Un desastre irresistible (Winter Falls 6) Capítulo 32
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Capítulo 32

Horca: nunca hay una a mano cuando se necesita

Phoenix

—Estoy muy emocionada. Me encanta Halloween —dice Gabby mientras nos dirigimos al pueblo en bicicleta.

Hago una mueca. —Samhain no es exactamente Halloween. Las tradiciones de Halloween derivan de Samhain, pero no es lo mismo.

—Explícame más, Maestro.

Noto por su voz que está bromeando, pero la idea de que diga «maestro» mientras se arrodilla ante mí hace que se me agite la polla. No suelo ser de los que disfrutan con juegos de dominación y sumisión, pero, al parecer, con Gabby todo vale.

Me aclaro la garganta. —Samhain se celebra para dar la bienvenida a la cosecha y marcar el comienzo de la mitad oscura del año. Es una época en la que las barreras entre el mundo físico y el de los espíritus se rompen, permitiendo la interacción entre los humanos y los del otromundo.

—¿Los del otromundo? ¿Te refieres a fantasmas?

Medito mi respuesta. ¿Será esto la gota que colma el vaso? ¿Decidirá Gabby que Winter Falls es una locura para ella? ¿No solo peculiar, sino una locura absoluta? ¿Saldrá huyendo cuando descubra lo que vamos a hacer esta tarde?

—¡Es la cosa más increíble que he oído nunca!

Vale. No son las palabras que esperaba oír de su boca.

—¿Vamos a comunicarnos con los muertos? ¿A hacer una sesión de espiritismo?

Me río entre dientes. —No. Se celebra una cena muda.

—No sé qué puede haber de mudo en la comida, pero me muero de ganas.

Decido no darle explicaciones, ya que estamos casi en Main Street. Aparcamos las bicicletas, cojo a Gabby de la mano y la guio hasta la plaza del pueblo, donde se han montado las mesas para la cena.

—¿Vamos a cenar con todo el pueblo?

—Y con nuestros antepasados.

Ashlyn nos saluda con la mano. —¡Aquí!

—¡Vaya! Cuánta comida. —Gabby se queda boquiabierta mientras contempla las pilas y pilas de platos en todas las mesas. —¿Quién ha preparado todo esto? ¿Y por qué no me lo habéis dicho? Podría haber ayudado.

—El año que viene —declara Ashlyn—. Los novatos no ayudan durante su primer año en el pueblo.

—¿Es una norma? —pregunta Gabby.

—Lo es a partir de ahora. Soy la alcaldesa. Yo pongo las reglas.

Suspiro y me pregunto, no por primera vez, por qué nadie protestó cuando Ashlyn se presentó voluntaria para ser alcaldesa.

Gabby intenta coger un nacho y Ashlyn le da un manotazo. —¡No!

Gabby se frota la mano. —¡Ay! ¿A qué ha venido eso?

—No se come hasta que hayamos tenido la oportunidad de hablar con los antepasados.

Gabby sonríe. —Vamos a hacer una sesión de espiritismo. Esto es genial.

—No es espiritismo —dice Ashlyn—. Créeme. Eso es otra cosa.

Juniper resopla al llegar. —Tú qué sabrás. Tu idea de una sesión de espiritismo es ponerte una sábana vieja en la cabeza.

Me fijo en que mis padres se acercan hacia nosotros. Mierda. Había olvidado que estarían aquí. No sé si Gabby está lista para conocerlos, pero ahora ya no tiene elección. Le doy un tironcito de la mano. —Ven. Hay gente a la que quiero presentarte.

La sonrisa de mi madre es enorme cuando nos paramos frente a ella y papá. —Mamá, Papá, quiero presentaros a Gabrielle.

Gabrielle contiene el aliento y la mano que tengo entre las mías empieza a temblar. Joder. Debería haberle advertido que mis padres estarían aquí. Le aprieto la mano.

—Gabrielle, estos son mis padres.

—E-e-encantada de conoceros. —Gabby le tiende la mano a mamá, pero ella suelta una risilla burlona y la atrae para darle un abrazo.

—Las familias no se dan la mano. Se abrazan.

—Estás estrujando a la pobre chica, Radiance —se queja papá.

—Calla, tú. En un momento te tocará a ti.

Papá me guiña un ojo. —Ya era hora de que trajeras a una chica a casa.

He traído a alguna chica. Tina vivió conmigo un año.

Papá me da una palmada en la espalda. —Una chica digna de ti.

