84 Capítulo D i e c i o c h o
El año callado
⋄Los silencios no empiezan con un sonido. Por eso es tan difícilfecharlos.
He intentado, desde entonces, encontrar el día exacto enque empezó.
He recorrido los mensajes como un arqueólogorecorre las capas de tierra, buscando la línea donde cambiael color del suelo.
Y no la encuentro. No hay una pelea. Nohay una palabra cruel.
Hay solo un lento adelgazamiento, unaflojamiento gradual, como un nudo del que se ha tiradodurante mucho tiempo.
Escribía menos. Esa fue la primera señal, aunque yo no laleí comotal. Susmensajes, que antes llegaban enráfagas, largos,
graciosos y desbordados, se volvieron más cortos. Hola. Estoycansada. Hablamos luego. Después llegaban un día sí y otro no.
Luego cada pocos días. Me dije que era natural. Ella trabajaba,
estudiaba, construía una vida de la nada, y yo era un hombre enotro país con su propia pesada maraña de obligaciones. Claroque estábamos ocupados. Todo el mundo está ocupado.
Pero yo lo sabía.
Algo en mí lo sabía, como un animal sabe que viene elmal tiempo.
Lo sentía en la boca del estómago en tardescorrientes, un dolor leve y constante, como el primer indicio de un resfriado.