Un ladrón por Navidad Capítulo Nueve
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Capítulo Nueve

CRYSTAL

¿Qué acaba de pasar? ¿De verdad Jack Harden ha puesto fin a una relación profesional de dos décadas por mí? ¿Y por qué? ¿No era eso lo que realmente quería? ¿Demostrarme que estaba equivocada, que este mundo no era para mí y que no sería capaz de afrontar este trabajo?

Todos estos pensamientos se me agolpan en la cabeza mientras caminamos a toda prisa hacia el ascensor.

Jack Harden acaba de enfrentarse abiertamente a su inversionista más importante. Llevo más de un año trabajando en su empresa y sé que tendrá que pagar al menos trescientos millones de dólares si quiere sacar a Masterson de su negocio.

Cuando entramos en el ascensor, Jack pulsa el botón del ático con tanta calma como si no hubiera pasado absolutamente nada.

Eso me da ganas de gritar.

—¿Qué acaba de pasar? —pregunto en voz alta, aunque no quiero gritar.

—No te incumbe. Tu oferta laboral sigue en pie —dice sin siquiera mirarme, mientras saca el teléfono del bolsillo de la chaqueta.

—¿Por qué hiciste esto? ¡Podía defenderme sola! —insisto, intentando mirarlo a los ojos—. Fuiste tú quien me llevó allí y ni siquiera me diste la oportunidad de demostrar que tengo razón.

Jack sigue escribiendo en su teléfono y me ignora por completo.

—Me voy a casa —digo al salir del ascensor—. No puedo creer que confiara en ti. Desde el primer minuto en que te vi, supe que tenía que huir lo más rápido posible. Puedes meterte tu oferta laboral donde te quepa, porque yo...

En cuanto entramos en nuestra suite del ático, Jack me aprieta contra la puerta y presiona sus labios contra los míos.

Nuestros labios se encuentran y él atrapa los míos enseguida, besándome con tanta pasión y tanto ardor como si llevara años queriendo hacerlo.

Antes de que alcance a entender qué está pasando, su lengua ya invade mi boca mientras sus hábiles manos me aprietan la cintura y sus pulgares me rozan el vientre.

Cuando se me escapa un gemido, comprendo que esto está sucediendo de verdad e intento apartarlo para que pare.

Por supuesto, no tengo fuerza suficiente para moverlo, pero aun así rompe el beso.

—Lo siento —susurra contra mi boca, todavía manteniéndome pegada a la puerta con su cuerpo—. Soy un idiota por haberte llevado directamente al campo de batalla.

¿Me dieron un golpe en la cabeza mientras caminábamos o Jack Harden acaba de disculparse de verdad?

—Voy a matarte —siseo, intentando empujarlo otra vez.

—Tendrás que esperar tu turno —susurra.

Entonces vuelve a apretar sus labios contra los míos. Se lo permito, convenciéndome de que no puedo hacer nada para evitarlo, pero la verdad es que me muero por sentir sus labios sobre los míos una vez más.

Le muerdo el labio de rabia, pero él lo ignora: me succiona los labios y me devora la boca como si llevara toda la vida hambriento de este beso.

Nuestros cuerpos se rozan, y la fricción es tan intensa que juro que podríamos provocar un incendio.

Clavo las uñas en sus hombros, pero esta vez no para apartarlo, sino solo para no perder el equilibrio.

Sus manos bajan desde mi cuello hasta mis hombros y clavículas, acariciándolos hasta llegar a mis pezones endurecidos.

Aunque mi vestido es grueso y ceñido, aun así puede notar cómo sobresalen mis pezones endurecidos, y gruñe cuando sus dedos encuentran uno y lo aprietan con fuerza.

Se me escapa un quejido involuntario de protesta cuando suelta mis labios y baja la boca hasta mi cuello.

Me tiemblan las piernas y apenas puedo mantenerme de pie.

—Lo siento —me susurra al oído mientras me mordisquea ligeramente la punta de la oreja.

—Jamás te perdonaré —susurro a mi vez, casi incapaz de hablar.

