Capítulo Trece
ZACHARY
A la mañana siguiente, el calor dentro de la cabaña era sofocante. Mi teléfono marcaba las diez en punto y Grace dormía plácidamente a mi lado. A pesar de habernos acostado al amanecer, no lograba conciliar el sueño, así que decidí levantarme.
Me puse los calzoncillos y me dirigí al salón para revisar el móvil con calma. Tenía un mensaje de Felicia.
Felicia: Buenos días. Estamos fuera con los animales. Hemos dejado una cesta con el desayuno delante de la puerta porque no queríamos despertaros. Espero que hayáis pasado una buena noche pese al pequeño sofá.
Zachary: Gracias por el desayuno.
Dejé el teléfono y abrí la puerta. Me encontré con una cesta repleta de panes, pequeños tarros de mermelada y otras delicias.
Justo cuando la estaba apoyando en una mesita de la pared, oí los pasos de Grace.
Entró despacio en el salón, envuelta en una sábana.
Tenía el pelo completamente revuelto y los ojos hinchados por el sueño, pero estaba más guapa que nunca.
—Buenos días —saludé.
—Hola.
—Felicia nos ha dejado el desayuno en la puerta.
—Qué maja. ¿Qué hora es?
—Las diez.
—¡Qué! —exclamó con pánico, abriendo mucho los ojos—. Tengo que llamar urgente a la oficina para avisar que no voy a ir.
—Yo también tengo que llamar, aunque seguramente me pase por la tarde.
Grace se giró hacia el dormitorio y comentó:
—No recuerdo dónde he dejado mi ropa.
—Cuando te levanté del sofá ya no llevabas pantalones… así que supongo que estarán por aquí.
Grace se humedeció los labios y sonrió, bajando rápidamente la mirada. Se dirigió con pasos cortos hacia el lado del sofá y recogió algo del suelo. Luego, metió la mano en su bolso y sacó el teléfono.
—Tengo seis llamadas perdidas. No puedo creer que esto no nos haya despertado.
—Después de lo de anoche, está claro que hemos dormido como troncos —bromeé.
—Desde luego —dijo, dejando el teléfono en el sofá—. Bueno, a ver qué cosas ricas nos ha preparado Felicia.
—Hay de todo.
La observé atentamente mientras se acercaba, pero evitaba mirarme a los ojos. Echó un vistazo a la cesta, cogió un poco de pan y un tarro pequeño.
—Oh, me encanta la mermelada de melocotón, ¡y hace años que no la pruebo! Y mira… Felicia ha dejado unos platos en el fondo de la cesta.
Los sacamos con cuidado antes de sentarnos en la mesa.
—Qué bonito detalle de su parte. Seguramente los huéspedes se reúnen a desayunar en el comedor grande, ¿no? —comentó Grace mientras le untaba una generosa capa de mantequilla y mermelada de melocotón en un trozo de pan.
Tras el primer bocado, suspiró:
—Justo la dosis de energía que necesitaba.
—¿Energía para qué? —pregunté con una media sonrisa—: ¿Se te ha ocurrido algo?
—No es eso lo que… —balbuceó, roja como un tomate.
Me acerqué y le aparté un mechón de pelo de la cara:
—Era broma, Grace. Te noto muy tensa esta mañana.
Se humedeció los labios y dejó la rebanada de pan a medio comer en el plato.
—Estoy desorientada —respondió, encogiéndose de hombros—. Debería haberme duchado primero para terminar de despertarme.
—Estás preciosa con el pelo revuelto. Y por cómo te has cubierto con la sábana hasta el cuello, deduzco que no quieres que te vea ni un centímetro de piel.
Levantó la cabeza y me miró:
—Has acertado de pleno.
—Recuerdas que ya lo he visto todo, ¿verdad? —repliqué, alzando una ceja.
—Dame un respiro, por favor —susurró.
—Perdona, no era mi intención incomodarte.
—Vale… Bueno, visto que hoy no iré a trabajar, aprovecharé para quedarme con los caballos y charlar con Felicia y Gaston —comentó como si estuviese hablando para sus adentros.
—Vaya, te has activado rápido y organizado el día. Yo, en cambio, solo pienso en cómo convencerte para que te quedes conmigo dentro en la cabaña.
—Digamos que el azúcar me despierta —respondió entre risas—. De verdad me encantaría ver la rutina de la finca.
—Ya veo… prefieres a los caballos antes que a mí.
—Zachary, en serio. No me hagas sonrojar tan temprano.
—Puedo hacer algo mejor que hacerte sonrojar… —le susurré al oído—. Puedo hacer que te corras ahora mismo.
Grace casi se atraganta con la tostada. Una fracción de segundo después, me di cuenta de que se estaba atragantando de verdad y tuvo que apartar el plato e inclinarse ligeramente para recuperar el aliento.
—Joder, voy a buscar agua.
Cogí una botella de la cesta, le quité el tapón y se la di. Grace respiró hondo y bebió un sorbo.
Una vez recuperada, me miró fijamente y dijo:
—Zachary, eres literalmente un peligro para mí.
Me incliné para besarle el lóbulo de la oreja, pero ella dio un paso atrás. Era evidente que estaba poniendo distancia. La noche anterior habíamos cedido a nuestros deseos e instintos, pero esa mañana algo había cambiado. Me enderecé y esperé con paciencia, sin dejar de mirarla.
