Capítulo 26
Desfile: una excusa para lucir tu mankini
—¿Estás lista para esto?
Miro mi atuendo. Llevo unas botas con una falda escocesa y un jersey rojo.
—¿Hay algún problema con lo que llevo puesto?
Phoenix me rodea la cintura y me atrae hacia él. —No hay absolutamente nada malo en tu sexy modelito de colegiala.
—Entonces...
Mi pregunta se queda a medias cuando su boca encuentra la mía. Me tienta el labio inferior con los dientes hasta que le agarro las mejillas y le obligo a encontrarse con mis labios. Suelta una risita antes de que su lengua se deslice en mi boca para explorar.
Por desgracia, su exploración se ve interrumpida prematuramente cuando suena el timbre.
Levanta la cabeza para gruñir a la puerta y yo suelto una risita.
Nunca antes había experimentado que un hombre se molestara al verse obligado a dejar de besarme.
Normalmente, un beso no es más que un medio para un fin.
Con Phoenix no. Él disfruta tomándose su tiempo para saborearme y conocer cada rincón de mi boca. Es espectacular.
—¿Quién podrá ser? —pregunto una vez que mi respiración vuelve a la normalidad.
—Soleil.
Ahora estoy más confundida. —¿Por qué está aquí?
—Va a cuidar de los animales mientras disfrutamos del festival de Mabon.
—¿Ah, sí? —Él asiente—. ¿Quieres decir que no tenemos que preocuparnos por volver para ordeñar a las cabras esta tarde?
Frunce el ceño, pero vuelve a asentir.
Doy saltitos sobre las puntas de los pies. —¡Esto es maravilloso! ¡Gracias!
Le planto besos por toda la cara hasta que suelta una carcajada y me sujeta la barbilla para detenerme. —De nada.
Voy saltando hasta la puerta y la abro de par en par. —Tú debes de ser Soleil.
—Y tú debes de ser la mujer que ha domado a nuestro Phoenix.
—No sé yo eso de domado.
Ella suelta una carcajada antes de saludar a Phoenix con la mano. —Id vosotros al festival y divertíos por mí.
Arrugo la nariz. —Maldita sea. No me había dado cuenta de que no podrías disfrutar del festival si estás aquí. Quizá deberíamos volver a tiempo para ayudar esta tarde.
Phoenix me sujeta la muñeca y me arrastra hacia la puerta. —Soleil estará bien sola.
—¡Adiós, Soleil! ¡Encantada de conocerte! —Le digo adiós con la mano mientras Phoenix me guía hacia un par de bicicletas.
—¿Vamos en bici?
Se detiene. —¿Sabes montar en bicicleta?
Le doy un manotazo en el hombro. —Por supuesto que sé montar en bicicleta. Pero nunca habíamos ido al pueblo en bici.
—Hoy hay un desfile. No habrá sitio donde aparcar la camioneta.
—¿Un desfile? —Me encantan los desfiles. Me monto en mi bici—. ¿A qué esperas?
—Por cierto, ¿de quién es esta bici? —pregunto mientras pedaleamos hacia el pueblo.
Se le oscurecen las mejillas antes de aclararse la garganta. —Es tuya.
Clavo los frenos y derrapo hasta detenerme. —Phoenix Apollo Alston, ¿me has comprado una bicicleta?
Retrocede con su bici hasta quedar a mi lado. —No es para tanto. Es de segunda mano.
Le echo los brazos al cuello y las bicicletas chocan entre sí. —Para mí sí es para tanto.
No menciono que Patrick nunca me compró nada, ni siquiera por mi cumpleaños, mientras que yo le compraba pequeños detalles todo el tiempo. No quiero arruinar el día mencionando su nombre.
Phoenix me besa en la mejilla antes de apartarse para desenredar nuestras bicis. —¿Nos ponemos en marcha antes de que nos perdamos el comienzo del desfile?
Llegamos al pueblo quince minutos después y aparcamos las bicis cerca del ayuntamiento.
