Un desastre irresistible (Winter Falls 6) Capítulo 28
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Capítulo 28

Chantajear y negociar: dos cuernos de la misma cabra

Phoenix

Me tiembla la mano mientras mantengo la puerta de Electric Vibes abierta para Gabby.

Probablemente piense que el bar hippy es una estupidez o una locura.

La gente de fuera suele describir el bar como «divertido» o «excéntrico», pero es fácil pensar que un lugar es divertido cuando estás de vacaciones.

Es distinto cuando vives en Winter Falls y el único bar del pueblo es un nido de hippies.

—Este sitio es más increíble de lo que recordaba —dice ella dando saltitos mientras recorre el bar con la mirada.

Mis hombros se relajan. Gabby no es Tina, que pensaba que todo lo relacionado con Winter Falls era estúpido.

Vaya. ¿Cómo he podido olvidar que a Tina nunca le gustó el pueblo?

Nunca quería ir al centro porque no quería toparse con ninguno de los «lugareños locos».

Y ninguna de las tiendas estaba «a la altura». Significara lo que significase eso.

—Es la invasión de los Beatles —suelta Gabby con un chillido cuando su mirada se posa en el dueño, Lennon.

Lennon sonríe. —Eres mi nueva cliente favorita.

Ella se apoya en la barra. —¿Qué se siente al haberse reencarnado?

Él suelta una carcajada. —¿Qué vas a beber, chica loca?

—No soy la chica loca. Soy la chica aburrida y tímida.

—A mí no me pareces ni aburrida ni tímida.

Paso un brazo por los hombros de Gabby y la pego a mí. —Fuera de tu alcance —le gruño.

Él levanta las manos. —Ya he hecho mis apuestas. —Le guiña un ojo a Gabby—. Apuesto por ti.

—¿Por mí? —Ella arruga la nariz—. ¿Por qué iba alguien a apostar por mí?

Él la señala. —Por eso mismo. —Alguien dice su nombre y se marcha.

—¿De qué está hablando?

Está genuinamente confundida. No tiene ni idea de por qué alguien se pondría de su parte o lucharía por ella.

No tiene ni idea de lo maravillosa que es en realidad.

Joder. Me va a destrozar el corazón cuando se mude de la granja.

A diferencia de lo que pasó con Tina, nunca me recuperaré de que Gabby me deje.

—Estaba flirteando contigo —le digo para evitar explicar todos los pensamientos revueltos que me pasan por la cabeza.

Ella pone los ojos en blanco. —Claro. Lo que tú digas. John Lennon flirteando con la insignificante de mí.

—¿Has dicho John Lennon? —Cassandra intenta separarnos, pero me niego a soltar a Gabby.

—John Lennon está muerto. ¿Eres consciente de que ocurrieron cosas antes de que nacieras? —pregunta Elizabeth mientras aparece detrás de nosotros.

Cassandra pone los ojos en blanco. —No. El mundo no existía antes de que yo naciera.

Elizabeth levanta los brazos al aire. —No sé por qué me molesto.

Llega River y le pasa un brazo por el hombro a Elizabeth. —¿No sabes por qué te molestas en qué?

—En por qué me molesto con todos vosotros, humanos.

Le da un empujón a mi hermano. Él finge que se cae y ella hace ademán de salvarlo, pero tropieza con una silla y se choca contra él. Caen al suelo en un montón. Y la cara de Elizabeth acaba en la entrepierna de mi hermano.

—¿Por qué soy yo la que siempre acaba en situaciones embarazosas? —murmura ella.

River se ríe entre dientes. —Yo podría argumentar que mi posición es más embarazosa.

Ella se levanta para mirarlo con furia. —¿Por qué? Si tienes a mujeres enterrando la cara en tu entrepierna constantemente.

River estalla en carcajadas. No se siente ofendido por su insinuación de que es un mujeriego. —Normalmente prefiero quitarme los pantalones antes.

Se levanta y ayuda a Elizabeth a ponerse en pie. —Venga. Busquemos nuestra mesa —dice y se la lleva.

—Todavía podemos huir a la granja —bromeo con Gabby.

Ella se encoge de hombros. —Si quieres ir a casa, podemos ir a casa.

