Un héroe de corazón (Dulces corazones de Sweet Creek nº 5) Capítulo 15 #5
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Capítulo 15 #5

—Sí. Por un tiempo. Supongo que si voy a ser tu nuevo vecino debería presentarme —dijo Nik, y su boca se curvó en una media sonrisa que desmentía el tono anterior de su voz.

Su sonrisa realzaba la forma de sus labios y creaba un atractivo abanico de arrugas alrededor de aquellos ojos marrones tan bonitos.

Claire apartó aquella sensación al darse cuenta de que no le había devuelto la cortesía. Así que le estrechó la mano, que quedó envuelta en la de él.

—Lo siento. Soy Claire. Claire Donnel... perdón... Kruger.

Aunque llevaba sola cinco años, su apellido de casada todavía se le escapaba a veces. Había vuelto a usar su apellido de soltera cuando Andy las abandonó a ella y a Emma.

—Encantado de conocerte —dijo él—. Entonces, ¿tú y tu marido vivís en el apartamento de al lado?

—Mi hija y yo. Mi marido falleció hace un año.

—Lo siento mucho —dijo Nik.

—No te preocupes. No lo sabías.

Claire rechazó su disculpa con un gesto, reprimiendo una punzada de vergüenza por sus respuestas evasivas.

Había sido difícil volver a Sweet Creek como madre soltera, abandonada por el hombre que sintió que «tenía» que casarse con ella cuando descubrieron que esperaba a Emma.

Claire creyó estar enamorada, así que aceptó.

Pero en cuanto nació Emma, Andy no pudo con todo aquello y se marchó.

Ahora que su exmarido había muerto, sentía que podía hacerse pasar por viuda.

—¿Así que solo estarás aquí un par de semanas? —preguntó, sintiendo la necesidad de ser al menos un poco cordial, aunque Mooch tiraba del collar y Emma seguía allí, balanceando el bolso.

En diez días, Claire firmaría el Acuerdo de Compraventa definitivo y tomaría posesión de la casa. Le sorprendía que Devon Grey, el hijo de la señora Blatchford, hubiera aceptado un alquiler a tan corto plazo.

—Estoy aquí para reconectar con mi madre y mi hermana. Ver qué tal va todo.

Otro recuerdo cobró forma.

—Nik Austen. Eres el hermano de Cory. El hijo de Joyce.

Cory, su amiga y ayudante a tiempo parcial en el café de Claire, se había puesto loca de contenta cuando su prometido, Matthew, encontró a Nik. Toda su vida, Cory había albergado la esperanza de que el hermano que su madre dio en adopción volviera a su vida.

Y ahora, aquí estaba.

—¿Ya has visto a Cory? —preguntó—. Sé que estuvo fuera el fin de semana.

—Quedamos esta noche.

Sonaba evasivo, y Claire comprendió que ver por fin a su madre biológica sería difícil tanto para él como para Joyce.

—Deberíamos irnos, mami —dijo Emma.

—Por supuesto.

Ya se había entretenido bastante.

—Espero que disfrutes de tu estancia en Sweet Creek y, de nuevo, siento lo que Mooch les hizo a los parterres.

Nik se encogió de hombros.

—No pasa nada. Le pediré a Devon que descuente algo del precio de venta por los daños.

Claire casi le dedicó una sonrisa cortés y se dio la vuelta para marcharse, pero lo que había dicho captó su atención.

—¿Descontar algo del precio de venta? ¿Qué quieres decir?

A Claire se le cortó la respiración y su mente era un torbellino de preguntas.

—Voy a comprar esto. Todavía no es un trato cerrado, pero estamos puliendo algunos detalles. Al parecer hay un Acuerdo de Compraventa vigente ahora mismo, pero las condiciones vencen en una semana y Devon Grey no cree que el comprador pueda cumplirlas.

El corazón le dio un vuelco. La cabeza le daba vueltas. Ella era la compradora que Devon creía incapaz de cumplir las condiciones. Ella era quien tenía que cumplirlas en una semana.

—¿Vas a comprar la casa? —preguntó, sorprendida de lo sereno que sonaba su tono.

—No la casa. Más bien la propiedad. Es una ubicación estupenda y un terreno enorme. La casa, en cambio, es una ruina. La derribaré y construiré un edificio de cuatro apartamentos si consigo que el ayuntamiento recalifique el terreno.

—¿Derribarla?

De nuevo, sonaba como una idiota mientras procesaba lo que él había dicho. Tenía que irse, pero no podía dejar la conversación.

—Sí. Es lo que hago. O reformo una casa y la revendo, o construyo en solares vacíos. Llevo años haciéndolo.

Le hablaba como si fuera una niña un poco corta.

—Pero esta casa no merece la pena, así que construiré en el solar. Luego cogeré el dinero y me largaré.

El pánico le trepó por el pecho ante su desdén y su suposición de que sus planes seguirían adelante sin problema.

Tenía que contactar con Devon Grey. De inmediato.