Un rebelde inolvidable Capítulo Veintiséis
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Capítulo Veintiséis

ANTHONY

Dos semanas después, el concurso de jazz se dio finalmente por concluido.

Aunque oficialmente había terminado hacía tres semanas, siempre esperaba a que los ejecutivos discográficos firmaran los contratos con los ganadores antes de analizar el evento.

A lo largo de los años, algunos habían intentado hacerse los listos, algo que no estaba dispuesto a tolerar.

Por fin había conseguido que el último ejecutivo entendiera por qué no cobrábamos una matrícula de inscripción a los participantes.

Al parecer, había reconsiderado su postura durante mi viaje a Dakota del Norte con Daisy, y la segunda vez que lo llamé, se mostró más cooperativo.

Mientras estaba sentado en mi escritorio, sonó mi teléfono. Era un número desconocido. A diferencia de otras personas, a mí no me importaba contestar este tipo de llamadas, y además, rara vez recibía llamadas spam .

Al responder, reconocí inmediatamente la voz de Dorothy.

—Hola, Anthony. Siento llamarte desde un número nuevo, pero esta mañana perdí mi teléfono.

—¿Necesitas ayuda para conseguir otro?

—Ya me he encargado de eso, no te preocupes. —Hizo una pausa—. Escucha, me ha llamado Samantha.

Parpadeé varias veces, desconcertado.

—¿Quién?

—La reclutadora que contratamos para que buscara asistentes.

—Ah, sí. —Casi había olvidado que la búsqueda de una nueva asistente continuaba.

—Me ha preguntado si estarías dispuesto a dar referencias de Daisy, ya que eres su actual jefe.

Me quedé petrificado.

—¿Daisy ha recibido una oferta de trabajo?

—Sí. No me ha dado más detalles, solo que es en Dakota del Norte. En fin, pensé en transmitirte su petición. Supuse que no habría ningún problema, pero no quería comprometerme a nada sin consultarlo antes contigo.

No era fácil dejarme sin palabras, pero en ese momento no podía articular ni una sola. Recuperé la compostura unos segundos después.

—Por supuesto. Podemos enviarle el modelo de carta habitual.

Dorothy se rió:

—No tenemos un modelo de carta de recomendación estándar para asistentes. ¿Tengo que recordarte que ninguna de tus asistentes anteriores quiso ponerte como referencia? Creo que temían que las dejaras en mal lugar o algo así.

—Dios, dicho así parezco un imbécil.

—No, para nada. En fin, yo tenía tantas esperanzas de que Daisy se quedara…

—Yo también —respondí con sinceridad.

¡Joder! ¿De verdad estaba considerando un trabajo en Dakota del Norte?

Lo había mencionado en la granja, pero no pensé que seguiría persiguiendo esa oportunidad.

Creía que íbamos a estar juntos, incluso se me pasó por la cabeza la idea de pedirle que se casara conmigo.

¿Qué se me había escapado? Además, Annelise me había asegurado que las cosas en la granja iban bien, y se me ocurrían muchísimas otras formas de ayudar a su familia sin que Daisy tuviera que mudarse.

—Dile a Samantha que le daremos todo lo que necesite.

—Perfecto.

Durante las siguientes horas, no pude dejar de pensar en Daisy. No me había dicho nada al respecto.

No te metas, Anthony. Es su decisión.

Pero no podía aceptarlo sin más. Siempre había criticado a mis hermanos por ser tan insistentes para conseguir lo que querían, pero ahora entendía ese impulso. No quería que se fuera.

Quería irrumpir en la oficina de Daisy, cogerla en brazos y llevarla directamente a mi casa para convencerla de quedarse para siempre. Sí, eso era lo correcto. Eso era lo que quería. No solo que se quedara en Nueva Orleans, sino que viviera conmigo.

Estuve a punto de cancelar la reunión con mis hermanos, pero no habría sido justo para ellos.

A las seis en punto, fui a la sala de reuniones. Chad estaba sentado junto a Julian. Beckett se encontraba al otro lado, y Xander estaba unas sillas más allá.

—¿Dónde está Zachary? —pregunté.

—No ha podido venir. Por cierto, has llegado tarde a tu propia reunión —me reprendió Xander. Sin embargo, sabía que no lo decía completamente en broma.

—¿Qué quieres que te diga? La puntualidad nunca ha sido mi fuerte. Bueno, ¿habéis tenido tiempo de mirar lo que os envié?

—Sí —respondió Chad.

Julian silbó:

—Sin duda se trata de una expansión audaz, hermano, pero es una idea muy buena. De hecho, me gustaría participar también.

Me reí:

—Pues que sepas que tarde o temprano te lo iba a proponer. Hay muchas sinergias entre los bares y la música, y tenemos que aprovecharlas más a menudo.

—Totalmente.

—Los números pintan bien —señaló Xander, pasando inmediatamente al modo director financiero—. Tu flujo de caja será limitado durante algún tiempo, pero tienes suficientes reservas. No debería suponer ningún riesgo.

—Eso es exactamente lo que quería oír.

Siempre podía contar con que Xander me diría la pura verdad. No endulzaba nada.

—Perfecto. Entonces me pondré manos a la obra.

Discutimos algunos pros y contras más de mi idea, y a Julian se le ocurrieron unas propuestas excelentes.

Estaba deseando trabajar más estrechamente con él; haríamos un gran equipo.

