19
Durante la semana no quedé ninguna tarde con Lorena para ir a follar a su casa.
Preferí reservarme hasta el viernes, que celebrábamos el cumple de Juanlu y después de salir de trabajar, me pegué una ducha en el vestuario del hospital, me puse una camisa bien elegante y nos adelantamos Juanlu y yo a un bar cerca del restaurante, mientras esperábamos al resto de invitados a su cumpleaños.
Hicimos un brindis, yo con mi Coca-cola y él con una buena jarra de cerveza y el rato que estuvimos juntos, solo deseaba que enseguida empezara a llegar la gente, para no estar mucho tiempo con él.
―La verdad es que tenía ganas de estar así, contigo a solas... ―me dijo.
―¿Y eso?, ¿te parece poco lo que estamos juntos en el trabajo?
―Porque quiero que me digas qué es lo que te pasa conmigo... antes nos llevábamos de puta madre, pero llevas una temporada muy serio, ¿es que te he hecho algo?
―No, no, está todo bien...
―Me encanta que seas mi compañero, eres un tío de puta madre y me alegro mucho de que te vaya muy bien, que estés saliendo con Lorena, te lo mereces, joder, estoy feliz por ti y por ella, hacéis muy buena pareja... ―y me dio una palmadita en el hombro.
La desfachatez de ese cabrón no tenía límites.
Le había visto intentando enrollarse con mi novia hacía menos de un mes y ahora, sin venir mucho a cuento, me soltaba eso.
Levanté la mirada y él me sonrió. Una sonrisa fría y cínica.
Entendía que pudiera tener su atractivo para las mujeres a pesar de no ser un guaperas, casi 1.
90, delgado, pero muy fibroso, de espalda ancha, aunque a sus 36 años recién cumplidos, su alopecia ya no tenía solución, llevaba el pelo muy corto para que casi no se lo notara su calva de curilla a lo Ed Harris y se había dejado dos botones de la camisa abiertos, mostrando los pelos del pecho.
Sinceramente, me jodía que ese tío se hubiera follado a mi novia.
Me repateaba imaginarme a mi compañero embistiendo a Lorena en un misionero o a cuatro patas o a mi chica cabalgándole, mientras le restregaba sus perfectas tetas por la cara.
Y no solo eso, es que además, Lorena le había chupado la polla y para terminar, había permitido también que se la metiera por el culo.
Todo en una sola noche.
Y el muy falso me miraba, intentando aparentar que era mi amigo, mi compañero del alma, pero en el fondo se reía de mí, y le encantaba haberse acostado con mi novia antes que yo.
Era un puto envidioso, eso es lo que le pasaba, me tenía envidia porque Lorena me había preferido a mí y ahora él estaba en la friendlyzone. Y jamás iba a salir de ahí.
Jamás le volvería a rozar ni un solo pelo a mi novia.
―A mí también me gusta que seas mi compañero, tío, y esta noche vamos a pasárnoslo bien, disfruta de tu día ―dije en un tono seco levantando mi vaso―. ¿Y qué tal hoy?, ¿cómo pinta la noche?, ¿sigues con María?
―Nah, paso, me la he follado cuatro o cinco días y se está poniendo ya muy pesada, la he invitado como agradecimiento por los servicios prestados, ja, ja, ja, ya me entiendes ―y me ofreció su jarra para chocar conmigo...
―. Hemos follado unas cuantas veces, pero ya está, paso de ella antes de que se encoñe más, es lo bueno de estar soltero, y hoy tengo a un par de ellas en el punto de mira...
―¿Ah, sí?, ¿a quién?
―No te lo puedo decir... prefiero guardar el secreto ―y justo entraron en el bar tres enfermeras cuando Juanlu se acercó a mi oído―. Porque las dos tienes pareja...
―¿Casadas?
―Sssssh ―siseó poniéndose el dedo en la boca.
Me debí quedar con cara de gilipollas cuando me pegó una palmadita en la espalda y se levantó de la silla para saludar a las invitadas.
―¡Pero bueno, bueno, vaya tres preciosidades!
―¿Somos las primeras en llegar? ―y se dieron dos besos―. Anda, si está Marcos también, sois inseparables, eh, todo el día juntos en el trabajo y fuera, ¿dónde has dejado a Lorena? ―me preguntaron y yo me levanté educadamente a saludarlas.
―Ahora viene, ha ido a casa a pegarse una duchita...
―Y vosotros ya estáis aprovechando, eh...
―¿Qué os pido, chicas? ―se ofreció Juanlu y las tres acompañaron a mi compañero, con una jarra de cerveza de medio litro.
Poco a poco fueron llegando el resto de invitados, esta vez no estábamos solos Juanlu y yo con todas las mujeres, y también había invitado al pediatra pelirrojo de gafitas, Simón, aunque no era una gran competencia para robarle a ninguna enfermera, ya que nos había reconocido que era bisexual, por no decir gay.
Y la última en aparecer fue Lorena, a la que silbaron todos en cuanto la vieron entrar por la puerta.
―Vamos, cabrona, que tienes muy solo a Marcos ―se burlaron de ella el resto de enfermeras y mi chica se acercó a mí y me plantó un pico.
Se había puesto espectacular, con el pelo recogido en una coleta, aunque quizás llevaba más maquillaje del necesario.
