Un otoño para ser feliz Disfruta de esta escena extra exclusiva de nochevieja
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Disfruta de esta escena extra exclusiva de nochevieja

brittany

El mundo se está acabando. Al menos eso es lo que me dice Emily todas las noches antes de que me acueste. Dice que tiene relación con algo de los ordenadores, que dejarán de funcionar. Dice que la oscuridad será total y que hay una canción de una banda llamada R.E.M. que lo ha predicho.

Papá se queja de que me esté asustando, pero, cuando Shell y yo fuimos a la tienda de la esquina a por leche hace unos días, todos los estantes estaban vacíos. Cuando se lo contamos a la tía Carol, de inmediato llamó a papá para preguntarle si deberíamos ir a otro pueblo a ver si les quedaba algo.

Papá se echó a reír, igual que Shell. Su risa me hizo gracia.

Papá dijo que la leche se cortaría si la nevera se estropeaba.

Shell le aseguró a la tía Carol que los ordenadores no funcionaban así, pero ella se subió al coche y el mejor amigo de papá, Lars, dijo que la acompañaría a por leche, aunque no dejaba de reírse mientras se alejaban.

Ahora falta un minuto para medianoche y estoy tumbada boca abajo en la cama de la habitación de Shell, con los pies en el aire, y no puedo evitar la tensión en el pecho por la cuenta atrás de la televisión.

—Mi madre ha comprado un montón de pan y agua —presume Luke, quien balancea los pies desde el borde de la cama.

Los adultos, en el salón, hacen mucho ruido y a Rocket no le gusta, por lo que he venido a la habitación de Shell para ver con él cómo cae la bola en la televisión.

Luke me ha seguido. Por alguna razón, papá ha dicho que debíamos dejar la puerta del dormitorio abierta.

No estoy segura de por qué es importante, pero ha insistido en que «os estáis haciendo demasiado mayores», lo que me ha parecido raro. Bueno, da igual.

—¿Vosotros habéis comprado agua? —pregunta Luke.

Suelto un bufido.

—Mi padre dice que es una tontería estar asustados.

Incluso Rocket deja escapar un suspiro. Seguro que está de acuerdo. Luke no.

—Bueno, quizá el tonto es él.

—Mi padre no es tonto.

—Sí lo es.

—Cállate.

—Oblígame.

Le doy un empujón en el brazo, pero así solo consigo hacer que se ría. Luke siempre se ríe cuando me saca de quicio. Emily no deja de provocarme con que quizá le gusto, pero eso no tiene sentido. No me molestaría tanto si le gustara.

La madera cruje cuando alguien cruza el pasillo. Luke y yo intercambiamos una mirada antes de curiosear tras la esquina. Es la tía Carol, que retuerce las manos con un suspiro. Parece demasiado preocupada como para darse cuenta de que estamos aquí. O quizá haya demasiado ruido en la casa.

—¿Ves? —me susurra Luke—. Sabe que el mundo se va a acabar.

—Shhh —siseo.

Quizá la tía Carol sepa algo que ninguno de los dos sabemos. Las tablas del suelo vuelven a crujir y el mejor amigo de papá recorre el pasillo. Lars tiene un bigote muy gracioso que siempre se mueve cuando se ríe y ahora mismo su sonrisa es inmensa.

Se detiene ante la tía Carol y cruza los brazos.

—¿De verdad estás asustada? —le pregunta con una carcajada.

Mi tía presiona los labios mientras lo aparta, igual que he hecho yo con Luke. A lo mejor Lars es tan pesado como él.

—No tenemos ni idea de cómo funcionan los ordenadores —se lamenta.

Lars le coloca una mano reconfortante en el antebrazo.

—Eso son tonterías. Lo sabes, ¿no?

—No, no es cierto.

Desde el salón, todos empiezan la cuenta atrás. La medianoche ya casi está aquí. Lars sonríe. Sus sonrisas siempre son muy agradables.

—Contemos juntos —le propone, dibujándole una línea en el antebrazo con el dedo.