Julian montaría barras modulares en cada local, para que fueran fáciles de instalar y desmontar según la duración de cada evento.

Era una genialidad, había que reconocerlo.

—Por cierto, ¿dónde está Daisy? Pensé que te acompañaba a todas partes —dijo Chad una vez que terminamos la charla de negocios.

—Hoy está trabajando desde casa.

—¿Ha pasado algo entre vosotros? —preguntó Beckett.

Lo miré con el ceño fruncido:

—No. ¿Por qué lo preguntas?

Él se encogió de hombros:

—Tienes una cara de pocos amigos que echa para atrás. Es solo una suposición.

—No, no ha pasado nada entre nosotros.

—Eso ha sonado más a pregunta que a otra cosa —dijo Chad, sentándose un poco más erguido. Él y Julian me miraban fijamente.

—Ha llamado Samantha, nuestra reclutadora —dije.

—Venga ya, tío. No me digas que lo vuestro no ha funcionado a nivel profesional —dijo Julian.

—¿Por qué de repente todo el mundo está asumiendo lo peor? —pregunté.

Beckett me miró:

—Como he dicho, hoy desprendes esa energía.

—No, solo me ha preguntado si estaría dispuesto a darle referencias a Daisy.

—Ha encontrado otro trabajo. Eso explicaría tu cara de pocos amigos —dijo Julian.

Beckett también tenía el ceño fruncido:

—Espera, no lo entiendo. Siempre supiste que solo sería tu asistente temporalmente.

—Es que el trabajo es en Dakota del Norte —expliqué.

Nadie dijo nada durante unos segundos. Entonces Chad chasqueó los dedos como si acabara de tener una revelación.

—Claro, por la situación de sus padres, ¿no?

Asentí:

—Sí. Lo mencionó de pasada cuando fuimos a visitarlos, pero no sabía que iba tan en serio.

—No tiene sentido —dijo Beckett—. El otro día en la perfumería estaba hablando sobre lo mucho que le gusta vivir en Nueva Orleans. Y que es la primera ciudad en la que se ve estableciéndose.

¿Le había dicho eso a Beckett? De repente, me invadió una sensación de esperanza.

—No creo que quiera mudarse por gusto, sino porque cree que es necesario —aclaré.

—No es por meterme donde no me llaman, pero tú te ofreciste a ayudar a sus padres, ¿verdad? —preguntó Julian.

Me puse a la defensiva.

—De hecho, estoy ayudando con esa situación. Sus padres y yo contratamos a dos empleados más, pero ellos no querían que Daisy lo supiera. Pensaron que no se sentiría cómoda con la idea.

—¿Qué demonios…? —dijo Beckett—. Eso es una locura. ¿Ya has hablado con ella?

—No. No he tenido tiempo. He hablado con Dorothy y luego me he venido directo a la reunión.

—Que ya ha terminado —interrumpió Chad—, así que puedes irte y centrarte en tu chica. Deberías haber cancelado esta reunión, pedazo de animal.

—Tal cual —coincidió Julian—. ¿Desde cuándo mi hermano duda tanto?

Me reí y miré a todos los que estaban a la mesa, específicamente a Xander.

—¿Vas a unirte a ellos con ese consejo o qué?

—Sí, por supuesto —respondió, y luego añadió—: Papanatas.

Eché la cabeza hacia atrás:

—¿Y eso? No me lo esperaba de ti.

Xander siempre había sido el más calculador de todos nosotros. No diría que frío, eso no le haría justicia a mi hermano, pero sin duda había priorizado los negocios sobre su vida personal durante muchos años. Hasta que apareció Bailey.

—Nunca pospondrías una reunión a menos que hubiera una crisis —le dije a Xander.

—Creo que los problemas con tu chica cumplen ese requisito.

Al instante sentí un escalofrío. Puesto así…

¡Joder! —exclamé.

Necesitaba saber hasta qué punto Daisy estaba pensando aceptar ese trabajo en Dakota del Norte, y no podía esperar ni un segundo más.

DAISY

En cuanto terminé mi jornada laboral, volví a leer la oferta de trabajo que me había enviado Samantha.

Me quedé de piedra cuando me escribió diciendo que tenía una propuesta muy buena para mí en Dakota del Norte.

Ella parecía entusiasmadísima; yo, en cambio, llevaba comiéndome la cabeza desde que recibí ese correo.

Sinceramente, nunca pensé que fuera a encontrar nada. No era precisamente un lugar con mucho movimiento. Pero lo que me dejó de piedra fue que hasta habían adjuntado el borrador del contrato.

“Te están considerando seriamente solo con ver tu currículum. Por lo visto, no es fácil encontrar a alguien con tu talento en esa zona”, fueron las palabras de Samantha.

Bueno, eso era cierto. La oferta era para una empresa que fabricaba impermeables.

Ni siquiera sabía que estaba ubicada en Dakota del Norte.

El sueldo era interesante, nada que ver con lo que ganaría en Chicago o Nueva Orleans, por supuesto, pero, al mismo tiempo, el coste de vida allí era mucho más bajo.

Leí la descripción del puesto al menos cinco veces, tratando de animarme. El trabajo en sí era exactamente lo que estaba buscando, pero mi corazón me decía otra cosa. Además, estaba a dos horas de distancia de mis padres, por lo que, siendo realista, solo podría ayudarlos los fines de semana.