Yo bromeo, pero ella no. Es perfectamente feliz quedándose en casa leyendo un libro mientras yo veo un partido en la televisión. No tiene interés en arreglarse para salir de fiesta todos los fines de semana. Y desde luego no me rogará que la saque de este lugar «olvidado de la mano de Dios».

—De ninguna manera os vais a ir —anuncia Beckett al llegar.

Gabby pone los ojos en blanco. —Como si me necesitaras en tu equipo. Entre Lilac y tú, podéis ganar a cualquiera en este grupo.

Lilac asiente. —Es cierto. —No está presumiendo. En su mente, simplemente está exponiendo un hecho—. Pero la noche de trivial en parejas es una actividad familiar y se requiere vuestra presencia.

Los seguimos hasta nuestra mesa, donde River, Elizabeth y Cassandra ya están sentados.

Aspen se levanta de la mesa de al lado y señala a Lilac. —¡Traidora!

—¿Cómo se supone que vamos a ganar nosotras, las Hermanas del Caos, si nos falta una hermana? —pregunta Ashlyn.

—Lyric me está sustituyendo y tenéis a vuestras parejas para ayudaros —responde Lilac.

—Todos sus cerebros juntos no son tan grandes como el tuyo —se queja Aspen.

Lyric sacude la cabeza ante su esposa. —Gracias, Sol.

Ella se encoge de hombros. —Solo digo la verdad.

—Ya no se aceptan más apuestas —anuncia Sage desde su mesa cerca del escenario.

—Maldito pueblo y sus apuestas —murmuro.

River me da un golpe en el hombro. —No hace tanta gracia cuando el objetivo eres tú, ¿verdad?

—Yo tendría cuidado si fuera tú. Podrías ser el siguiente. —Señalo con la cabeza a Elizabeth, que aparta la mirada.

—Qué va. —Le pasa un brazo por encima del hombro—. Bessie y yo solo somos amigos. —A juzgar por cómo se está sonrojando «Bessie», ella tiene algo más que amistad en la cabeza. Pobre mujer. Le espera un desengaño, ya que mi hermano es imposible de domesticar.

—Ejem. —Lennon se sube al escenario—. Se aplican las reglas habituales.

Se le dará el turno de palabra a la primera persona que levante la mano.

Si la respuesta es correcta, pasaremos a la siguiente pregunta.

Si la respuesta es incorrecta, se le pedirá la respuesta a la segunda persona que haya levantado la mano. Y así sucesivamente.

Ashlyn pone una jarra de cerveza en nuestra mesa. —¿Esto para qué es?

—A lo mejor si emborrachamos a la Señorita Sabelotodo, falla alguna pregunta.

Lilac se reclina en su silla y cruza los brazos sobre el pecho. —A lo mejor no deberías divulgar tu brillante plan al enemigo.

—¡Uy! —Ashlyn se encoge de hombros antes de volver a su mesa.

—Empecemos. —Ante el anuncio de Lennon, todo el mundo se calla—. Primera pregunta. ¿Cuántos corazones tiene un pulpo?

La mano de Juniper sale disparada por los aires. —¡Tres! —grita en cuanto Lennon le da el turno.

—¿No se supone que eres nuestro experto en animales? —me pregunta River.

—¿Crees que puedo competir con Juniper?

—Él sabe más de cabras que yo —dice Juniper en un susurro gritado.

—Seguro que a todo el mundo le interesa saber cómo ordeñar una cabra correctamente —murmuro.

—A mí me pareció interesante —dice Gabby.

Cassandra estalla en carcajadas. —¿Tú? ¿Ordeñar una cabra? Tengo que verlo para creerlo.

Las mejillas de Gabby se oscurecen, pero endereza la espalda y responde: —Sé ordeñar una cabra.

Le beso la mejilla. —Vaya si sabes.

—Siguiente pregunta. ¿Cuánto tiempo pasa en las redes sociales el usuario medio estadounidense?

Gabby suelta un chillido. —Me la sé. Me la sé.

—Levanta la mano, entonces —le ordena Lilac.

Ella levanta la mano. —¡Yo! ¡Yo! Sé la respuesta.

Lennon asiente hacia ella. —Adelante, chica loca.

—Dos coma siete horas al día.

—Correcto.

Ella levanta los brazos al aire. —Estoy ganando. Estoy ganando.

