Capítulo 81 Me rescataste….
La camioneta de Ray llegó al estacionamiento del hospital del pueblo levantando una espesa nube de polvo. Antes de que el vehículo terminara de detenerse por completo, Ray ya había saltado de la cabina.
Abrió la puerta del copiloto con las manos temblorosas por la desesperación. —Sara ¿Estas bien? ...Ella apenas mantenía los ojos entreabiertos, y su respiración era corta y débil. —Estoy aquí... mi amor... —murmuró Ray con la voz quebrada mientras la tomaba en brazos con extremo cuidado.
John corrió adelante y abrió las puertas dobles del área de urgencias de un empujón. —¡Ayuda! ¡Necesitamos un médico de inmediato!
Dos enfermeros de guardia y su prima aparecieron en el pasillo con una camilla de traslado. Cuando Emily vio el estado crítico en el que venía su prima, se llevó ambas manos a la boca, perdiendo el color de la cara. —¡Sara! ¿Estas bien? Dime que te duele…
Corrió hasta ella cuando Ray la depositó con delicadeza sobre la colchoneta de la camilla. Emily comenzó a revisar sus signos vitales con manos hábiles mientras los enfermeros la llevaban a toda prisa hacia el área de quirófanos.
Cristian apareció apenas unos segundos después, ajustándose la bata blanca y al ver a Sara cubierta de hematomas y casi inconsciente, su expresión cambió por completo a una de alarma.
—¿Qué demonios ocurrió? Descríbeme con que estoy tratando…
Ray respiraba con dificultad, con la camisa manchada de tierra. —Jordan... Ese infeliz la secuestró, la golpeo y la tenía atada en la cama, llegamos a la cabaña antes de que...
No pudo terminar la frase; el nudo en la garganta se lo impidió, Cristian entendió la gravedad del asunto. Apretó la mandíbula.
—Yo me encargo, confía en mí, la trataré lo mejor que pueda, pero ahora necesito que vayas a la sala de espera y me des oportunidad de revisarla.
Desapareció tras las puertas del área de cirugía junto con el resto del personal médico. Las siguientes horas en la sala de espera parecieron interminables.
Un oficial del sheriff del condado llegó acompañado de otro agente, tomaron asiento frente a Ray y John, sacando sus libretas de notas. —Necesitamos que nos expliquen todo lo ocurrido, muchachos.
Ray se pasó ambas manos por el rostro cansado, estaba física y mentalmente devastado, pero aun así relató cada detalle: desde la llamada de auxilio de Emily, la búsqueda de la cabaña en Midland, el rescate y la huida en la camioneta.
John completó los detalles que su hermano había pasado por alto la conmoción.
Los agentes anotaban cada palabra. —¿La víctima estaba consciente cuando la encontraron en el lugar?
¿Fue ultrajada? —Sí estaba consciente cuando llegamos, no creo que haya sido ultrajada porque me lo hubiera dicho—respondió Ray —.
Pero apenas podía moverse o hablar... Estaba atada de pies y manos, muy asustada-
Uno de los oficiales asintió con seriedad.
—Gracias, Ray, necesito saber todos los detalles, eso será de suma importancia para los cargos en la investigación, te diré esto porque sé que es difícil; si ella fue violada, necesita una prueba física que compruebe su estado, cuando el médico salga, te puede dar más detalles…
Cuando por fin terminaron las preguntas de la policía, ambos hermanos se quedaron solos en el frío pasillo de la sala de espera.
Ray no dejaba de mirar fijamente la luz roja sobre la puerta del quirófano, cada vez que se abría, levantaba la cabeza con una chispa de esperanza, pero nunca era para dar noticias de Sara.
Después de casi una hora de angustiosa incertidumbre, Cristian salió del área restringida, todavía con la mascarilla quirúrgica colgando del cuello. Su expresión era sumamente seria.
Ray se levantó de inmediato de la silla.
—¿Cómo está, Cristian? ¿Le hicieron algo?
