Un par de días Epílogo
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Epílogo

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Dos encuentros. Eso fue todo lo que tuvimos.

Y de algún modo bastó para dar comienzo a algo queninguno de los dos sabía nombrar.

Ella pensó que hablaríamos un par de días.

Yo no sabíacuánto tiempo hablaríamos. Ninguno de los dos habríapodido imaginar seis años.

Ella dejaría atrás su país yconstruiría una vida en el lejano norte.

Yo construiría lamía en otra parte. El mundo a nuestro alrededor cambiaría, ylas personas en él, y nosotros también. Pero de vez en cuando,

a lo largo de todo aquello, llegaría un mensaje. Una pregunta.

Una broma. Un recuerdo. Un pequeño pedazo de Leópolisllegando por la pantalla de un teléfono, en un lugar dondeLeópolis no tiene calles.

Yo solía creer que entendía nuestra historia. Recordaba latarde, la cámara, las risas, el camino a casa. Pensaba que esoera todo. Luego le pedí que me contara lo que ella recordabay descubrí que durante todos esos años solo había leído unamitad.

A ella le había sorprendido que un extranjero le hablara.

Había creído que duraría un par de días. Había confiado enmí por instinto, y me recordaba tímido, dulce y modesto, yluego se había alegrado al descubrir que no lo era. Unas pocaspalabras cálidas la habían levantado. Había perdido un hogar y