Un rival inolvidable
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Capítulo Uno
ZACHARY
—Tío Zachary —dijo mi sobrina Bella en tono sospechoso—, tenemos que hablar.
Me recosté en mi silla para mirar al resto de la familia por el rabillo del ojo y comprobar que todos estaban charlando entre sí. Bella había elegido ese momento a propósito, lo que significaba que quería hablar conmigo a solas.
—Claro —respondí.
Ella también echó un vistazo alrededor de la mesa. Tenía apenas diez años, pero parecía mucho más mayor, y cada vez que decía “tenemos que hablar” me preparaba para cualquier cosa. Jamás sabía con qué tema iba a salir.
—Peque, ¿pasa algo? —preguntó mi hermano Chad.
—No, papá, estoy bien —suspiró y me miró con exasperación—. Mejor dejamos la conversación para otro día, tío —susurró.
—Vale. Te prometo que te llamaré —respondí con un guiño.
Bella asintió y volvió a su silla.
Nuestra sobrina acudía a sus cinco tíos LeBlanc según el tipo de consejo que precisara.
A mí me llamaba cuando necesitaba ayuda para “solucionar” un problema relacionado con sus amistades; a Julian cuando quería algo que su padre no le permitía, como golosinas.
Como Chad había sido prácticamente padre soltero, todos los hermanos nos implicamos mucho en la crianza.
—¡Ha llegado la comida! —exclamó Chad, cuando los camareros se acercaron y colocaron sobre la mesa unas enormes fuentes de gumbo 1 .
Como propietarios de LeBlanc no se trataba de una ocasión especial, sino una simple cena para ponernos al día.
—Sigo pensando que como el gumbo de nuestra época, no hay —sentenció Isabeau.
—Venga ya, Isabeau —resopló Celine—. Scarlett es una cocinera excelente.
—Lo sé. Pero una cosa no quita la otra —respondió, y no insistió en el tema.
Aunque mis abuelas, Isabeau y Celine, llevaban años jubiladas, fueron durante mucho tiempo las orgullosas cocineras de LeBlanc prefería basarme en hechos concretos.
Isabeau entrecerró los ojos:
—Hasta su reciente divorcio, era Grace Cointreau. Me consta que trabajaba en la empresa de su familia, pero ahora no sé a qué se dedica.
—Creo que se tomó un descanso —añadió Celine.
—¿La conocéis personalmente? —les pregunté.
Mis abuelas eran muy sociables; iban a todos los eventos de Nueva Orleans, y si no acudían, desde luego conocían a alguien que había asistido.
Isabeau negó con la cabeza:
—No, qué va. Pero el apellido Deveraux es muy conocido.
—Grace no fue al mismo colegio con nosotros, ¿verdad? —le preguntó Anthony a Beckett.
Recordaba a Kyle y Beau del colegio, pero no a Grace, lo cual no era de extrañar si era unos años más joven.
—Iba a un colegio solo para chicas —respondió Celine—. Lo comentaron en una fiesta hace años.
—Para no conocerla sabes mucho sobre ella.
Celine sonrió:
—¿Qué quieres que te diga? Tengo facilidad para recordar los cotilleos.
Pero yo no quería cotilleos, sino saber a qué se dedicaba, si era igual que sus hermanos y el motivo de su interés por la finca. Claramente, mi familia no me daría esos detalles..
—Bueno, ¡a comer todo el mundo! —zanjó Chad, como si leyera mis pensamientos, justo cuando los camareros terminaron de servir a todos.
Montar las oficinas en la planta superior a LeBlanc a menudo almorzaba allí, y a veces incluso cenaba si tenía que quedarme hasta tarde.
Me gustaba estar en el Barrio Francés: era el corazón de Nueva Orleans.
Después de cenar con mi familia, cada uno tomó su propio rumbo. Decidí visitar a Julian en su bar en lugar de irme directamente a casa. De camino, llamé a mi persona de confianza a la que siempre recurría cuando quería investigar a posibles socios comerciales.
—Hola, Marcel —saludé cuando respondió.
—Zachary LeBlanc. ¿A qué debo el honor?
—Estoy evaluando una oportunidad de negocio, pero tengo una competidora: Grace Deveraux.
—¿Pertenece a los famosos Deveraux? —preguntó Marcel.
—Los mismos. Quiero invertir en una finca, y ella también.
—Entiendo, necesitas que encuentre los trapos sucios de la competencia.
No me gustó su juicio de valor anticipado. Sabía que Kyle y Beau eran estafadores consagrados, pero, hasta donde sabíamos, el resto de la familia no estaba implicada en sus timos.
—Envíame los detalles de la finca por mensaje, y te responderé en cuanto tenga algo —comentó—. ¿Qué es exactamente lo que quieres saber?
—A qué se dedica y si es de fiar.
Marcel resopló antes de responder:
—Si es tan buena ocultando sus chanchullos como sus hermanos, no será nada fácil.
—Vamos a suponer que tiene todo en regla y empezar la investigación.
—Siempre piensas lo mejor de la gente.
Era mi forma de actuar y nunca me había fallado; no entendía a las personas que iban por la vida asumiendo lo peor de los demás. Debía de ser agotador.
Al margen de todo, estaba deseando saber más sobre la célebre Grace Deveraux.
1 Nota de la Traductora: Gumbo es un guiso criollo tradicional de Nueva Orleans.