Un Hechizo de Locos (Las Brujas de Hollow Cove 25) Capítulo 2
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Capítulo 2

L a última vez que vi a esa maldita mujer simio, estaba intentando matarme. Y ahora ahí estaba, intentando arruinarme la mañana.

—Tienes diez segundos para explicarme qué hace tu lamentable persona parada aquí antes de que haga una tontería —le dije, mientras imaginaba todas las tonterías que podía hacer. Y unas cuantas más.

Mi voz sonó un poco demasiado fuerte, pero no me importó. Verla allí, con ese aire de suficiencia y tan estúpidamente impecable, fue como un puñetazo en mis entrañas mágicas. Ya sentía la energía Nexari vibrando bajo mi piel.

No lo suficiente como para perder el control. Solo lo justo para que el cuerpo empezara a temblarme.

Allison debería estar pudriéndose en la Ciudadela de Grimway, no de pie frente a mí. Así no pensaba empezar el día. Nada de esto tenía sentido.

El sonido de sillas arrastrándose y pasos apresurados me indicó que mis tías se acercaban rápido.

Lo que significaba que me quedaban unos tres segundos antes de que toda esta situación se convirtiera en una estampida de brujas.

Allison se limitó a mirarme, tan tranquila como siempre, lo que no hizo más que avivar la furia que sentía hacia ella.

—Allison era mi hermana gemela. Yo soy Addison.

Tuve un momento de desconcierto.

—Espera… ¿no eres Allison?

Mi cerebro chirriaba con violencia, intentando procesar esa información mientras, al mismo tiempo, yo seguía mirando fijamente la cara de Allison.

El mismo pelo. Los mismos ojos. La misma voz estúpida.

Los mismos pómulos aterradoramente simétricos.

Pero mientras Allison siempre parecía estar a un paso de morder a alguien, esta mujer parecía tranquila.

Controlada. Su energía era diferente. El olor a mujer simio estaba ahí.

Pero cuando envié mis vibraciones de bruja, lo percibí.

La ligera variación. Esta no era Allison.

Contuve el aliento.

—Barbie gorila 2.0.

Una ceja rubia, perfectamente esculpida, se arqueó apenas.

—Bueno, No-Allison —le dije, sin que todavía me cayera bien porque, bueno, tenía la cara de Allison—. ¿Qué quieres?

—Estoy buscando a los responsables de la muerte de mi hermana —respondió Addison.

¿La muerte de su hermana?

En ese preciso momento, mis tres tías aparecieron detrás de mí en el umbral y se quedaron atascadas al intentar pasar todas al mismo tiempo.

—Háganse a un lado —espetó Beverly.

—Apártate tú —le espetó Dolores.

—Me estás clavando un codo en el pecho —siseó Beverly.

—Eso es porque tus pechos llegaron tres segundos antes que el resto de ti —respondió Dolores.

Beverly me empujó para pasar con sus tacones bajos. Dolores la siguió, apoyando una mano en el marco de la puerta mientras entrecerraba los ojos para mirar a Addison.

Ruth se asomó con torpeza entre ellas, a punto de perder el equilibrio.

—Oh, mi caldero —susurró—. De verdad se parece exactamente a Allison.

—Excepto que tiene una mirada menos asesina —observó Beverly, estudiando a la mujer simio.

—Eso está por verse —añadió Dolores.

La expresión de Addison no cambió, pero noté que sus ojos se movían con cuidado de una hermana a otra, como si las estuviera catalogando.

Lo cual hizo que confiara aún menos en ella.

Nadie observaba a las Davenport con tanta calma a menos que tuviera muchísima seguridad en sí misma o fuera profundamente estúpida.

Yo apostaba por lo segundo.

De repente, Darian apareció junto a mi pierna, con un panqueque en una mano pegajosa. Entrecerró los ojos para mirar a Addison.

—Hola.

Abrí mucho los ojos.

—Amigo…

—Hola —dijo Addison con naturalidad, aunque algo indescifrable cruzó brevemente su rostro.

Campanilla salió disparada de algún lugar de la Casa y se quedó flotando cerca de la cabeza de Addison.

