Un plan (casi) perfecto 15
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No puedo decir que el lunes fuera mi mejor día. Cada vez llevaba peor lo de tener que trabajar con Juanlu y ya no podía disimularlo, y es que era muy duro para mí, tener que compartir una jornada de trabajo con el tío que se quería follar a mi novia.

Y él que no era tonto, enseguida notó que algo me pasaba.

―¿Todo bien, Marcos? ―me preguntó.

―Sí, sí, claro...

―Es que casi no me hablas, te veo muy serio conmigo.

―No, para nada, es que hoy es lunes, ha sido un finde duro.

―Ya, yo igual, el sábado estuvimos hasta las tantas, ufff, y ayer, ¡menuda resaca!, bueno, ya te habrá contado, Lorena...

―Sí, me dijo que os dieron las tantas y que terminasteis en su casa, desayunando...

―¡Uf, vaya borrachera, tío!, hacía tiempo que no me pillaba una así, y Lorena, ¡joder, menudo aguante tiene!, nos tumba a todos la cabrona, a ver si para otra vez vienes tú también, aunque no te guste beber...

Fue nombrarla y enseguida la vi aparecer por el pasillo junto con dos compañeras. Al menos su sola presencia ya me alegraba el día. Guardó las apariencias con los demás y me guiñó el ojo, regalándome además, una carantoña en la mano a modo de saludo.

―Buenos días a los dos celadores más guapos...

―Mejorando lo presente ―respondió Juanlu, provocando la sonrisa de las tres enfermeras.

Yo me quedé toda la mañana observando a mi compañero por si él actuaba raro, pero la verdad es que estuvo bastante tranquilo. Si había pasado algo con Lorena el finde, desde luego que era muy buen actor y lo disimulaba muy bien.

Y así fue pasando la semana sin ninguna novedad, Lucía no volvió a escribirme, cosa que agradecí y yo seguí hablando por las noches con parejitabierta98. Me llevó un par de semanas coger más confianza con él, aunque antes me aseguré de que no había nadie conocido escondido tras esa cuenta.

Un día pude chatear brevemente con parejitabierta98 por la mañana, mientras me tomaba un café con Juanlu y Lorena en la cafetería del hospital, así que enseguida descarté que pudieran ser ellos, porque en ese momento no estaban mirando el móvil ninguno de los dos.

Eso me dejó bastante más tranquilo y por si acaso, una noche me llevé a todos mis colegas al cine y ahí intercambiamos un par de frases, por lo que también borré de la lista negra a todos los integrantes de mi grupo de amigos.

Tampoco era Lucía, porque cuando fui cogiendo más confianza con los dos, una noche les pedí que conectaran la cámara en directo, e Iván e Isa lo hicieron sin ningún problema, para demostrarme que sí se trataba de una pareja real, aunque no me mostraron la cara.

Y quince días más tarde, por fin llegó el fin de semana que estaba esperando.

Triple cita. El viernes íbamos a quedar con Vanesa, la amiga de Lorena, el sábado teníamos comida con su madre para presentármela y por la noche salida de fiesta con mis colegas, y es que yo tenía muchas ganas de que mis amigos conocieran a mi chica.

El viernes fuimos al OHM con Vanesa, la mejor amiga de Lorena. La verdad es que era una chica guapa, pero demasiado artificial para mí, con esas tetas y los labios operados. Una choni polioperada.

Sinceramente, me gustaba mucho más la naturalidad de mi novia.

Vanesa vino con el moreno guaperas con el que la vi comiéndose la boca la otra vez y Lorena hizo las presentaciones.

Su amiga me pegó un buen repaso de arriba abajo y por la cara que puso, no pareció que de primeras le causara muy buena impresión.

Es verdad que Lorena y yo no encajábamos en nada, y menos aquella noche, en la que yo iba con una camisa blanca bastante pija y ella con un body negro con un buen escote y una falda larga superajustada hasta los pies, de color verde militar.

Nos tomamos un par de copas con ellos y yo tampoco congenié con su mejor amiga, con la que apenas hablé, aunque Vanesa tampoco es que me hiciera mucho caso y terminó morreándose con el guaperas justo a nuestro lado.

Casi mejor, porque no soportaba la manera de mirarme que tenían ninguno de los dos, con unos aires de superioridad que me daban muy mal rollo.

Yo no era alto, guapo y cachitas como ese tío, pero tampoco tenían que menospreciarme de esa manera y Lorena por supuesto que se dio cuenta, aunque no me dijo nada. Les dejamos allí en la barra, metiéndose la lengua en la boca y Lorena y yo fuimos a su casa.

―¿Qué te ha parecido mi amiga?

―Bien, aunque no sé si le he caído muy bien, me miraban raro los dos, ¿no?, como diciendo, ¿qué hace Lorena con este?

―Ja, ja, ja, sí, puede ser, Vanesa se sube un poquito cuando está con ese tío, siempre hace lo mismo cuando está con un chulo de estos, y luego lo pasa fatal cuando la dejan tirada...

, pero vamos, que me da igual lo que piensen...

―dijo llevándome de la mano hasta el sofá―.

Ufff, me apetece mucho que me folles, nene...

―Te queda increíble esa falda, es taaaan, ajustada...

―¿Y por qué no me la quitas? ―ronroneó quedándose de pie mientras yo me sentaba.

