Un lugar junto a tu corazón (Serie Legado 5) Epílogo
100%

Epílogo

E speraron otros tres meses para casarse, hasta después de la cosecha, para que todos pudieran asistir a la boda, incluido el general convertido en granjero y su familia.

Audrey llevaba el vestido que había terminado de confeccionar en junio.

En lugar de adornarlo con yardas de encaje, había dedicado sus agujas a confeccionar un velo de encaje.

Este flotaba a su alrededor mientras avanzaba por el pasillo de la iglesia, haciéndola sentir como si se deslizara dentro de un sueño.

Pero todo era maravillosamente real, desde las filas de amigos y vecinos a ambos lados hasta el hombre que la esperaba ante el altar. La luz del sol iluminaba el rostro de Sam, y Audrey se preguntó cómo había podido pensar alguna vez que no lo seguiría adondequiera que el Señor los llevara.

Cuando llegó a su lado, deslizó la mano en la de él y dijo:

—Sí, quiero.

—Yo también. —Sam le sonrió.

El pastor soltó una risita.

—Te estás adelantando —susurró—. Pero me alegra ver a unos novios tan seguros de lo que hacen. —Luego, en voz alta, añadió—: Ahora, pasemos a la ceremonia.

Audrey sabía que tanto ella como Sam habían dado las respuestas correctas, pero no recordaba mucho más de la ceremonia. En cierto modo, ya habían pronunciado sus votos ante Dios con aquellas primeras y sencillas palabras que se habían dicho el uno al otro.

Tampoco recordaba gran cosa de los festejos que siguieron a la boda. Por una vez, nadie le había permitido planificar ni preparar nada. Natalie, Jess y Mary se habían encargado de todo para que Audrey pudiera ocuparse de asuntos más importantes, como decorar su nuevo hogar.

Esperaba regresar allí después de la celebración, pero Sam la sacó del salón parroquial entre un coro de felicitaciones y la ayudó a subir al nuevo carruaje de la caballeriza.

—Podemos ir andando —protestó ella.

—No, no podemos. —Sam subió de un salto y se sentó a su lado—. Ni siquiera vamos a conducir nosotros.

—Pero…

Nick ocupó el pescante y tomó las riendas.

—Mantenla cerca de ti, Sam.

—¿Adónde vamos? —preguntó Audrey.

Sam la atrajo contra su costado.

—A la estación de tren.

—¿En tren? —Audrey casi dio un salto de alegría—. ¿Vamos a viajar en tren? ¿Adónde?

—A Chicago. —Sam apoyó la mejilla sobre la coronilla de Audrey—. Pensé que te gustaría vivir una aventura antes de convertirte en una respetable matrona de un pueblecito.

Del mismo modo que sabía que disfrutaría de su luna de miel en una ciudad de verdad, Audrey sabía que la vida junto a Sam sería la mejor aventura que viviría jamás.