Capítulo 65 Te ves bien
A las siete en punto se escuchó el claxon de la camioneta afuera, Sara respiró hondo para calmar los nervios mientras Emily le guiñó un ojo con complicidad, —Ve, relájate y disfruta mucho tu noche.
Cuando Sara abrió la puerta del porche, encontró a Ray esperándola de pie al inicio de los escalones, llevaba un pantalón de mezclilla oscuro, botas de cuero perfectamente lustradas, camisa blanca impecable, saco negro de buen corte y su sombrero Stetson color arena.
Sara lo miró durante unos segundos, sorprendida por lo bien que se veía, él carraspeó con evidente nerviosismo, acomodándose la copa del sombrero. —Hola, preciosa
Ella le sonrió con calidez. —Hola, Ray. Los dos permanecieron unos segundos observándose en silencio, atrapados en la presencia del otro. Finalmente, Ray habló en voz baja:
—Te ves... —Se rascó la nuca, buscando la palabra justa—... muy bonita, de verdad que voy a ser la envidia de todos los vaqueros de ese baile eres preciosa…
Sara bajó ligeramente la mirada, sintiendo un lindo rubor. —Gracias, vaquero eres tú te vez muy apuesto también. —Luego lo recorrió con la mirada y sonrió—: Creo que la más envidiada voy a ser yo….
Ray caminó a su lado y le abrió la puerta del copiloto con absoluta caballerosidad, —¿Lista para el baile? Ella asintió, sosteniendo su mirada. —Lista.
Sin embargo, cuando la camioneta tomó la desviación principal, Sara miró a Ray de reojo y le hizo una sugerencia sumamente pícara que él simplemente no pudo rechazar.
—¿Y si damos una pequeña vuelta por el lago antes de llegar? —susurró ella con una sonrisa coqueta.
Ray soltó una risa baja y masculina, apretando el volante con una mano mientras giraba la dirección. —No podrías haber sugerido nada mejor, preciosa
Al llegar al lago, estacionó la camioneta bajo la sombra protectora de los árboles, donde la luz de la luna apenas se filtraba. Sara miró por la ventana el reflejo del agua y suspiró. —De verdad este lugar es hermoso...
Ray se inclinó hacia ella, acariciando su mejilla con la yema de los dedos. —Más hermosa es la persona que tengo sentada junto a mí. Sara, eres como un sueño hecho realidad.
Ella sonrió dulce y emocionada. Ray se acercó y la besó con una pasión que encendió de inmediato la temperatura dentro de la cabina, contagiada por el momento, Sara se volvió mucho más atrevida y comenzó a deslizar sus manos por el torso de Ray, sintiendo la firmeza de sus músculos bajo la camisa.
Ray soltó una risa entrecortada contra sus labios.
—Estás muy tenso, vaquero —murmuró ella sobre su boca.
—Hay otra parte de mi cuerpo que está mucho más tensa ahora mismo... —respondió él con la voz áspera por el deseo.
Sara rio con picardía y bajó la mano sin dudarlo hasta la hebilla de su cinturón.
Con movimientos audaces, desabrochó la presilla y buscó su miembro erecto y duro.
Al sentir su tacto firme, Ray dejó escapar un gruñido bajo y comenzó a cubrirle el cuello de besos devoradores, bajando sin prisa por su escote hasta llegar a su vientre.
La respiración de ambos empezó a fallar rápidamente. La devoción de Sara le dio a Ray la confianza que necesitaba: deslizó su mano por debajo de la amplia falda del vestido de ella y buscó su intimidad, encontrándola completamente cálida y húmeda por el deseo.
—Sara... no tenía planeado esto para hoy —dijo él, tratando de recuperar un poco el aire—. Quería ser todo un caballero contigo antes del baile.
Ella soltó una risita suave y atrevida, mirándolo a los ojos con la mirada encendida.
—A veces no quiero que seas tan caballero, vaquero...
Aquella confesión terminó por romper el poco autocontrol que le quedaba a Ray. Sin perder un segundo, retiró la pequeña prenda interior de ella y jaló el asiento hacia atrás para darle espacio.
La tomó de la cintura y la subió a horcajadas sobre su regazo, en el movimiento, el sombrero de Ray cayó al piso y Sara rozó levemente el volante, haciéndolos reír.
En cuestión de minutos, los cristales de la camioneta se empañaron por completo con la respiración agitada de ambos.
Ray le acomodó un mechón de cabello detrás de la oreja y le susurró al oído con voz ronca: —Perdóname, Sara... pero me has encendido al mil por ciento, ahora sí que no puedo parar.
—¿Y quién dijo que quiero que pares? —respondió ella mordiéndose el labio.
Esas palabras fueron la señal definitiva. Ray la tomó con firmeza de las caderas y la guio hacia abajo, colocándola a horcajadas sobre él, luego guio su miembro a su entrada ingresando en su intimidad de un solo empuje profundo que sacó un jadeo del pecho de Sara.
—Espera un momento dijo Ray levantándola de nuevo tomó su cartera y saco un envoltorio que rasgo con rapidez.
Ella lo tomó en su mano y lo deslizo despacio… luego comenzaron un vaivén ardiente, rítmico y desesperado. Ray, completamente entregado a la pasión, buscó su clítoris con los dedos, estimulándola con maestría hasta hacerla gemir y gritar de placer en la penumbra.
—Menos mal que aquí no hay nadie a la redonda —bromeó Ray entre risas contenidas y besos hambrientos—, porque nos escucharían a kilómetros de distancia.
Llegaron juntos a la cima de un orgasmo intenso y reparador que dejó a ambos abrazados, buscando aliento sobre el pecho del otro.
Cuando el ritmo de sus corazones finalmente comenzó a normalizarse, Ray le dio un beso tierno en los labios y soltó una risita divertida, acomodándole la ropa.
—No creí que fueras tan apasionada y escandalosa, maestra... pero me fascina.
Sara se acomodó el vestido sobre su regazo, lo miró con una sonrisa sumamente coqueta y le guiñó un ojo. —Aún no conoces nada de mí, vaquero... Esto apenas empieza.