Lennon se aclara la garganta y a ella se le enrojecen las mejillas. Baja la barbilla antes de sacudir la cabeza y decirle lo siento moviendo solo los labios. Él se ríe entre dientes y le guiña un ojo.

—Siguiente pregunta. ¿Qué forastero se enamoró de una nativa de Winter Falls y quiere casarse con ella?

Beckett se levanta antes de hincar la rodilla frente a Lilac.

—Lilac Bean West...

Ella frunce el ceño. —¿Por qué me tratas con el segundo nombre si vas a proponerme matrimonio? Vas a proponerme matrimonio, ¿verdad? Eres el único forastero que sale con una nativa de Winter Falls pero no está casado con ella.

Beckett mete la mano en el bolsillo y saca un estuche. —Sí, Lilac sin-segundo-nombre West, estoy intentando proponerte matrimonio.

—Puedes proceder.

Él sonríe. —Lilac, amor mío, ¿quieres casarte conmigo?

—¿Eso es todo? —pregunta Ashlyn—. ¿Nada de declaraciones profundas sobre cuánto la quieres y que no puedes vivir sin ella? La. Peor. Propuesta. De la historia.

Beckett mira a Lilac a los ojos. —Mi Lilac no quiere declaraciones floridas ni profesiones de amor. Lo que quiere es darme un golpe en la cabeza por pedírselo delante de su familia y de casi todos los residentes de Winter Falls.

—Si eres consciente de mi aversión a que me lo pidas en público, ¿por qué lo estás haciendo?

Beckett señala con la barbilla hacia sus padres. Ruby y Daniel están sentados a un lado del escenario. Daniel rodea la cintura de Ruby con un brazo, probablemente para evitar que se lance a la refriega.

—¿Mi madre te ha obligado a pedírmelo en público?

Beckett se inclina para susurrar: —Me prometió que no nos daría la lata con lo de tener hijos durante al menos un año si se lo pedía delante de ella.

—Mi madre es una maestra del chantaje.

—Prefiero la palabra negociadora —grita Ruby desde su mesa, donde ahora intenta activamente escapar de su marido.

—Di que sí, Lilac —grita Sage.

—¿Por qué? ¿Es que habéis apostado por cuándo sería la propuesta?

Sage silba y mira hacia otro lado.

Lilac aprieta los labios. —Este pueblo y las apuestas.

—Si dices que sí, serás nuestra hermana de verdad —dice Cassandra.

—No creo que ser tu hermana sea un argumento de venta en una propuesta de matrimonio —refunfuña Elizabeth.

—¿Puedo ver el anillo? —le pregunta Lilac a Beckett y él abre la caja antes de tendérsela. Ella lo coge y lo estudia por un momento.

—No adoptaré tu apellido. Me permitirás ayudar a pagar las facturas. Y quiero dos hijos. ¿Te resultan aceptables estos términos?

—¿Usarás mi apellido en un entorno social? —Lilac asiente—. ¿Qué tal tres hijos?

—Solo en el caso de que tenga gemelos, cuya probabilidad es de una entre doscientas cincuenta.

Beckett sonríe con suficiencia. —Creo que tenemos un trato, Lilac West.

Gabby sorbe por la nariz y la atraigo hacia mí. Ella entierra la cabeza en mi pecho y siento humedad en mi camiseta. —Eh, cariño. —Pongo un dedo bajo su barbilla y le levanto la cabeza—. ¿A qué vienen las lágrimas?

—Son lágrimas de felicidad. —Suelta un quejido—. En su mayoría.

—¿Cuáles son las lágrimas infelices? —pregunto mientras le seco el líquido de debajo de los ojos.

—Ojalá mis padres estuvieran aquí —susurra ella.

Maldición. No pensé en sus padres. Por supuesto que desearía que estuvieran aquí. La abrazo con fuerza y la balanceo de un lado a otro.

Si ella me lo permite, le daré unos padres sustitutos.

Mamá siempre quiso una niña. Debería ir más despacio.

Tomarme las cosas con calma antes de que mi corazón quede ligado de forma irrevocable a esta mujer.

Pero al sentir la humedad calar mi camiseta hasta la piel, me doy cuenta de que no habrá forma de ir despacio.

Esta mujer tiene mi felicidad en sus manos.