Dejó que tirara de la tela hacia abajo y la falda entallada fue cayendo hasta el suelo, quedándose tan solo con el body negro, que era como una especie de bañador, pero con un par de corchetes situados en su entrepierna.

Ella misma se soltó los corchetes, mostrándome su coño y después me ordenó que me sacara la polla.

―Mmmmm, ¡ya la tienes dura! ―murmuró, poniéndose de rodillas entre mis piernas.

Se la metió en la boca y a la vez que me la chupaba, comenzó a masturbarse con rabia; y después me hizo una de sus mamadas agresivas y enérgicas, haciendo que me corriera en menos de un minuto.

Se lo tragó todo sin dejar de pasarme la lengua por la polla, y cuando me la limpió ya volvía a estar empalmado, me cogió de la mano para que me levantara y me llevó hasta su habitación.

―Ahora sí, nene, ¡quiero que me folles como una guarra! ―jadeó pasándose un dedo por la comisura de los labios.

∞∞∞

Al día siguiente, Lorena había reservado para comer con su madre en uno de sus restaurantes favoritos.

Me presentó a Carmen, que era una señora de 59 años que había sido enfermera, pero ya estaba jubilada por un problema en la espalda.

La madre de Lorena me cayó muy bien y creo que fue recíprocoyo.

Era igual que Lorena, hablaba y hablaba sin parar, muy simpática y extrovertida y estaba encantada de ver a su hija tan feliz y tranquila conmigo.

Salí de la comida realmente contento y Lorena también.

“Le has caído genial a mi madre”, me susurró al oído justo al despedirnos de ella, y Carmen le guiñó el ojo a su hija, en un gesto que Lorena hacía mucho y casi a la vez, se sonrieron cómplices.

Después me llevó a su casa, y para celebrarlo, volvimos a follar y pasamos la tarde en el sofá, viendo una película, antes de prepararnos para salir con mis colegas.

―¿Cómo quieres que me vista? ―me preguntó desnuda al salir de la ducha―. Quiero causarles una buena impresión a tus amigos...

―Con cualquier cosa les vas a causar buena impresión, son muy básicos, ja, ja, ja...

―Ja, ja, ja... había pensando en ponerme un body como ayer, ¿te parece bien? ―dijo sacando uno rojo.

―Te gusta ese tipo de prenda, ¿eh?

―Sí, ¿y a ti?

―A mí me encanta, estás muy sexy cuando te pones uno de esos...

―Pues entonces decidido, me pongo este rojo...

Era prácticamente igual que el negro, pero de otro color.

Y desde la cama tumbado, disfruté viendo cómo Lorena se vestía.

Primero se puso el body rojo, así que no necesitaba ropa interior, y además, se le metía la tela entre los glúteos, haciendo el efecto de braguita brasileña.

Encima se puso un vaquero gris ancho un poco caído, por lo que se le veía la piel por la zona de las caderas, botines con tacón y una chupa de cuero.

Se maquilló lo justo, y antes de salir, se acomodó el escote frente al espejo.

―Ya estoy lista...

Tuvimos que llevar dos coches para poder ir a las bodegas que había a las afueras de la ciudad, porque no cabíamos todos en uno, y yo fui solo con Lorena y mis colegas en otro coche.

No se me olvidará jamás, la cara que pusieron mis amigos al ver a mi chica y más cuando se quitó la cazadora de cuero, luciendo sus imponentes tetas.

Ya la conocían de vista de la otra vez que nos la encontramos en el OHM, pero no era lo mismo que tenerla sentada en la mesa con nosotros.

Yo veía cómo se reían y se miraban unos a otros, y me dio un poco de vergüenza ajena que se comportaran como unos auténticos niñatos.

Pero Lorena se integró enseguida en el grupo y les siguió muy bien el rollo; entre todos se bebieron un par de botellas de vino y después de cenar, se tomaron un chupito y una copa.

La verdad es que nos lo pasamos muy bien, yo pensé que las bromas infantiles de mis amigos no le gustarían a Lorena, pero nada más lejos de la realidad, y es que no dejó de reírse con las ocurrencias de ellos en toda la noche.

―¿Dónde vamos ahora? ―preguntó uno de mis colegas al salir.

―Me han dicho que había conciertito en Los chopos después del tardeo... ―dijo Lorena, que con lo que había bebido, ya tenía ganas de fiesta.

―Ah, pues genial, hace mucho que no vamos... ―le siguieron ellos.

Arranqué el coche y en el camino fuimos hablando un poco de cómo había transcurrido la cena.

―¡Joder, qué risas!, me lo he pasado genial con tus amigos, vaya chorradas sueltan...

―Y eso que hoy estaban cortados por ti...

―Pues no lo parecía...

―Son un poco imbéciles, siento que al principio...

―Es normal, pero son muy buena gente, no esperaba menos de tus amigos... ―y de repente se acercó a mí y me palpó la polla por encima del pantalón―. Uff, ya se me ha subido el vino y tengo unas ganas de follar que ni te cuento...

―Para, eh, cabrona...

―Mmmm, ¡es que me encanta la facilidad con la que te empalmas, cabrón! ―bromeó volviendo a su sitio.

―Ya estamos llegando...

Dejé mi viejo coche en el parking y justo aparcó a mi lado un Audi Q3 Sportback. Y al bajarnos del coche allí me la encontré. Lucía y el pijo de su novio.

¡No podía ser! ¡Qué puñetera casualidad!