Epílogo.
DOS AÑOS DESPUÉS.
Jones Beach State Park
Rhett.
El sonido de las olas rompiendo suavemente contra la orilla es lo único que necesito para recordar lo mucho que ha cambiado mi vida.
Dos años atrás no habría imaginado esto: mis pies enterrados en la arena, el sol dándome en la cara y la risa de mi hija llenándolo todo.
Nara corre descalza por la playa, con su vestido blanco ondeando al viento y la sonrisa más grande que he visto jamás. Sus rizos oscuros vuelan desordenados mientras grita mi nombre entre risas:
—¡Papáaaa!
Y yo no tardo en reaccionar. Me levanto de la manta donde estábamos tumbados y salgo corriendo detrás de ella.
—¡Voy por ti, pequeña terremoto!
Ella chilla de emoción y corre más rápido, aunque sus pasitos son torpes. Pero no corre hacia mí, no. Corre directo a los brazos de Mirella, que la espera más adelante, agachada, con los brazos abiertos.
—¡Mamá! —Grita Nara, riendo, y se lanza hacia ella.
Mirella la atrapa al vuelo y se incorpora con ella en brazos mientras retrocede rápidamente, como si quisieran huir de mí.
—¡No vale! ¡Eso es trampa! —Les grito, fingiendo indignación.
—¡No hay reglas en esta guerra! —Grita Mirella, corriendo con Nara en brazos, riéndose como una niña.
Corro tras ellas, dejando que me cueste un poco alcanzarlas, solo para escuchar cómo las carcajadas de ambas se funden con el sonido del mar. Al final, las alcanzo, envuelvo a las dos con los brazos y las tumbo con mucho cuidado sobre la arena entre risas y gritos.
—¡Nos atrapaste! —Grita Nara entre carcajadas, rodando sobre la toalla.
—Teníais que saber que no podíais escaparte de mí, princesas.
Me tumbo a su lado, con ella entre nosotros. Mirella la acaricia y le besa la frente. Yo cierro los ojos por un momento, dejando que el viento me acaricie la cara, con los dedos entrelazados con los de mi mujer.
—No me canso de verla feliz —susurra Mirella.
—Yo tampoco.
Nara empieza a llenar cubitos con arena a nuestro lado, concentrada como si construyera una ciudad entera.
Mirella apoya la cabeza en mi pecho y acaricio su barriga, deseando que pasen de nuevo los meses para darle la bienvenida a nuestra segunda hija.
Y yo solo pienso en que esto, exactamente esto, es lo que toda mi vida pensé que no merecía.
Y sin embargo, aquí estoy. Aquí estamos. En un lugar llamado Nosotros.
Mi familia.Mi hogar.Mi todo.