A mí me gustaba más natural, eso sí, a Juanlu se le fueron los ojos a sus tetas cuando se quitó la cazadora, quedándose tan solo con una camiseta negra de tirantes demasiado escotada, minifalda vaquera muy corta y unas botas altas por encima de las rodillas.
Mi compañero se acercó a ella por detrás y rodeó su abdomen con los brazos, plantándole un sonoro beso en toda la mejilla, mientras le restregaba la polla por el culo a mi chica, que se giró y le dio unos cuantos besazos bien sonoros, pasándole las manos por el cuello y abrazándose a él.
―Muchas felicidades, cariño, muaccc muacccc muacccc...
―Bueno, vale, vale, iros a un hotel, ja, ja, ja ―gritó una de las enfermeras, y aquel comentario desató las risas del resto, que no pudieron evitar mirar hacia mí.
Sonreí asintiendo como un estúpido, mientras el abrazo de mi chica con Juanlu se alargaba más de lo protocolario y cuando se separaron, mi compañero le advirtió “luego nos tomamos una tú y yo, eh”.
“Las que quieras”, le respondió Lorena, que después se acercó a mí y me agarró de la mano, una vez que ya me había dejado en evidencia delante de todos, aunque para ella había sido de lo más normal.
Tres horas más tarde, todos con unas cuantas copas de más encima, por fin le dimos los regalos a Juanlu, que no dudó en probarse la camisa delante de nosotros.
El muy cabrón se desabrochó la que llevaba, se quedó con el torso desnudo mientras las enfermeras le silbaban y solo dos se acercaron a manosear su pecho peludo, María y mi novia, Lorena.
Todavía fue más humillante cuando mi chica pidió que le acercaran también el perfume que habíamos comprado entre todos, el Armani Code, y con el bote en la mano, le dosificó dos veces en el cuello y en el pecho, aspirando el olor que emanaba su cuerpo.
―¿Mmmmmm, me encanta! ―exclamó Lorena y yo todavía me puse más rojo de vergüenza al notar cómo todos me miraban de nuevo.
Juanlu le ofreció el cuello a mi chica, que se demoró tres segundos con la cabeza allí enterrada y después él se probó la camisa que le habíamos regalado.
Yo me fui separando de la escena, y nadie reparó en mí, cuando me salí del círculo que formábamos entre todos, que no dejaba de de jalear y gritar a mi compañero.
En cuanto salimos del restaurante Lorena se agarró a mi brazo. Estaba eufórica, radiante, feliz, y ya se le notaba la mezcla de las cervezas, el vino de la cena, las copas y los dos chupitos que se había metido entre pecho y espalda.
―Venga, anímate, Marcos... ¿qué te pasa?
―Siempre me dices lo mismo, Lorena, ya sé que vosotros os lo pasáis muy bien, que yo soy un soso, pero no sé, parece que estoy haciendo algo malo porque no me guste beber... me hacéis sentir como un bicho raro...
―¿Y ahora a qué viene eso?
―A nada...
―¿Estás enfadado?
―Pues hombre, no sé..., no me ha parecido muy normal la escenita que has montado con el perfume y la camisa.
―¿En serio te ha molestado eso?, joder, estábamos todos de broma...
―Pues no sé, hay algunas bromas que...
―Juanlu y yo nos llevamos muy bien y ya está, con otro no lo hubiera hecho, pero con él hay confianza... era un juego, y hemos bebido bastante, no quiero que te enfades por eso ―dijo agarrándome el brazo con más fuerza.
―Últimamente bebes bastante y eso no me gusta, me dejas en evidencia delante de todos, y me jode tener que soportar las miraditas burlonas de tus compañeras...
―¿En serio me estás diciendo esto?, sí, ¿qué pasa?, cuando salgo me gusta beberme mis copitas y hoy estamos celebrando un cumpleaños, entre semana no pruebo una gota de alcohol... por si me estás llamando alcohólica ―se enfadó, separándose de mí.
―No, no quiero decir eso, joder, perdona, Lorena, lo que quería decir es que...
―Mira, Marcos, me gustas, me gustas de verdad, y ya te conté que mi anterior relación fue muy tóxica, entre otros motivos por los celos de Fran...
―Yo nunca te he dicho nada, me gusta que vistas así, tan sexy, no soy celoso..., perdona, no quiero que esto te corte el rollo, lo siento de verdad, he sido un idiota... solo te digo que cuidado con el alcohol...
―Está bien, idiota, no tengo nada que perdonarte ―dijo agarrándose de nuevo a mi brazo―. ¿Sabes?, tengo muchas ganas de irme mañana de viaje contigo, he reservado un hotel romántico al lado del mar... y te prometo que hoy ya no voy a beber más, que mañana no quiero tener un resacón...
―Yo solo quiero que te lo pases bien, de verdad.
―Eso está hecho.
Nuestra primera discusión no impidió que Lorena se cortara el resto de la fiesta y se lo pasó realmente bien, como me había prometido, bailando con todos, en especial con Juanlu, que cada vez iba más pasado.
¡Menuda borrachera se estaba cogiendo mi compañero!
Y yo me quedé en la barra, con mi Coca-cola, viendo cómo bailaban, observando a Juanlu poner las manos en su cintura y pegarse mi novia más de lo que debería, cuando se me acercó Simón sonriente, con un extraño cóctel en la mano.