Capítulo 83 La propuesta.
La habitación del hospital permanecía en una penumbra pacífica se veía solo la luz tenue del atardecer que filtraba la cortina de la ventana.
Ray seguía sentado en la silla junto a la cama, no se había movido un solo centímetro desde que los enfermeros la trasladaron del área de recuperación.
Sostenía la mano de Sara entre las suyas.
De pronto... los dedos de Sara se movieron contra la palma de Ray, quien levantó la cabeza de golpe, los párpados de Sara comenzaron a abrirse lentamente, parpadeando ante la luz.
Tardó unos cuantos segundos en enfocar la vista, pero lo primero que vio al despertar fue el rostro barbón y amoroso de Ray.
Ella le sonrió muy débilmente. —Hola vaquero... —Su voz apenas era un susurro.
Ray sintió que el dolor y el peso de todo el día se le quitaban del pecho por completo. —Hola, mi amor... —Le acarició el cabello pelirrojo—. Nos tenías a todos muriéndonos de la preocupación.
Sara observó por un momento el vendaje médico que cubría parte de su abdomen por debajo de la bata, luego volvió a fijar sus ojos en los de él. —¿Me salvaste tú, Ray?
Ray negó despacio con la cabeza, sonriendo con humildad. —No solo yo, fuimos todos nosotros. John también estaba conmigo en la cabaña... Y tus primas donaron la sangre que necesitabas.
Sara sintió que las lágrimas de emoción regresaban a sus ojos.
—Si no hubiera sido por ti... —Su voz volvió a quebrarse ligeramente al recordar la pesadilla—.
Estaría muerta en esa cabaña... o en un lugar peor…
quiero pedirte perdón por no hablarte de los mensajes que me estaba enviando Jordan pensé que eran amenazas sin fundamento, que estaba enojado porque cancelé la boda… .
Ray acercó la silla un poco más a la cama, sujetándole la cara.
—No vuelvas a hace eso jamás, Sara, cuando te encuentres en peligro, necesito saberlo antes que nadie más, para poder protegerte…
Ella le sonrió con cierta tristeza retrospectiva.
—Es verdad, Ray, no quería preocuparte, estabas preocupado por la situación de Ethan, y no quería ser una carga más para ti, pero quiero agradecerte porque hoy, Me devolviste la vida.
Se quedaron unos segundos en un silencio.
Ray parecía debatirse con algo muy importante en su mente, finalmente respiró hondo, tomando impulso.
—Sara... Sé perfectamente que nos conocemos desde hace muy poco tiempo...
Y probablemente este sea el peor y más extraño momento del mundo para decir algo como esto.
—Pero cuando pensé que podía perderte para siempre en esa cabaña... me di cuenta de que ya no quiero pasar un solo día de mi vida lejos de ti. —Tragó saliva con dificultad—. No quiero vivir preguntándome qué hubiera pasado si no me atrevía a decírtelo.
—Así que... aunque seguramente todo el pueblo y nuestras familias dirán que estoy completamente loco...
Sara sintió cómo el corazón comenzaba a acelerársele en el pecho. Ray sonrió con timidez . —Eso de que estás loco ya lo sabía desde que me llevaste al lago, vaquero.
Él también rio en voz baja, relajando los hombros, luego recuperó la seriedad. —Sara ... ¿quieres casarte conmigo?
Ella abrió mucho los ojos, sorprendida por la propuesta, durante unos segundos no dijo nada, procesando la pregunta. Después comenzó a reírse, Ray la miró confundido, rascándose la ceja. —¿De qué te ríes? ¿Dije algo malo?
Sara negó, mirándolo a los ojos. —Es que este... —Miró a su alrededor en la habitación del hospital—... es definitivamente el peor y menos romántico lugar del mundo para una propuesta de matrimonio, señor Petersen.
Ray se pasó una mano apenada por la nuca. —Lo sé, lo sé... no era el plan original que tenía en mente.
Ella lo miró con un infinito cariño. —Mírame... Estoy despeinada, llena de vendas, conectada a un suero y apenas puedo moverme.
Ray respondió con la sonrisa más hermosa que ella le había visto jamás. —Aun así, sigues siendo por mucho la mujer más hermosa que he visto en toda mi vida, Sara.
Sara sintió que las lágrimas regresaban a sus ojos, pero esta vez eran completamente distintas: eran lágrimas de pura y desbordante felicidad. —Gracias, Ray... —Sus dedos acariciaron la mano de él—. Y sí mi respuesta es si
Ray contuvo el aliento por un segundo. —¿Sí? ¿Dijiste que sí?
Ella asintió con ternura. —Sí, claro que quiero ser tu esposa, eres noble, divertido, excelente ser humano y aparte eres guapísimo, que más le puedo pedir a la vida.
Ray cerró los ojos , incapaz de ocultar la emoción que le llenaba el alma. Se inclinó con cuidado sobre la cama para besar la frente de Sara. Luego rozó sus labios con los de ella, saboreando el momento y procurando no lastimarla.
Cuando volvió a separarse, sonreía radiante como nunca en su vida. Entonces recordó algo crucial y su mirada se volvió madura. —Hay otra cosa importante que debemos hablar, Sara.
Sara arqueó una ceja, atenta. —Ethan.
Ella comprendió inmediatamente a qué se refería. Ray bajó la mirada a sus manos unidas.
—Ahora ese niño forma parte central de mi vida... Y posiblemente siempre sea así, sea cual sea el resultado del laboratorio, no quiero que ningún día sientas que tienes que competir con él o que te obligué a aceptar una responsabilidad que no elegiste.
Sara lo interrumpió apretándole la mano con firmeza. —Ray, escúchame bien.
Él volvió a mirarla a los ojos. —Cuando conocí a Ethan en la casa ... vi a un niño asustado que solo necesitaba amor y seguridad. —Sonrió con una dulzura profunda—. Y también vi al hombre noble que lo abrazó y lo protegió como si fuera suyo incluso antes de saber el resultado de una prueba de ADN.
Hizo una pequeña pausa, sosteniendo su mirada. —Eso fue una de las cosas que me hizo enamorarme perdidamente de ti, Ray.
Ray sintió un nudo de profunda gratitud en la garganta. Sara continuó con total convicción: —Si tú lo quieres como a un hijo... yo también quiero estar ahí para él como su familia, los dos lo cuidaremos y le daremos el hogar que se merece.
Ray no pudo contener más la emoción. Se inclinó despacio y apoyó su frente contra la de ella. —Te amo, Sara.
Sara sonrió con el corazón lleno de paz. —Yo también te amo, Ray.