillo y entregándoselo a Luke.

Ray los miró confundido.

—¿Y esa apuesta de qué era?

—Es que apostamos sobre que te casarias en menos de un año, y .. —explicó Christian sonriendo—. Yo dije que tú no caías tan rápido, pero Luke me ganó la apuesta....

Ray no alcanzó a responder porque en ese preciso instante las primeras notas de la marcha nupcial resonaron por todo el granero, haciendo que los invitados se pusieran de pie.

El primero en aparecer al inicio de la alfombra fue el pequeño Ethan. Lucía un traje a juego con el de su padre e iba caminando muy concentrado con una canastita, lanzando pétalos de flores por el pasillo.

Al ver a Ray al fondo, se olvidó del protocolo, corrió alegremente por la alfombra y se abrazó con fuerza a la pierna de su papá. Toda la concurrencia soltó una carcajada mientras Ray se inclinaba a cargarlo un segundo para darle un beso antes de acomodarlo al lado.

La primera en desfilar por el pasillo fue Abby, luciendo un hermoso vestido color verde esmeralda que resaltaba su figura. Caminó con elegancia y se colocó justo frente a John, quien no le quitó la mirada de encima.

Luego fue el turno de Emily, luciendo un vestido del mismo tono esmeralda y cargando un gran ramo de flores. Caminó con una sonrisa radiante hasta colocarse directamente frente a Christian, cuyos ojos brillaron con devoción al verla llegar.

Finalmente, el murmullo de admiración se extendió por todo el salón cuando apareció Frank Petersen del brazo de Sara.

Sara se veía sencillamente espectacular.

Llevaba un vestido blanco de corte clásico que se ajustaba a su figura con elegancia, el cabello pelirrojo recogido en un moño bajo con diminutas flores blancas entrelazadas entre los rizos.

Vicky, desde la primera fila, no pudo contener la emoción y se sonó la nariz con un pañuelo para secarse las lágrimas, mientras Frank le sonreía a su nuera con orgullo paterno.

Cuando llegaron al altar, Frank tomó la mano de Sara y se la entregó a Ray.

—Cuídala bien, hijo.

—Con mi vida, papá.

Ray tomó la mano de Sara, maravillado por su belleza. Tras escuchar las solemnes palabras del oficiante, ambos procedieron a recitar los emotivos votos que ellos mismos habían preparado, prometiéndose amor, paciencia, apoyo e incondicionalidad en esta nueva etapa.

Al finalizar, el sacerdote sonrió a los novios y se giró hacia los presentes:

—Y ahora, por el poder que me ha sido otorgado, los declaro marido y mujer. Les presento oficialmente al señor y a la señora Petersen.

El granero estalló en una ovación. Ray tomó a Sara de la cintura, la atrajo hacia su cuerpo y la besó con pasión, sellando su amor para siempre, mientras los aplausos, los gritos de alegría de toda la familia y las felicitaciones envolvían el comienzo de su nueva vida juntos