—Por favor —suplica mientras baja hasta mi escote y sigue descendiendo a besos hasta arrodillarse frente a mí, al tiempo que me levanta el vestido.

Apoya las manos en la cara interna de mis muslos y me separa las piernas, colocando el rostro entre mis caderas.

—Por favor —ruega de nuevo, susurrando contra mi entrepierna, tan cerca de mi sexo que siento su aliento sobre la piel. Me estremezco involuntariamente.

—¡No! —grito, aferrándome con fuerza a sus hombros.

Quiero decir que sí, quiero gritarlo tan fuerte que las rodillas se me debilitan más a cada segundo mientras noto su aliento cálido entre los muslos.

Me sujeta el culo con una mano, mientras con la otra toca mi ropa interior y la aparta un poco, dejando mi clítoris al descubierto.

—Entonces tendré que suplicar con más insistencia —dice antes de acercarse y presionar los labios contra mi sexo.

Lanzo un grito e intento cerrar las piernas, pero él las mantiene abiertas con los hombros.

Empieza a succionarme y yo a temblar; las piernas se me debilitan tanto que ya no puedo mantenerme erguida.

Me alza las piernas y me las acomoda sobre sus hombros mientras me sostiene el culo con las manos. Tengo la espalda pegada a la puerta, pero sigo sin entender cómo logró levantarme con tanta facilidad.

Mi ropa interior vuelve a deslizarse a su sitio y le impide alcanzarme con la lengua. En lugar de bajarme al suelo para quitármela, la sujeta con los dientes y la rasga con las manos, dejándome el sexo al descubierto.

Juro que nunca he visto un gesto más apasionado y excitante que ese. Y la última vez que ardí así fue...

Nunca. Nunca he sentido nada parecido.

Su lengua da vueltas alrededor de mi clítoris y vuelvo a gemir, esta vez más fuerte, sin intentar ya apartarlo.

Quiero esto. A él. A Jack Harden de rodillas frente a mí, chupándome el sexo en la suite del ático del hotel Plaza. No sé si es un sueño o una pesadilla, pero mientras dure el placer, quiero sentir hasta la última gota.

Vuelve a succionarme, esta vez con más fuerza, a la vez que me aprieta el culo entre las manos.

Sé que voy a explotar en cualquier momento y juro que nunca he deseado nada tanto como deseo esto.

Mi cuerpo se tensa, esperando con impaciencia el clímax, tratando de alcanzarlo lo más rápido posible mientras hundo las uñas en su cabello espeso.

Y entonces se detiene y se aparta un poco, hasta que solo la punta de su nariz me roza el clítoris.

—Vete a la mierda, Harden —maldigo, furiosa con él y al mismo tiempo completamente a su merced.

Ahora mismo me siento tan impotente: lo único que quiero solo puede dármelo un hombre al que odio.

Pero también me siento jodidamente fuerte: Jack Harden, mi jefe y el mayor imbécil del planeta, me lame el sexo como si fuera su postre favorito.

Vuelve a frotarme el clítoris con la lengua, apenas rozándolo, pero basta para que vuelva a gritar y arquee la espalda sin poder evitarlo, intentando aumentar la fricción.

Su pulgar pasa de mi culo a mi sexo y entonces introduce la punta dentro de mí, succionándome el clítoris con tanta fuerza que empiezo a arder.

Mis paredes interiores atrapan su dedo y lo aprietan con fuerza mientras traza un par de círculos con la lengua y luego vuelve a succionarme.

Y entonces exploto: me rompo en miles de fragmentos diminutos que se dispersan como las chispas de un fuego artificial y me hacen sentir placer en lugares donde jamás lo había sentido.

El placer late y fluye por todo mi cuerpo, y él sigue succionándome hasta la última gota.

Las piernas se me debilitan tanto que dejo de sentirlas.

Suelto su cabello y los brazos me caen a los costados.

Él me baja con suavidad las piernas de sus hombros, sin dejar de sujetarme con fuerza para que no me caiga.

Después me toma en brazos como un novio lleva a la novia, y mi cabeza cae en silencio sobre su pecho mientras me lleva al dormitorio principal.