Un padre soltero inolvidable Segundo Epílogo
100%

Segundo Epílogo

BECKETT

Cinco años después

Las reuniones familiares en la mansión LeBlanc Brussard siempre se habían caracterizado por ser muy bulliciosas, pero con la llegada de muchos niños a la familia, eran lisa y llanamente un caos absoluto… Lo normal cuando se juntaba un grupo de seis niños menores de siete años.

Bella, Simone y Charlotte eran las mayores del grupo. Luego venía nuestra segunda hija, Ariana.

Además, Chad y Scarlett tuvieron a Sheila.

Julian y Georgie tenían dos niños, Stefan y Nic.

Xander estaba a punto de ser padre, y Bailey a punto de salir de cuentas.

En ese momento se encontraba sentada en el sofá y observando el caos que formaban los niños.

Y Zachary y Grace también tenían una niña pequeña, Daphne.

Mis padres estaban haciendo todo lo posible por proteger el pequeño árbol de Navidad de los niños.

Lo habían colocado sobre una mesa con la esperanza de que nadie lo tirara, algo que venía ocurriendo desde que Charlotte tenía un año.

Incluso después de varios años, seguía intentando subirse a la mesa para conseguir su premio.

Por suerte, mi padre la detuvo en el último momento.

—Me encanta pasar la Navidad aquí —comentó Piper, mientras se sentaba a mi lado en el sofá.

Estaba embarazada y esta vez era un niño.

Tanto Charlotte como Ariana estaban contentas con la idea de tener un hermanito.

Tras enterarnos del nuevo embarazo, Piper decidió dejar su trabajo para dedicarse a tiempo completo a la crianza.

Le encantaba estar con las niñas y, aunque adoraba su trabajo, había montado su propia empresa hacía tres años dispuesta a tomarse las cosas con más calma.

Contaba con mi apoyo incondicional y me encantaba cuidar de ella.

Algunos días seguía sin creer que quisiera a Charlotte como a una hija más.

A veces me preguntaba por su “verdadera” madre, Elle, pero yo siempre desviaba la conversación.

No habíamos recibido noticias suyas después de todos esos años, y si por mí fuera, desearía que no apareciera nunca más.

Besé a Piper en la cabeza:

—Yo también.

Con la chimenea encendida, mis abuelos discutían sobre quién había pescado el pez más grande en la última salida, e Isabeau y Celine estaban cuchicheando.

Era obvio que estaban tramando algo. Lo de siempre en el clan LeBlanc-Broussard.

Aún así, tenía que admitir que los abuelos se estaban haciendo mayores.

Los veía más lentos, aunque me costara asimilarlo.

—¿Quién se apunta a una copa antes de ir a dormir? —preguntó Julian, moviendo las cejas.

—Sí, por favor. Sorpréndenos con tu nueva creación —dijo mi madre.

Mis padres estaban cansados tras un largo día.

—¿Queréis que haga guardia junto al árbol? —pregunté.

Aunque dudaron un instante, mi padre respondió:

—No, creo que a todos los niños ya les ha quedado claro que no deben acercarse y no hace falta vigilancia.

Mi madre asintió y ambos se unieron a nosotros en la sala de estar.

Yo, sin embargo, desconfiaba de que los niños dejaran de intentar acercarse, por lo que seguí atento a sus movimientos.

Bella, que ahora era una adolescente bastante rebelde, no estaba tan interesada en pasar tiempo con los pequeños como antes, aunque a veces le apetecía jugar con ellos.

Una vez la pillé viendo la primera película de Harry Potter con ellos cuando Charlotte tenía tres años.

No le di importancia porque mi pequeña aún no podía entender nada de la película pero desde entonces, tuve cuidado de ser más claro con mi sobrina sobre lo que estaba permitido y lo que no.

Mantuve un brazo alrededor de los hombros de mi esposa y le besé la cabeza. Apuesto a que se quedaría dormida en cualquier momento. Su segundo embarazo fue completamente diferente al primero. No tenía ningún malestar, pero sí sueño todo el tiempo.

Julian regresó con una bandeja llena de copas unos diez minutos más tarde y entregó una a cada uno de los que estaban en la sala, salvo Piper y Bailey, lógicamente.

Mi hermano le había dado un giro a su negocio y empezó a probar con cócteles de temporada e incluso había contratado a un mixólogo para que inventara nuevas recetas. Fue todo un éxito.

Todos levantamos nuestras copas y brindamos.

—Está buenísimo —dijo Chad.

Piper bostezó y parpadeó rápidamente. Había acertado: mi mujer acababa de echarse una microsiesta.

—Oh, cómo me gustaría probarlo —se lamentó con un puchero.

—Está realmente delicioso.

Mi hermano era un experto en cócteles. En los últimos años, habíamos llevado a The Orleans Conglomerate a un nivel de éxito sin precedentes.

Los beneficios eran extraordinarios, a pesar de que habíamos reinvertido buena parte en aumentar nuestro número de establecimientos.

Gracias a la fantástica campaña publicitaria que Piper había llevado a cabo hacía años, llegamos a un público completamente nuevo con las panaderías.

