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—Así que tú eres Lizar. No te había imaginado así.
—Pues ya no tienes que imaginarme, Patxi. ¿Quieres un poco de sidra?
—¿Será de la de aquí?
—Sí. Y este queso también de aquí. ¿Te apetece?
—Mi nieta me ha traído a tu casa a cambiar de aires. Así que saca lo que quieras.
Emilia había dejado que su abuelo entrara solo y observaba la escena desde la puerta.
—Estáis de foto —dijo.
Mientras, pensaba que esos dos ya se habían aceptado y que por eso se miraban con una expresión de brazos bajados, que casi parecía una de las antiguas, de las de antes de que todo les sucediera. Pero eso no lo dijo.
Solo sacó el móvil y la fotografía.