—¿No tenemos que encadenarlas? —No quiero que nadie me robe mi bicicleta flamante. Es mi primer regalo de Phoenix, que lo está bordando en esto de ser novio.
—Qué va. Winter Falls —dice, como si el mero hecho de pronunciar el nombre del pueblo fuera una explicación. Supongo que en cierto modo lo es.
—Vamos —me agarra de la mano y me guía entre la multitud.
—¿Quién es toda esta gente? —pregunto mientras nos abrimos paso entre la multitud—. No pueden ser todos de aquí.
—El festival de Mabon es un gran reclamo para los turistas.
Llegamos a las gradas instaladas frente a la biblioteca. Phoenix nos encuentra sitio a media altura y nos acomodamos en nuestros asientos.
—¿Cómo vamos a pillar algún caramelo si estamos sentados aquí?
Sage se queda boquiabierta. —Gabrielle Grace Dempsey, cuida ese lenguaje.
—¿Qué he hecho mal? —le susurro la pregunta a Phoenix.
Cayenne chasquea la lengua. —Pensar que alguien tiraría caramelos con envoltorio de plástico.
—¿Tienen el oído de un murciélago? —murmuro.
—En realidad, la polilla mayor de la cera tiene el mejor oído de cualquier animal —declara Juniper mientras se sienta en la fila delante de mí con Maverick.
Al menos, supongo que el hombre es su marido, ya que van de la mano. No lo reconozco como Maverick Langston, la estrella de cine, porque lleva una peluca rubia, gafas de sol enormes y una gorra de béisbol calada hasta las cejas.
Phoenix gime. —Pensé que nos dejarían en paz ahora que hemos admitido que nuestra relación es real.
—¡Ja! —se ríe Aspen mientras se sienta al lado de Juniper—. ¿Has olvidado que vives en Winter Falls?
—¿Cómo voy a olvidarlo? —masculla él y yo le doy con el codo.
—Pórtate bien.
—¿Dónde está tu maridito? —le pregunto a Aspen.
—Está de servicio hoy, así que estoy haciendo de carabina de mi hermana pequeña.
—Me extraña que Ashlyn no esté aquí. —Parece estar siempre en medio de todo.
Aspen señala al primer «coche» del desfile. —Lo está.
Ashlyn y Rowan están sentados en un carrito de golf decorado. La sonrisa de Ashlyn va de oreja a oreja mientras saluda a todo el mundo, mientras que la expresión de Rowan prácticamente grita que preferiría estar en cualquier otro lugar del mundo antes que en este desfile.
—Pensé que se suponía que el Rey de Mabon y la Reina debían encabezar el desfile —dice Maverick.
—Y yo pensé que habías comprendido que nada impedirá que mi hermanita acapare el protagonismo —responde Juniper.
La música suena a todo volumen y una figura sale disparada frente al coche, haciendo que la sonrisa de Ashlyn se apague. Me inclino para ver quién es. Se me abren los ojos de par en par cuando me doy cuenta de que es el dueño de la tienda de mascotas, Forest.
—¿Lleva...? —Trago saliva—. ¿Lleva puesto un mankini?
—Un mankini amarillo chillón para ser exactos —responde Aspen.
—Y un sombrero de vaquero —añade Juniper.
—Uy, uy. A alguien no le hace gracia que la atención del público no esté centrada en ella. —Aspen señala a Ashlyn, que intenta bajarse del carrito de golf. Rowan la sujeta con ambos brazos mientras intenta conducir el vehículo.
Mientras tanto, a Forest le encanta que la atención esté puesta en él. Baila alrededor del carrito de golf y lanza su sombrero de vaquero al público, que grita y pide más.
—Este es el mejor desfile de la historia.
—No. Te equivocas. El mejor desfile de la historia fue el del año pasado —declara Aspen.
—¿Por qué lo dices?
—Porque Aspen hizo todo ese rollo del gran gesto para recuperar a Lyric y él le pidió matrimonio delante de todo el pueblo —explica Juniper.
Suspiro. —Los grandes gestos son tan románticos.
—Hablando del jefe de policía... —Aspen se muerde el labio y señala la calle frente a nosotros.