—¿Nos cae bien esta?

—No —respondí.

¿Estaba siendo grosera? Probablemente. ¿Me importaba? Para nada.

Addison se volvió lentamente hacia mí.

—¿Puedo pasar?

—No lo creo —respondí.

La mujer simio miró más allá de nosotros, hacia el interior de la Casa, con una expresión imposible de leer.

—No me quedaré mucho tiempo.

—Ni hablar —intervino Dolores.

Beverly ladeó la cabeza.

—Bueno, ahora sí tengo curiosidad.

Volví a centrar mi atención en Addison.

—¿Dijiste que Allison está muerta?

La mujer simio asintió.

—Así es.

La observé un momento. ¿Me sentía mal? No. Ni siquiera un poco. Esa loca mujer simio se lo merecía.

—Bueno, viniste hasta aquí para nada, porque nosotros no tuvimos nada que ver con eso. A tu hermana la tenían encerrada en la Ciudadela de Grimway.

—Mi hermana fue asesinada hace tres semanas en Grimway —dijo Addison.

El silencio se apoderó del porche.

—¿Cómo? —preguntó Dolores, ahora con voz cautelosa.

Addison apretó la mandíbula de forma casi imperceptible.

—Hubo un motín en uno de los sectores de contención inferiores.

Sus ojos se desviaron brevemente hacia mí.

—Varios prisioneros murieron.

Algo incómodo se me retorció en el estómago. No era culpa, exactamente. Más bien… esa horrible sensación de cuando la realidad deja de parecer graciosa de golpe.

—La atacaron en su celda —continuó Addison en voz baja—. Por lo que me dijeron, los guardias no llegaron a tiempo.

Ruth bajó la voz.

—Pero era una mujer simio muy, muy mala.

—Sufrió —dijo Addison, desviando la mirada hacia Ruth por un instante antes de volver a fijarla en mí.

Bueno. Sí. Ahí se esfumó el calor que me quedaba del subidón de café.

Me moví incómoda en el porche, con el cerebro buscando a toda prisa la respuesta emocional adecuada mientras, al mismo tiempo, intentaba no fijarme en la cara de la que no era Allison.

Porque, en serio. El parecido era profundamente inquietante.

—Eso es terrible —dije con cautela, aunque no sentía nada—. Pero no es culpa nuestra.

La mirada de Addison se volvió más penetrante, y sus ojos se endurecieron con una emoción que no lograba identificar.

—Intentó matarme varias veces —continué antes de que mi boca pudiera detenerse—. Y a Marcus. Lo que quiero decir es que no estaba precisamente estable. Pero, como su gemela, estoy segura de que ya lo sabías. Tu hermana estaba loca.

—Tessa —susurró Ruth con delicadeza.

—¿Qué? Literalmente amenazó con arrancarme a mi hijo de las entrañas. Me parece que estamos pasando eso por alto solo porque ahora está muerta.

—No lo estamos pasando por alto —dijo Dolores—. Estamos intentando que la situación no se agrave.

La expresión de Addison se mantuvo serena, pero ahora algo bullía bajo la superficie.

—Tú hiciste que la enviaran allí.

Cambié el peso de un pie a otro.

—No. En realidad, fue el asesinato y el intento de asesinato lo que la envió allí. No te meten en la Ciudadela de Grimway por mirar mal a alguien. Es una prisión de alta seguridad para los verdaderamente dementes.

—Allison tomó sus propias decisiones —dijo Dolores con firmeza, dando un paso al frente—. Esa prisión existe por una razón.

—Su lugar estaba allí —añadió Beverly con sorprendente franqueza—. Por muy guapa que fuera, esa chica tenía problemas más graves que los de mi primer prometido.

—Ese hombre se fugó con una bruja del pantano —le susurró Ruth a Addison en tono de disculpa—. Fue una época difícil.

Los ojos de Addison permanecieron clavados en mí.

—Si no fuera por ti y tu familia, mi hermana seguiría viva.

