Un plan (casi) perfecto 23
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El lunes por la mañana, todavía le duraba la resaca a Juanlu. Ni tan siquiera había recuperado su tono de piel y seguía más blanco de lo normal.

―Joder, tío, no recuerdo nada de nada de lo que pasó el viernes, solo que estábamos tomando algo y cuando me he despertado en mi cama, sobre las ocho de la mañana del domingo, debía llevar dormido más de treinta horas por lo que me ha dicho Lorena.

―¿En serio no te acuerdas de que te llevé a casa?

―No, me he despertado con sudores fríos, desorientado, me dolía todo el cuerpo, nunca me había sentado tan mal el alcohol, no sé qué me pasaría.

“Pues que te metiste unas cuantas pastillas de mierda, idiota”

―¿Y dices que hablaste con Lorena?

―Sí, la llamé el domingo al mediodía...

―¿Y por qué no me llamaste a mí?

―Como estás así tan serio conmigo, preferí no molestarte, ah, por cierto, me dijo que se fue a Liérganes con Simón, a lo de la experiencia, pensé que me estaba vacilando, ¿por qué no habéis ido juntos?

―Es una larga historia...

―Mira, por ahí viene tu chica con Silvia...

Y cuando llegó al mostrador, Lorena estuvo bastante seca con nosotros, nos dio los “buenos días”, dejó unos papeles encima y nos dijo que teníamos que trasladar a un par de pacientes.

―¿Qué pasa con Lorena?, no me digas que estáis enfadados...

―Hombre, es más que evidente, ¿no lo has visto?...

―Bueno, que yo no tengo la culpa, eh, ¿me lo quieres contar?, lo mismo te puedo ayudar ―me soltó el cínico de Juanlu.

―Que te lo cuente ella, mejor...

A la hora del almuerzo, entré en la cafetería y estaban juntos Juanlu, Lorena, Simón y Silvia, la otra enfermera. Normalmente me habría puesto con ellos, pero pasé de largo con la bandeja del café con leche y la tostada y me senté yo solo en otra mesa.

Se me quedaron mirando los cuatro y yo disimulé con el móvil, como si no me hubiera fijado.

Juanlu no volvió a preguntarme nada más y el resto de la mañana nos ceñimos estrictamente a lo profesional.

Y a punto de terminar la mañana, Lorena se acercó al mostrador de la entrada y me preguntó si podía hablar conmigo.

―Sí, claro, ¿qué pasa? ―le dije yo, cuando nos separamos unos metros.

―¿Es que no piensas decirme nada? ―me recriminó mi novia. O ex. O lo que fuera.

―Todavía no sé ni lo que tengo que decirte...

―¿Vamos a estar así mucho tiempo o cómo va esto...?

―¿Podemos hablar después en otro sitio?, aquí no estoy muy cómodo, no me gusta que nos vean así los compañeros... ¿te viene bien quedar por la tarde?

―Sí, claro... ―afirmó Lorena.

―Si quieres luego me paso por tu casa y así estamos más tranquilos...

―Me parece genial, nene ―me dijo acariciándome la mano, dedicándome su maravillosa sonrisa―. ¿Te quedas luego a cenar conmigo?

―No voy a eso que estás pensando, yo solo quiero que hablemos, aunque antes tengo que decidir lo que... eeeeh, necesito aclararme...

―Vale, como quieras, pues a ver si te aclaras... ―afirmó borrando su sonrisa de repente―, esta tarde te espero en casa..., pásate cuando quieras...

―Sobre las siete voy...

―Perfecto ―y cada uno nos fuimos por un lado.

Al llegar de nuevo al mostrador, estaba bastante nervioso.

Sabía que esa cita con Lorena era muy importante y decidiría nuestro futuro.

Yo quería odiarla con todas mis fuerzas por lo que me había hecho, pero es que era estar delante de ella y me desarmaba por completo.

Me gustaba todo de Lorena: su pelo, su olor, su simpatía, su cara tan morbosa y sobre todo esas tetas que se adivinaban bajo el uniforme de enfermera.

―¿Ya os habéis arreglado? ―me preguntó Juanlu.

―No, todavía no, pero hemos quedado esta tarde para hablar... (“con un poco de suerte para ti, dentro de unas horas cortamos, y ya tienes vía libre para follártela cuando quieras”).

―Genial, mañana me cuentas.

―Sí, sí, claro...

∞∞∞

A las siete en punto llegué a casa de Lorena.

Temblaba como un niño asustado mientras subía en el ascensor y al salir me la encontré junto a la puerta.

Esperándome con una sonrisa. Ella también parecía nerviosa y me pasó la mano por detrás de la nuca para darme un pico en los labios, pero yo retiré ligeramente la cara, por lo que al final ese beso aterrizó en mi mejilla.

―Pasa, nene...

Me llevó hasta el salón y por el camino me fijé en la ropa que llevaba puesta.

Había salido a recibirme con su camiseta gris de Los Ramones de andar por casa, sin mangas, y totalmente abierta por la zona de las axilas, por donde se asomaban parte de sus grandes pechos desnudos.

La muy cabrona no llevaba sujetador, y en las piernas se adivinaba un short vaquero muy cortito, aunque apenas se le veía por debajo de la camiseta.

Por como olía y el pelo húmedo, se notaba que se acababa de duchar y al sentarme me preguntó si quería beber algo.

―Un café, una Coca-cola, una cerveza...

―Una Coca-cola está bien.