Cristian habló con calma para no alarmarlos de más: —Tiene varias lesiones internas importantes por los golpes recibidos en el abdomen y la espalda. Le provocaron una hemorragia interna que debemos detener de inmediato.
Ray sintió que el piso volvía a tambalearse bajo sus pies. —¿Va a estar bien?
Cristian respiró hondo. —Vamos a operarla de urgencia ahora mismo... Pero tenemos un problema grave. John dio un paso al frente, preocupado. —¿Cuál problema?
—Necesita una transfusión de sangre urgente antes de iniciar el procedimiento.
Ray respondió sin dudar un solo segundo: —Tomen toda la mía.
—La mía también, Cristian —añadió John de inmediato.
Cristian negó lentamente con la cabeza. —Primero debemos comprobar la compatibilidad de tipo de sangre. Minutos después, una enfermera regresó del laboratorio con una hoja en la mano. Frunció ligeramente el ceño al leer los datos. —Lo siento mucho, muchachos... Ninguno de los dos es compatible.
Ray sintió una enorme frustración. —¡Debe haber otra opción! ¡Busquen en el banco de sangre!
Emily apareció entonces por el pasillo del laboratorio. Todavía llevaba algunas manchas de sangre en la bata limpia. Su rostro reflejaba cansancio acumulado. —Voy a llamar a Abby ahora mismo.
Sacó su teléfono con rapidez. La llamada fue contestada al primer tono al otro lado.
—¿Emily? ¿Cómo está Sara? ¿Qué pasó? Emily apenas pudo contener las lágrimas al hablar: —Abby... Necesitamos saber qué tipo de sangre tiene Sara.
Al otro lado de la línea hubo un breve y tenso silencio. Después Abby respondió de inmediato y sin dudar: —Es O negativo.
Emily abrió mucho los ojos, sintiendo un rayo de luz. —¿Estás completamente segura, Abby?
—Completamente. Las tres primas heredamos el mismo tipo de sangre de la familia. Emily respiró aliviada por primera vez en la noche.
—Yo también soy O negativo. Abby añadió con voz firme desde el otro lado de la línea: —Voy para allá volando. No esperes, empieza tú.
Menos de veinte minutos después, Abby llegó casi corriendo al vestíbulo del hospital. Abrazó a Emily apenas unos segundos para darse fuerza. —¿Dónde firmo el consentimiento?
La enfermera les explicó rápidamente el procedimiento de extracción. Las dos aceptaron sin dudar y poco después, ambas estaban acostadas en los sillones de donación mientras las bolsas recibían la sangre necesaria para salvar a Sara.
Emily miró hacia la ventana de la sala, susurrando para sí misma: —Resiste un poco más, Sara... Por favor.
Abby cerró los ojos, apretando el puño. —Por favor... No nos dejes, debes luchar…Con las bolsas de sangre listas y verificadas, el equipo médico volvió a toda prisa al quirófano. Las puertas se cerraron una vez más.
En la sala de espera nadie hablaba. Ray permanecía sentado con los codos apoyados sobre las rodillas y las manos unidas frente al rostro en una silenciosa oración. John se sentó a su lado, apoyando una mano firme sobre su hombro.
Vicky llegó poco después acompañada por Frank, Jandy, Tim, Mónica y Luke. Ethan se había quedado en el rancho al cuidado de una vecina de absoluta confianza para no exponerlo a la tensión del hospital.
Jandy caminó hacia Emily y Abby y las abrazó a ambas con fuerza. —Gracias por salvar a mi futura sobrina, chicas.
Emily negó con la cabeza, secándose una lágrima. —Solo queremos que despierte y esté bien. El reloj de la pared avanzaba lentamente. Cada minuto parecía convertirse en una hora entera.
Detrás de aquellas puertas de metal, los cirujanos luchaban contra el tiempo para detener la hemorragia y reparar las lesiones internas de Sara.
Y afuera, toda una familia —la de sangre y la que ella había elegido en ese pequeño pueblo de Texas— esperaba en silencio, aferrándose con fe a la esperanza de volver a verla abrir los ojos.