59 Ankit Singh
Había dicho que yo tenía miedo a la pérdida.
A perder a una persona, o aperder algo que importaba.
He pensado en esa frase muchasveces desde entonces, y no estoy seguro de que ella sepa cuánexacta es.
Esa es la naturaleza de ser visto de verdad.
Nuncasabes cuánto ha notado alguien hasta que lo dice con claridad,
en una sola frase sencilla.
Le pregunté cuándo creía que yo era más feliz. —Cuandotodo sale como lo planeaste —dijo, y eso tenía sentido para mí.
Soy más feliz cuando el mundo coopera con el mapa que hetrazado de él.
Entonces pregunté lo contrario. ¿Cuándo creía que yoocultaba algo?
—Cuando algo sale mal —dijo—. O cuando estás muyseguro de ti.
Le di dos vueltas a esa respuesta, por la pequeña grieta quetenía. Cuando algo sale mal, o cuando estás seguro. Las doscasi se confunden, y me di cuenta de que quizá son lo mismo.
Cuando estoy herido,me quedo callado. Cuando estoy segurode mí mismo, estoy actuando. En ambos casos me encuentroen algún lugar detrás de mi propio rostro.
Ella lo había notado.
No todo, quizá. Pero lo suficiente. Y de una persona a laque solo había visto dos veces.
Hablamos de la atención como si fuera un asunto menor,
pero es la forma más rara de generosidad. Observar a alguiencon tanta atención como para saber cuándo finge. Recordar laforma desussilencios. Ella llevaba años prestándome atención,
y yo había estado tan ocupado corriendo hacia mis sueños queno me había dado cuenta de que me observaban con tantocuidado.
Aquella noche hubo una última pregunta, y era la únicaque de verdad me daba miedo hacer. Quería saber si yo la hacíasentirse comprendida.
No hizo un discurso. Simplemente me miró.