¿Una chica digna de mí? Lo tiene al revés. Yo no soy digno de Gabby. No le llego ni a la suela de los zapatos.

No tengo tiempo de ordenar mis pensamientos antes de que papá aparte a Gabby de mamá para darle un abrazo de oso. La levanta del suelo y ella suelta una risita nerviosa. —Encantado de conocerte, Gabrielle.

—Igualmente, Sr. Alston.

—Puedes llamarme Ever, a menos que prefieras llamarme Papá.

—¿P-p-papá? —Gabby traga saliva. Parpadea mientras se le llenan los ojos de lágrimas. La atraigo hacia mí y la abrazo.

Mamá le da un manotazo a papá. —Haces que llore. ¡Para ya!

—Mis padres fallecieron —susurra Gabby.

Mamá le coge la mano. —Lo sé, cielo. Lo sé.

—¿Cómo habéis...? Olvidadlo.

—¡Winter Falls! —responden al unísono, y los labios de Gabby se curvan en un amago de sonrisa.

—Siento que los perdieras, pero ahora nos tienes a nosotros. —Mamá aprieta la mano de Gabby una vez más antes de soltarla.

Suena una campana para anunciar que es hora de empezar la cena muda. Mis padres, Gabby y yo nos unimos a la mesa donde mis hermanos y la familia West ya están sentados.

—Soy la alcaldesa, así que empiezo yo —anuncia Ashlyn. Abre los brazos—. Queridos antepasados, ha sido el mejor año de la historia.

—¿Qué está haciendo? —susurra Gabby.

Pongo la mano en su muslo y lo aprieto. —Está informando a sus antepasados sobre el año pasado.

—¿Vamos a ir dando la vuelta a la mesa informando todos a nuestros antepasados?

Resoplo. —No. Ashlyn solo está siendo una chupacámaras.

—Nada nuevo —murmura ella, y me río entre dientes.

—¡Bú!

Gabby se sobresalta y me clava las uñas en la mano.

—Es Lady Gwyn —le explico mientras señalo a la mujer sin cabeza vestida de blanco.

—¿Quién es Lady Gwyn? ¿Y se supone que eso es un cerdo?

—Un cerdo negro, para ser exactos. Lady Gwyn ahuyenta a los errantes nocturnos.

Retira las uñas de mi piel mientras se relaja. —Ah. Me ha dado un susto.

Lady Gwyn baila mientras el «cerdo» negro la sigue. Finge asustar a los niños, que se ríen de sus payasadas.

—¡Aspen! —grita Lyric mientras corre hacia nosotros vestido solo con calzoncillos y calcetines.

Lady Gwyn se detiene y lo mira. —¡Me estás arruinando la actuación!

—El cerdo negro —es su extraña respuesta.

—Oh, mierda. ¿No eres tú el cerdo?

—Si él no es el cerdo, ¿quién lo es? —pregunta alguien, pero yo ya me estoy moviendo. Empujo a Gabby hacia mi padre. —Mantenla a salvo —le ordeno antes de abalanzarme sobre el cerdo.

El cerdo no se mueve de su sitio. —¡Es mía! —grita—. No la podéis tener.

Lyric se lanza sobre él y lo derriba al suelo. El cerdo intenta zafarse, pero no tiene nada que hacer contra mi hermano, que en un santiamén le tiene los brazos inmovilizados a la espalda. River le pone unas esposas.

Una vez esposado, Lyric lo pone en pie y le arranca la cabeza del disfraz.

—Patrick Cook, supongo.

Patrick forcejea. —Suéltame ahora mismo. No he hecho nada malo y no me has leído mis derechos.

Lyric se ríe por lo bajo. —¿Acaso no robaste el disfraz?

Patrick responde con una mueca de desprecio. —Lo pagaré. ¿Cuánto puede valer un mísero disfraz?

Oh, oh. Se va a arrepentir de esas palabras. Sage y el resto de las cotillas se acercan a donde Lyric tiene retenido a Patrick.

—¿Mísero disfraz? —Sage le arrea con el bolso.

—¿Cómo te atreves? —Petal se une a la fiesta y también le da con el bolso. Como su bolso siempre está lleno de velas, él se estremece al recibir el golpe.

—¿Vas a dejar que un grupo de viejas me pegue? —le espeta Patrick a Lyric.

—¡Viejas! —grita Clove, pero antes de que su bolso pueda asestar un golpe, su marido, Sirius, llega para llevársela a rastras.