Algo se me oprimió en el pecho. No porque pensara que tenía razón. Sino porque una parte de mí odiaba esa vocecita fea y diminuta en el fondo de mi cabeza que susurraba: ¿Y si…?

Lo cual era una tontería. Objetivamente, una tontería. Allison había intentado matarnos. Varias veces.

Pero el dolor era extraño y confuso y, al parecer, se presentaba en tu porche con el aspecto de una modelo de champú homicida.

—No puedes echarme la culpa a mí —dije con voz firme—. Yo no la obligué a hacer lo que hizo. La culpa es suya. Toda.

Addison soltó una breve risa entre dientes, pero no había nada de humor en ella.

—¿Eso es lo que piensas?

No me gustó cómo lo había dicho. Como si estuviera absolutamente convencida de que yo era la responsable. Como si, de alguna manera, yo hubiera manipulado a su difunta hermana para que acabara en la cárcel. No lo hice. Allison lo consiguió solita.

Apuesto a que ya llevaba haciendo cosas terribles mucho antes de que yo entrara en la vida de Marcus.

Addison ladeó ligeramente la cabeza, estudiándome de una forma que me ponía los pelos de punta. Simplemente… observándome. Como si intentara averiguar qué papel ocupaba yo en una historia que ya se había inventado en la cabeza.

No me gustaba nada.

—Lo digo en serio —continué, oyéndome hablar cada vez más alto y odiándolo—. Tu hermana tomó sus propias decisiones. Una y otra vez. De forma violenta. Con determinación.

Ahora ya no solo estaba irritada. Me estaba enfadando. De ese tipo de enfado que te quema bajo las costillas y hace que tu magia se agite.

Porque había algo profundamente injusto en estar de pie en mi propio porche y que me miraran como si fuera una especie de monstruo manipulador, cuando Allison se había pasado años convirtiendo mi vida en un infierno.

La expresión de Addison apenas cambió, pero noté que apretaba ligeramente la mandíbula.

Un movimiento minúsculo. Una pequeña grieta.

Interesante.

—Hablaba de ti a menudo —dijo Addison al cabo de un momento.

Oh. Genial. Eso sonaba definitivamente muy sano.

—¿Qué dijo exactamente la Barbie gorila homicida sobre mí?

—Tessa —suspiró Dolores.

Me encogí de hombros.

—¿Qué? Todas lo estamos pensando.

Ruth levantó lentamente la mano.

—Yo no.

—Dijo que le habías quitado todo —continuó Addison.

Arqueé una ceja.

—Ah, ¿de verdad? ¿Eso dijo?

Ridículo. Pero había algo profundamente incómodo en oírlo. Como esa extraña opresión que te invade al darte cuenta de que alguien te ha convertido en la villana de su historia.

Y ahora, al parecer, su gemela también lo había hecho.

Me crucé los brazos con más fuerza sobre el pecho, sobre todo para no ponerme nerviosa.

—No le quité nada —dije—. Marcus rompió con ella mucho antes de conocerme. Y Marcus me quiere. Eso no era algo que ella pudiera robar solo porque lo deseara con todas sus fuerzas.

Noté que Darian se movía y lo vi de reojo mientras corría de vuelta a la cocina. El niño se había dado cuenta de que los panqueques eran mucho más interesantes que escuchar a los adultos hablar.

Volví a centrar mi atención en Addison.

—No sé muy bien qué quieres, pero si crees que vas a conseguir una disculpa, estás muy equivocada.

Lo único que iba a conseguir era una patada en el trasero. O quizá un puñetazo en la garganta. Aún no lo había decidido.

¿Qué demonios quería de mí? Ni idea. Pero tenía la sensación de que cuanto más tiempo se quedara ahí, más pronto lo descubriría.

De repente, Beverly suspiró a mi lado.

—Esto me recuerda a aquella vez que salí con unos vampiros gemelos.

Dolores soltó un largo suspiro.

—No es momento de hablar de tu vida sexual con chupasangres.

—Eran idénticos —continuó Beverly, ignorándola por completo—. Altos, morenos, con unos pómulos impresionantes. Uno llevaba pantalones de cuero. El otro prefería túnicas de seda —añadió con aire soñador—. Túnicas de seda muy escotadas.