Lyric camina con aire chulesco por la calle hacia Forest, quien lo ve y decide salir huyendo. Se lanza hacia la multitud, pero esta lo empuja de vuelta a la calle, prácticamente a manos de Lyric.
Aspen suspira. —Hay que querer a un hombre que sabe cómo usar las esposas.
—¿Te ata Lyric a menudo? —grita Sage su pregunta.
Siento que se me calienta la cara ante el cambio de tema, pero Aspen le sigue el juego.
—Eso es para que yo lo sepa y tú no lo descubras jamás. —Le guiña un ojo a Sage antes de volver a centrar su atención en su marido, que ahora arrastra a un Forest esposado calle abajo.
La mitad de la gente lo abuchea mientras la otra mitad le grita ánimos.
—¡Puede esposarme cuando quiera, jefe!
—¡He sido una chica mala, jefe!
Lyric levanta la mano izquierda y su alianza de boda brilla ante las mujeres, que suspiran al unísono.
—Sin ofender, Aspen. Pero este es, en serio, el mejor desfile de la historia.
Phoenix se ríe a mi lado y me pone una mano en el muslo. —El desfile aún no ha empezado.
—Sí que lo ha hecho. —Señalo a Ashlyn y Rowan, que por fin vuelven a moverse.
Detrás de ellos están el Rey de Mabon y la Reina. —¿Cómo se eligen el Rey de Mabon y la Reina?
—Son chicos del instituto. Es más o menos lo mismo que el Rey y la Reina del baile.
—¡Mira! —Le aprieto el brazo a Phoenix—. Están repartiendo manzanas de caramelo.
Él gruñe antes de levantarse y bajar por las gradas. Me señala mientras habla con el Rey de Mabon, que le entrega una manzana de caramelo.
Aplaudo cuando regresa y me da la manzana. —Gracias —digo antes de morder la manzana. Suelto un gemido cuando el sabor de la canela llega a mi lengua.
Phoenix se inclina para susurrarme al oído: —Si vuelves a gemir, no me haré responsable de mis actos.
Lo miro a los ojos mientras doy otro bocado y suelto un gemido exagerado.
—No eres la chica tímida que finges ser.
Me trago el bocado antes de inclinarme y susurrarle al oído: —Ser retraída y ser tímida no es lo mismo.
Termino mi manzana mientras veo a las animadoras del instituto hacer una coreografía. Lo siguiente es la banda de música del instituto. Se detienen frente a las gradas y la música cambia cuando empiezan a tocar «Motown Funk». Todo el mundo se levanta y baila la canción.
Bueno, no todo el mundo. Maverick y Phoenix se levantan, pero ninguno de los dos mueve el esqueleto. Le doy un caderazo a Phoenix. —Vamos. Baila.
Él cruza los brazos sobre el pecho. —Yo no bailo.
Le saco la lengua, pero no dejo que su actitud de soso me arruine la diversión. Levanto las manos mientras sigo bailando en el sitio. Cuando la banda sigue su camino, me desplomo en mi asiento.
—El. Mejor. Desfile. De la historia —repito, porque merece ser repetido.
Phoenix se encoge de hombros. —Es solo un desfile.
—¿Solo un desfile? ¿Es que no ves lo que está pasando aquí?
—Señalo a las multitudes en la calle—. Todo el mundo se lo está pasando genial con sus amigos y familiares.
Esto no pasa en las grandes ciudades, donde tienes que preocuparte por tu seguridad y por que te aplaste la multitud. Winter Falls es increíble.
Él frunce el ceño mientras me estudia durante un largo momento. —De verdad te crees lo que estás diciendo.
No era una pregunta, pero respondo de todos modos. —Sí, lo creo. Me encanta estar aquí.
«Y te quiero a ti», pienso pero no lo digo. ¡Ay! Adiós a eso de estar medio enamorada de Phoenix. He caído de lleno y no puedo levantarme. Diablos, es que no quiero levantarme. Espero que él llegue a sentir lo mismo por mí porque, para mí, Phoenix es el hombre para mí.