Ella patalea y chilla mientras él la carga en vilo. —¡Bájame, Sirius! ¡Yo también quiero darle!

Él la ignora y sigue caminando. Sirius va a pagar por esto más tarde.

Feather y Cayenne se acercan para que les toque el turno, pero Lyric se apiada del idiota y se lo impide. —Pero Sage y Petal sí le han pegado —se queja Cayenne.

—Nadie va a pegar al prisionero —ordena él.

—¿Prisionero? —Patrick resopla—. En cuanto mis abogados se enteren de esto, estaré fuera.

Si no era ya obvio que este tipo es un gilipollas integral, su declaración lo ha dejado más que claro.

—¿Y cómo exactamente se van a enterar tus abogados? —pregunta Lyric.

—Tengo derecho a una llamada telefónica.

—Cierto. —Lyric sonríe con malicia—. Pero yo elijo cuándo haces la llamada. —Tira de las esposas de Patrick—. Quedas arrestado por los cargos de robo y acoso.

—¿Acoso? Yo no he acosado a nadie.

Cada vez que pienso que este tipo no puede ser más capullo, me demuestra que estoy equivocado.

Me cruzo de brazos sobre el pecho. —Has estado acosando a Gabby desde el momento en que descubriste dónde estaba.

Su atención se centra en mí. —¿Quién coño eres tú?

—Es mi novio —dice Gabby mientras se coloca a mi lado.

Joder. No sé si sentirme orgulloso de que le plante cara o cabreado porque no se ha quedado con mi padre fuera de peligro.

Patrick se ríe. —No me engañéis. Sé que fingís una relación.

La atraigo a mi lado y le beso el pelo. —No hay nada de fingido en lo que siento por ella.

Le vibran las aletas de la nariz y gruñe. —No puedes tenerla. Es mía.

Gabby intenta dar un paso hacia él, pero estrecho mi agarre para mantenerla pegada a mi costado. No voy a permitir que respire el mismo aire que ella.

—No soy un objeto que se posea. Me pertenezco a mí misma.

—Vaya, vaya. A la pequeña Gabrielle le han crecido garras. Tendremos que trabajar en tu comportamiento cuando volvamos a estar juntos.

Gabby se encoge contra mí. Maldito Patrick. Después de todo el esfuerzo que ha hecho ella por abrirse, lo está arruinando todo. Pasos se arrastran detrás de mí antes de que aparezcan mamá y papá. Papá me agarra el hombro y mamá se pega a Gabby hasta que sus costados se tocan.

Cassandra y Elizabeth se ponen delante de Gabby, y el resto de las hermanas West se les unen hasta que quedamos protegidos por nuestros amigos y familiares. Se me llena el corazón al ver cómo todos apoyan a mi mujer y le demuestran que no está sola.

Gabby se aclara la garganta. —Nunca volveremos a estar juntos.

—¿Cómo dices, ratita? Me parece que no te he oído con el ruido del viento —se mofa Patrick.

Gabby me agarra la mano y aprieta hasta que me duele. Sin embargo, no digo ni una palabra. Puede quedarse con todas mis fuerzas. Le daré con gusto lo que necesite.

—¡Jamás volveré contigo, pedazo de... de idiota!

—¡Dales duro, Gabrielle! —vitorea Cassandra.

—Acabarás volviendo. Me quieres.

—Nunca dije que te quisiera. —Gabby levanta la vista hacia mí—. No lo hice.

Sonrío. —Te creo.

—Gracias.

—¡Echémosle del pueblo! —grita Sage.

—Realmente necesitamos horcas para estas ocasiones —señala Petal.

Las cotillas rodean a Patrick y empiezan a arrearlo fuera del pueblo. —Vamos —grita Cassandra mientras se les une—. Hora de sacar la basura.

—Dos opciones —refunfuña Lyric—. Te vas por tu propio pie o pasas la noche en el calabozo.

—Me largo. Sé cuándo no se me quiere. —La situación actual indicaría que, de hecho, no tiene ni idea de cuándo no es bienvenido.

Lyric le quita las esposas. Él se marcha por Main Street con la cabeza bien alta mientras las cotillas y las hermanas de Gabby lo persiguen lanzándole insultos.

—Ve con ellas —le ordena Lyric a River—. Y asegúrate de que no lleven las cosas demasiado lejos.

Cuando todos se han ido, le cojo la barbilla a Gabby y la obligo a mirarme. —Se acabó.

Ella suelta un largo suspiro. —Se acabó.