Regresó al minuto con un vaso grande, una lata y un botellín en la mano para ella y después se sentó a mi lado en el sofá.

―¿Qué tal estás?, uffff, yo todavía me estoy recuperando del finde, estoy bastante cansada, entre lo del viernes y el balneario ―me soltó para empezar.

―Ya te vi en las fotos que habías ido con Simón, no sabía que te llevabas tan bien con él...

―¿También vas a tener celos de Simón?, ja, ja, ja, ya te digo yo que hubiera sido más peligroso si voy que Vane, que en cuanto se bebe dos copas siempre me suelta que tiene ganas de comerse un coño, aunque a mí eso no me va, eh...

Simón es un buen amigo, y puedes estar tranquilo, que solo le gustan los tíos...

―Pensé que ibas a cancelar lo de la experiencia...

―Ya no podía, habían pasado las 24 horas de antelación, así que cuando me dijiste que no venías, llamé a Vanesa por la mañana, pero no podía venir, luego a un par de amigas y nada, y por no ir sola, se me ocurrió llamar a Simón... y él aceptó.

―Vale, tampoco tienes que darme explicaciones...

―Necesitaba hablar con alguien este finde, contarle lo que me estaba pasando y Simón para eso es el mejor...

―Es un puto marujo, ¡¿le has contado lo del viernes?!

―Sí, más o menos, y también el resto de la historia, lo de Juanlu, nuestra discusión... él sabe escuchar y siempre da buenos consejos...

―¡Genial!, es un chismoso y no se calla nada, seguro que hoy a primera hora, ya sabía todo el hospital que me has puesto los cuernos con Juanlu, ¡muchas gracias!

―Espero que haya sido discreto...

―Parece mentira que todavía no le conozcas...

―Vale, lo siento, quizás debería haberle dicho que no dijera nada, mañana hablo con él..., la verdad es que me hubiera encantado ir contigo ―dijo mordiéndose los labios―, el hotel estaba genial, y el restaurante para cenar y el balneario y el masaje...

―Entiendes que no quisiera ir, ¿no?

―Sí, claro, es normal después de que te enteraras de lo que pasó con Juanlu, pero sinceramente, pensé que al final vendrías, te recuerdo que esa noche también me follaste, ¡dos veces!

―dijo dándole un trago al botellín sin dejar de mirarme a los ojos―.

Bueno, Marcos, como veo que lo estás pasando mal, quiero ponerte las cosas fáciles, supongo que has venido a cortar conmigo, ¿no?

Y yo me encogí de hombros sin saber qué decir.

―Parece que tú lo tienes más claro... ―le solté cabizbajo.

―¿No has venido a decirme que es mejor que solo sigamos siendo compañeros de trabajo?, ¿en serio todavía podemos arreglar esto? ―me preguntó cambiando la cara, y su expresión de contrariedad con la frente arrugada, pasó a una más alegre.

―¿Tú me perdonarías si yo te hubiera hecho lo mismo?

―Sí, puede que sí...

―¿Y si te digo que me he follado a Lucía hace un par de semanas?

―Eso sería distinto...

―¿Por qué?

―Porque vosotros eráis pareja, si te la vuelves a follar es porque sigues sintiendo algo por ella, ¿lo has hecho?

―No...

―Ah, joder, ¡qué susto! ―exclamó poniéndose una mano en el pecho.

―Y entonces qué pasa con Juanlu y contigo, ¿no me tiene que importar que le comas la polla porque no hay sentimientos por tu parte?, ¿eso me quieres decir?

―No, claro que te tiene que importar, y ya te he pedido perdón, y lo haré las veces que haga falta, pero ya no puedo borrar lo que hice, nene ―y me acarició la mano.

―El tema es que Juanlu va detrás de ti, y tú lo sabes; pero es que además, te gusta ese juego, y no solo no le cortas, si no que le invitas a que él lo intente cada segundo, te excita sentirte deseada, y te da morbo ser un poquito calientapollas con él...

―Juanlu es mi amigo, solo un amigo...

―Después de lo del viernes, ya no puedo ponerme una venda en los ojos y hacer como que no pasa nada entre vosotros, yo no quiero estar en medio de este triángulo, porque llevo todas las de perder...

―No hay ningún triángulo, él es un amigo, el que me gusta eres tú, joder... me gustas de verdad...

―¿Qué es lo que quieres de mí, Lorena?, ¿en serio quieres tener una relación seria conmigo?, o solo soy el chico joven y guapo con el que pasarlo bien unas semanas o meses, pero en el fondo los dos sabemos que esto no va a ninguna parte...

―No quiero pensar a largo plazo, me gusta vivir al día, pasarlo bien, me gustas de verdad, Marcos, me gustas mucho, te he presentado a mi madre, esto es muy serio para mí, es el segundo novio mío que conoce y tengo 30 tacos...

ahora, pues no sé, de momento no me he planteado una vida futura contigo, viviendo juntos y todas esas cosas, llevamos muy poquito tiempo, pero, ¿por qué no?

, eres muy buen tío, sano, deportista, guapo, responsable, y me encanta esa mirada que tienes todo el tiempo cuando estás conmigo...

―¿Qué mirada?

―De atracción, de deseo, no soy tonta, me pone mucho esa mirada que tienes de “te arrancaría la ropa y te follaría ahora mismo”, y a mí me pasa lo mismo... es que te veo y uffff, ¡eres tan mono que solo tengo ganas de follarte a todas horas! ―murmuró estirando el brazo para tocarme el muslo.