—No puedes evitarlo, ¿verdad? —gruñó Dolores.

Beverly se encogió de hombros.

—¿Qué? Solo estoy aportando contexto emocional.

—Estás describiendo los preliminares de los no muertos —corrigió Dolores.

Beverly sonrió.

—Eran los setenta. Todo el mundo estaba experimentando.

La mirada de Addison se deslizó lentamente entre todas nosotras.

—De verdad eres tal y como Allison te describió.

Eso me puso los pelos de punta.

—Me alegra saberlo.

Dolores se colocó ligeramente delante de mí, mirando fijamente a Addison.

—No confío en ti —dijo sin rodeos.

Addison ni siquiera pareció ofendida.

—No vine aquí en busca de confianza.

—Entonces, ¿por qué estás aquí? —le pregunté.

Ya había tenido suficiente de ella, y mi magia Nexari también.

No sabía mucho sobre gemelos. Pero lo que sí sabía era que eran extremadamente unidos y leales entre sí.

Un gemelo nunca traicionaría al otro. Tenían un vínculo inquebrantable.

Y mis instintos de bruja me decían que, fuera lo que fuera que las dos hermanas hubieran hablado sobre mí y mi familia, el odio estaba bastante bien repartido entre ambas.

¿Y Addison? Sí. Esa mujer había llegado lista para la guerra. Tal vez era la forma en que me miraba. Como si Allison se hubiera pasado años pintándole ese horrible retrato mío, y ahora Addison estuviera ahí, comparando la versión real con la historia.

Pero cuanto más miraba a Addison, más veía pequeños destellos de Allison bajo esa calma. Una cierta dureza alrededor de los ojos. La forma en que se le tensaba la boca cuando salía a relucir el nombre de Marcus. Esa intensidad latente justo bajo la superficie.

Por primera vez desde que había llegado, algo cambió en la expresión de Addison.

—Quería conocer a la mujer responsable de la muerte de mi hermana.

Perdí los estribos.

—Bueno, ya basta.

Di un paso adelante antes de que nadie pudiera detenerme.

—Tu hermana era inestable. Atacaba a la gente. Intentó matarme. Amenazó a mi hijo. Manipuló a Marcus durante años. Nadie la obligó a ir a la cárcel, salvo ella misma.

Mi voz se elevó a pesar mío.

—No voy a cargar con esa culpa. No voy a quedarme aquí fingiendo que Allison era una víctima inocente cuando literalmente intentó destrozarme la vida cada vez que tuvo oportunidad.

Addison mantuvo la compostura. Eso me irritó aún más.

—Murió en la cárcel —dijo Addison.

—Y eso es horrible —le espeté—, pero sigue sin ser culpa mía.

Mi energía Nexari volvió a zumbar bajo mi piel. No quería freír a esa mujer simio, pero si no se largaba del porche de mis tías en los próximos sesenta segundos, quizá me viera obligada a hacerlo.

Dolores me lanzó una mirada de advertencia.

La ignoré, sobre todo porque estaba demasiado irritada como para detenerme ahora.

Addison me estudió durante un largo rato, dilatando las fosas nasales mientras percibía… ¿qué? ¿Mi olor? Puaj. ¿Mi magia? ¿Todo eso? Sí, probablemente. Sabía que yo estaba muy tensa.

Entonces, por fin, la mujer simio dio un paso atrás y se alejó del porche.

—Ahora lo entiendo.

Fruncí el ceño.

—¿Entiendes qué?

Una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios.

—Por qué Allison te odiaba tanto.

Bueno. Eso fue emocionalmente innecesario.

Addison echó un vistazo hacia la casa, hacia la cocina donde Darian había desaparecido, y luego volvió a mirarme.

—Nos vemos luego, Tessa.

Y ahí estaba.

Esa sensación. Fría e inmediata. La repentina certeza que se instaló en lo más profundo de mis entrañas de que Addison no había venido a Hollow Cove para cerrar el capítulo.

Había venido en busca de venganza.

Genial.