—Papá, ¿puedo tomar uno también? —preguntó Bella, que estaba sentada a mi lado. Chad y Scarlett estaban en el sofá frente a ella.

—Por supuesto que no. Lleva alcohol.

—Ahh… es verdad. Tienes razón, papá.

Fruncí el ceño. Hasta Piper se giró para mirar a Bella. Normalmente era más insistente y daba guerra. Recordé mi adolescencia, y lo mucho que me gustaba provocar a mis padres.

Bella miró a las abuelas, que se miraron entre sí, y entonces Celine carraspeó:

—Chad, creemos que es hora de que Bella tenga su primer perfume personalizado.

—Me parece genial. —Chad estaba cayendo directamente en su trampa.

Scarlett también se enderezó en su asiento, al darse cuenta de que algo no iba bien. Bella estaba conspirando con sus bisabuelas.

—Podríamos utilizar un poco de aceite esencial de lila en su perfume —dijo Celine con voz muy serena.

Toda la sala quedó en silencio. Julian, que había estado inclinado hablando en voz baja con Xander, miró a Celine con los ojos muy abiertos. Incluso los niños parecían estar callados.

—¡Ni hablar! —tronó Chad en la sala silenciosa.

—Papá, vamos. No seas así —dijo Bella.

Ja. Con que ese era su plan. Qué chica tan lista; primero le preguntó a Chad sobre el cóctel, y no insistió porque ya especulaba con obtener un sí en su segunda petición.

—Eres demasiado joven para eso —le reprendió su padre.

—Nieto querido, ¿esa es tu manera de admitir oficialmente que no nos equivocamos con la lila? Por cierto, la pregunta se aplica a todos vosotros —inquirió Isabeau, mirando a su alrededor con aire triunfal.

—Yo, por mi parte, estoy convencido —afirmó Julian—. De hecho, creo que todos lo están, aunque no quieran admitirlo.

Chad seguía mirando a Bella de forma extraña:

—¿Eso significa que tienes novio? —Parecía a punto de desmayarse cuando pronunció la palabra “novio”. Y vi mi futuro reflejado en la expresión de mi hermano.

—No, papá —respondió Bella en un tono que daba a entender que quería poner los ojos en blanco, pero era demasiado respetuosa para hacerlo—. Si tuviera uno, no necesitaría la lila.

—¿Qué quieres decir con que necesitas la lila? —preguntó Chad.

Celine miró a Isabeau:

—Te dije que deberíamos haberlo hecho de otra manera.

—¿Y vosotras dos qué hacéis alentándola? —cuestionó Chad.

Mi hermano empezó a discutir con las abuelas y se produjo un gran alboroto.

Scarlett, como de costumbre, intentaba calmar las aguas, pero se trataba de un tema muy delicado.

Estaba convencido de que mi hermano echaba de menos los tiempos en los que la única petición de Bella era ver la próxima película de Harry Potter .

Cinco segundos después, un fuerte estruendo nos sobresaltó a todos. Charlotte, junto a sus primos pequeños, aprovechando que todos los adultos estábamos enfrascados en una conversación, habían tirado el árbol de Navidad.

Todos nos levantamos de un salto y corrimos en esa dirección.

—¡Charlotte! —la regañé—. ¿Qué te hemos dicho sobre el árbol?

—¡Que no se tira! —exclamó.

—Exacto —respondí, haciendo un esfuerzo por contener la risa—. Ahora el árbol de Navidad está estropeado, y ya no podemos disfrutarlo.

—Lo siento. Pensé que este año no se caería —dijo con la carita triste.

Tras asegurarnos que ningún niño se había hecho daño, levantamos el árbol lo mejor que pudimos. Solo quedaban la mitad de los adornos.

—Tengo una idea —intervino Scarlett—. Girémoslo para que el lado con más adornos quede hacia nosotros.

—Excelente idea —señaló Chad. Su voz ya no sonaba tan tensa como antes. Su esposa era una persona alegre y había calmado las tensiones.

Todos los hermanos nos juntamos para girar el árbol aunque solo se necesitara a dos personas. Pero venían bien los refuerzos por si acaso se volvía a caer.

—Uno, dos, ¡tres! —exclamó Xander.

Lo giramos hasta que Scarlett dijo:

—Parad, así está perfecto. —Luego lo volvimos a colocar sobre la mesa.

Di un paso atrás y silbé:

—Eres un genio, Scarlett. Parece nuevo.

Los pequeños empezaron a aplaudir. Deberíamos haberlos regañado, pero era Navidad, y lo íbamos a dejar pasar.

Entonces, busqué a Piper con la mirada. Se había quedado en el sofá y sonrió ampliamente cuando me acerqué a ella.

—Pensé que nadie necesitaba mi ayuda.

—No la necesitábamos —respondí guiñándole un ojo.

—En esta casa nunca hay un momento aburrido, ¿verdad?

Por supuesto que no. Siempre pasaba algo emocionante en la mansión LeBlanc-Broussard, ya fueran las discusiones de los abuelos, las recetas de las abuelas o la nueva generación tirando el árbol de Navidad. Y esto último se estaba convirtiendo en una tradición.

Y en el fondo, esperaba que el jaleo durara muchos años más.

Porque ese era el verdadero significado de la familia .