Un par de días 47 Ankit Singh
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47 Ankit Singh

Recuerdo que ocurrió. Recuerdo a mi amigo riéndose de algo,

y a la amiga de ella respondiéndole, y la sensación de ser muyjoven en una ciudad que todavía parecía pertenecernos. Loque no recuerdo es nada especial. Ningún discurso, ningunaconfesión, ningún momento que se anunciara a sí mismocomo importante.

Las acompañamos hasta su portal. Nos dimos las buenasnoches. Y luego volvimos a internarnos en la ciudad, y la vidasiguió su curso.

Pero para ella fue el favorito.

Creo que ahora lo entiendo.

Los grandes recuerdos rara vez son los ruidosos. Son esosmomentos corrientes en los que, sin saberlo, fuimos felices.

Una tarde fresca. Un paso lento. Dos amigos junto a dosamigas, la calle desenrollándose ante ellos. Nadie pidiéndolenada a nadie, nadie fingiendo, nadie con miedo. Ella estaba asalvo. Estaba con personas que la verían llegar a su casa.

Quizá eso importa más a alguien que más tarde perdió suhogar que a cualquier otra persona. Por una noche, en unaciudad que todavía estaba entera, alguien se había aseguradode que llegara a su propia puerta.

Yo entonces no lo sabía. Solo me había ofrecido a caminara su lado.

Es humillante darse cuenta de que el acto más importantede tu vida, a los ojos de otra persona, puede ser algo que casihas olvidado. De que la tarde que recuerdas como nada es laque esa persona ha guardado doblada en un bolsillo duranteseis años, para sacarla cada vez que necesita sentir calor.

Todos, todo el tiempo, estamos creando recuerdos paraotras personas sin que nadie nos lo diga. Un paseo a casa. Unafrase amable. Un mensaje que pregunta qué haces este fin desemana.

Nunca llegamos a saber cuál de ellos perdurará.