—¿Quieres hablar de lo que pasó anoche? —pregunté.
—Es lo que toca, ¿no? —respondió con un suspiro—. Pero antes necesito un momento para centrarme y ordenar mis pensamientos. Voy a ducharme.
—Claro. Yo iré después de ti.
Me eché atrás y la observé mientras recogía sus cosas del sofá para dirigirse al baño.
Después de que ella entrara, decidí aprovechar el tiempo para hacer parte de mi rutina matutina de ejercicios: flexiones y saltos. Estaba inmerso en mi entrenamiento cuando el silbido de Grace me sacó de mi concentración.
—Vaya, no me esperaba encontrar una imagen así al salir del baño.
Se quedó plantada en la puerta, mirándome sin tapujos. Dejé de hacer abdominales y me levanté al instante.
Se humedeció y se mordió el labio inferior.
—¿Cómo puedes ser tan sexy? Esos bóxers te sientan de maravilla.
—Pues yo creo que sobran. Pero antes quiero ducharme porque he sudado bastante.
Grace se apartó de la entrada del baño. Le guiñé un ojo antes de entrar y meterme en la ducha.
Mientras estaba bajo el chorro, pensé en la conversación que nos esperaba.
No me cabía duda de que había disfrutado la noche anterior, pero no entendía por qué ahora parecía replegarse en sí misma.
No estaba acostumbrado a tener que ‘‘conquistar’’ a una mujer; lo normal para mí eran las citas esporádicas y rollos de una sola noche.
Pero con ella, no quería solo una noche… Quería muchas.
Al terminar de ducharme, la inconfundible voz de Felicia me alertó de que ya no estábamos solos. El impulso de echarla y retener a Grace allí por unas horas más fue instantáneo.
Abrí la puerta y Felicia anunció:
—Chicos, ¡hace un día precioso! Si estáis listos, podemos ir a ver a los caballos. El pobre Starlight se asustó mucho ayer y necesita mimos —dijo, lanzándole una mirada cómplice a Grace, y sonreí.
—Por cierto, te ha sonado el móvil varias veces mientras te duchabas —me comentó Grace.
Lo cogí del sofá y revisé los mensajes:
—Maldita sea, había olvidado por completo que hoy tenía una reunión importante. Pero si salgo ya mismo, puede que llegue a tiempo.
¿Cómo demonios se me había olvidado?
—Lo entiendo —dijo Felicia, con cara de decepción—. Grace, ¿tú te quedas?
—Sí, claro. Starlight me necesita y me apetece mucho pasar el día aquí.
—¡Genial! Te espero fuera.Voy a revisar si la tormenta ha causado daños en el exterior de la cabaña.
Sonaba a excusa; seguramente se había dado cuenta de que Grace y yo necesitábamos un momento a solas. Me pregunté si se habría dado cuenta de lo que había ocurrido la noche anterior.
Grace entrecerró los ojos y, con un gesto juguetón, preguntó:
—¿Seguro que no puedes quedarte?
—Por desgracia, no. Tengo un follón en la empresa, y mis hermanos y yo hemos convocado a los ejecutivos de toda la zona para tratar el tema en persona.
—Me acerqué a ella. No entendía cómo su belleza aumentaba a cada segundo—.
Pero mi oferta anterior sigue en pie. Solo tendríamos que cambiar el pantano por Nueva Orleans —dije, moviendo las cejas.
—Zachary —susurró, negando con la cabeza.
—Piénsalo y me dices.
—Es que… Lo de anoche fue increíble, pero… ahora mismo necesito tiempo para mí.
—Lo entiendo.
Aunque me disgustara, respetaría su decisión.
—¿Puedo preguntarte algo? —inquirí.
—Adelante.
—¿Por qué te opones con tanta firmeza a realizar una inversión conjunta en la finca? —Necesitaba confirmar mis sospechas.
Grace suspiró un segundo antes de responder:
—Sé que fui demasiado tajante en la cena de anoche.
No era mi intención. Pero… —Se detuvo, pasándose la mano por el pelo.
Me moría por hundir mis dedos en su melena, inclinar su cabeza hacia atrás y besarla, pero no era el momento adecuado—.
Durante mucho tiempo, mi identidad y mis acciones estuvieron ligadas a otra persona: primero a la empresa de mi familia, luego a mi marido.
Por primera vez en mi vida, estoy emprendiendo por mi cuenta y me siento feliz.
Así que cualquier proyecto en el que me involucre…
—Prefieres hacerlo sola. Lo entiendo.
—¿De verdad?
—Sí.
—¿Y no estás molesto? —preguntó en voz baja.
—Grace, ¿por qué iba a estarlo?
—¿Y por qué no? —replicó, encogiéndose de hombros.
—Es tu decisión y la respeto.
Oímos unos pasos y enmudecimos al ver entrar a Felicia.
—Ahora mismo salgo —le dijo Grace, y se giró hacia mí—. Que tengas buen viaje, Zachary.
—Gracias, igualmente.
No quería irme y dejar las cosas a medias, pero sabía que no era el momento de presionar. Por supuesto, eso no significaba que fuera a rendirme, ni mucho menos.