La tía Carol centra los ojos en su mano. Me pregunto si le preocupará que se esté limpiando en ella. Lars siempre tiene los dedos pegajosos por el glaseado de los dónuts. Pero creo que papá ha hecho tarta en lugar de dónuts esta noche.

—Estás intentando asustarme más —dice.

—O estoy intentando distraerte.

Suelta un bufido, como si no lo creyera. Pero sí que me parece que está siendo majo. Miro hacia la bola brillante en la tele, que se acerca cada vez más a la multitud en Nueva York.

—Ocho segundos para el fin del mundo —canturrea Luke.

Gruño.

—Para.

—Cuatro… Tres…

—Luke, ¡para! —gimo.

La cuenta atrás parece más lenta de lo normal. Intento recordar que papá me ha dicho que no tengo que preocuparme, pero quizá todo se acabe.

—Uno…

Se oye un estallido en el salón y todos vitorean. «¡Feliz Año Nuevo!». Me quedo paralizada, esperando una explosión en el exterior o quizá la oscuridad total. Sin embargo, todo sigue igual.

Observo cómo Lars rodea las mejillas de la tía Carol con sus enormes manos. Sonríe.

—¿Ves? —dice—. Feliz Año Nuevo.

Mi tía pestañea, como si estuviera en shock. Sin embargo, algo me dice que no es porque los ordenadores no hayan explotado. Nunca he visto a Lars tan cerca de ella. Parece que Carol tampoco ha experimentado nada igual.

—¿Qué estás…? —Entonces, Lars se inclina hacia delante y la besa.

Luke de inmediato suelta un «¡puaj!».

Entonces, las luces y la televisión se apagan.

El mundo se queda a oscuras. Luke grita, lo que me hace chillar, y la tía Carol nos imita. Los fuegos artificiales estallan en el exterior. Rocket se apresura hacia el baño, donde araña con las uñas la madera. Se oye un «clonc». Creo que se ha metido en la bañera.

—Te lo dije —le dice la tía Carol a Lars.

En apenas un segundo, las luces se vuelven a encender. El calefactor se activa y cobra vida de nuevo con un zumbido. Desde el salón, las risas cruzan la casa, seguidas de un grito de Shell: «¡Cliff!».

En el pasillo, Lars estalla en carcajadas.

«¿No se ha acabado el mundo? ¡No se ha acabado el mundo!».

A Carol le cambia la cara.

—¿No es… el fin del mundo?

—El capullo de tu hermano ha apagado las luces —se ríe Lars—. Ha intentado asustarnos a todos.

Entonces, Carol se echa a reír, dudosa.

—Es… Es tonto —dice con voz temblorosa.

—Le viene de familia —replica Lars.

Se miran el uno al otro durante mucho tiempo antes de que la tía Carol lo tome de la cara y lo bese. Espero sentir el mismo asco que Luke, pero sonrío. Me parecen monos. Algo típico de una película de princesas. Me pregunto si la tía Carol se sentirá como una princesa.

Quizá sea una tontería. A lo mejor le parezco tonta a Luke. Lo miro, pero tiene los ojos como platos y contempla el televisor apagado.

—¿No es el fin del mundo? —pregunta sin aliento.

De repente, todo me resulta muy divertido.

—Has gritado —digo.

Luke niega con la cabeza, como si volviera a la realidad. Frunce el ceño.

—No es verdad.

Me echo a reír.

—Eres un gallina.

—Bueno…, tú también has gritado.

No puedo parar de reír y, al final, se lo contagio. Los dos nos dejamos caer en la cama con un ataque de carcajadas que no conseguimos detener. Cada una me hace sentir más ligera que la anterior hasta que toda la tensión que me presionaba el pecho flota por la habitación.

—¿Quieres ir a ver los fuegos artificiales? —pregunto.

Sigue riéndose.

—Claro.

Rocket sale del baño de puntillas.

—¿Quieres venir, Rocket?

Desaparece de nuevo, pero no pasa nada. Ya se dará cuenta de que Emily se equivocaba. No es el fin del mundo. Estamos todos bien.